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VOXPRESS.CL.- De esto se ha hablado poco, o casi nada, y los medios de comunicación, comprometidos hasta la médula con la izquierda, relativizaron y hasta ignoraron un episodio que habla por sí solo: una delegación de mapuches de La Araucanía, con sus atuendos tradicionales, viajó hasta la sede de la Convención Constitucional para enrostrarles a los delegados de su etnia que no están de acuerdo con sus palabras y acciones.


La representación convencional de pueblos aborígenes, fue electa por quienes se inscribieron oficialmente en un registro de originarios. Los que, dentro de este padrón, votaron el 15/16 de mayo y no llegaron al 50% de los inscritos, de tal modo que la representatividad de los elegidos es, por sí misma, cuestionable y no real.


Todos los convencionales mapuches pertenecen a las pocas comunidades penetradas por el comunismo, financiadas por el narcosocialismo y responsables de los actos violentistas, con homicidios incluidos. Los reclamos de la delegación araucana a sus hermanos de la Convención, tuvieron como finalidad representarles que ellos no son la voz oficial “de todo el pueblo mapuche”, como se la arrogan, sino exclusivamente de los reducidos grupos subversivos a los cuales pertenecen.


En toda la llamada macrozona del “conflicto mapuche”, existen 55 comunidades registradas, de las cuales, entre Arauco y Temuco hay sólo 8 en “pie de guerra” con el Estado de Chile y en contra del “capitalismo”, representado, según ellas, “por los usurpadores de las empresas forestales”.


Los integrantes de esta delegación, racional y pacífica, querían explicarles a sus hermanos revolucionarios de la Convención que el gran número de hectáreas que pertenecieron a aborígenes y que hoy son propiedad de las forestales fueron compraventas debidamente reguladas, aclarando que sus antepasados, o ellos mismos, vendieron cada 10 mil m2 a $ 50 mil “sin que nadie nos pusiera una pistola en el pecho”. Comentaron que “si hoy el mercado ofrece $ 15 o más millones por esa misma dimensión, no significa que nos hayan usurpado”.


Otro punto que estos representantes de comunidades pacíficas querían representar a sus hermanos convencionales, era que no están de acuerdo en que el pueblo mapuche cree un Estado soberano: “nos sentimos muy chilenos y queremos seguir siéndolo” aseguraron. La población indígena en Chile es de 1.565.915, esto es, el 9% de la población nacional. La etnia mapuche representa 84% de la población aborígen, mientras que los Aymara, Diaguita, Atacameño y Quechua, representan el 15%.


En la Región de La Araucanía, del total de indígenas, el 99,5% es mapuche, es decir, 203.221 personas. Estas representan el 23,4 % de sus habitantes.


De acuerdo a cálculos de las policías encargadas de proteger a la macrozona de los ataques terroristas, las brigadas guerrilleras manejadas por la CAM y distribuidas entre Arauco y Cautín, no superarían los mil hombres, lo que equivale a que el mal llamado “conflicto mapuche” tiene una representatividad de un 0,5%, casi una ridiculez, pero con una infinita capacidad de daño si se analizan sus acciones y consecuencias.


Es esta realidad, y no la fantasía vendida por la izquierda, la que la delegación de mapuches pacíficos quiso exponer a quienes torcidamente dicen representarlos, pero ello no fue posible porque la Secretaría de la Convención informó que “las agendas están completas”. Por una “gentileza especial”, sólo fueron recibidos por su hermana de raza Elisa Loncón Antileo (58), de la Comunidad Lefweluan de Traiguén, presidenta de la Convención, electa en el marco de la lista exclusiva para originarios. Pedagoga de inglés, lingüista y profesora de mapudungún, ha desarrollado su vida en un ambiente académico ‘revolucionario’ en Holanda, México y Chile (USACh).


Del resultado de la conversación, nada se conoce y tampoco hay certezas de que haya sobrevivido algún registro oficial como constancia de uno de los más incomprensibles contrasentidos que se viven al interior de una asamblea que, erróneamente se supone, está trabajando para el interés y beneficio de todo Chile, sin discriminaciones ni arbitrariedades.