URGENCIA POR LO QUE NO URGE


VOXPRESS.CL.- Está resultando contraproducente el espectáculo semanal que ofrecen los parlamentarios agrupados en lo que autodenominan mesa negociadora para un nuevo proceso constituyente. Tratándose de dialogantes con intereses contrapuestos, es natural que este invento no estipulado en parte alguna, se esté cocinando con carbón aportado sólo por una de las partes.

La Moneda, y, por ende, el PC, a cualquier precio pretenden una nueva Constitución que les permita borrar el estrepitoso fracaso del proyecto rechazado por la ciudadanía; introducir tramposamente en el nuevo texto artículos totalitarios estatistas, y que, de concretarse, sea Gabriel Boric el firmante final del documento, pasando a la historia como un activista de izquierda que selló una Carta Magna en el corazón de una democracia.

Del otro lado de la mesa, hacen malabares para que no los tilden de anti demócratas quienes, se supone, salieron jubilosos a celebrar el gran triunfo del Rechazo. Con titubeos, vaivenes y poco coraje soportan las presiones extremistas y hasta descalificaciones del mismo comunismo que manejó a su pinta a la Convención y que elaboró un borrador tendiente a implantar en el país una dictadura. Lamentablemente, en esta instancia faltan más legisladores valientes como el diputado Guillermo Ramírez (UDI), quien aseveró que “si no hay acuerdo, no hay, no más, y punto”, desdramatizando la postura de Chile Vamos que le sigue la corriente al populismo y a los que necesitan jugar una revancha política. El objetivo de La Moneda -que no es facilitador ni observador a distancia- lo dejó plasmado la ministra SEGPRES, Ana Lya Uriarte, al aseverar que “el Gobierno y el proceso constituyente son cuerdas paralelas”.

Queda claro, así, que este proceso no es una espontánea iluminación de los legisladores de izquierda, sino un segundo intento –totalmente informal- para escribir un texto constitucional acorde a los particulares intereses gubernamentales.

Este atosigador espectáculo que casi a diario se da en las sedes porteña y santiaguina del Congreso Nacional, es casi una burda reiteración de lo vivido con anterioridad al plebiscito de salida, período en el cual el Presidente y la izquierda se atrincheraron para defender e imponer un abusivo proyecto, finalmente vapuleado por la población. Casi 8 millones de compatriotas rechazaron el Estado Social -estatismo socialista-, la plurinacionalidad, la expropiación pagada a “precio justo”, la salud exclusivamente pública y el fin de la educación subvencionada, entre muchos otros despojos a una genuina democracia.

Resulta insultante el espectáculo que ofrecen estos -hasta hace poco- predicadores del odio y que hoy se visten con ropaje angelical para insistir en que “es urgente que la ciudadanía tenga certezas”… Chile, por cierto, quiere muchas certidumbres, y ya mismo, como el fin a la desmadrada criminalidad, como el combate al terrorismo rural descontrolado, como la expulsión automática de los estudiantes vandálicos, como el derecho libre y pacífico al transporte, como el real y total pago de la PGU, como anticiparse a la recesión económica que se viene, como terminar con la contratación millonaria e indiscriminada de asesores en el Gobierno y como dejar de dar señales evidentes de que el comunismo es el que domina en el poder.

Hace más de 40 años que Chile vive bajo el amparo de una Constitución, la vigente, y nadie ha sentido incierta su existencia por ser la que rige la convivencia nacional. Con ella funcionaron, entre otros, tres Gobiernos socialistas y hoy lo hace uno que impulsa las revueltas.

La ciudadanía está agobiada por dos años vividos con procesos electorales consecutivos y sigue profundizando su indignación por la creciente actividad delictual y por la precaria situación financiera del día a día, con un panorama oscurísimo, según diagnóstico del Banco Mundial.

Chile y Haití serán los de peor crecimiento éste y el próximo año en Latinoamérica. Esta ‘exclusividad’ se debe a que el país se quedó sin ingresos por concepto de inversiones internas y externas por la desconfianza que otorga un gobernante dominado por el PC.

El “fabuloso” plan para erradicar a los comerciantes ilegales quedó rápidamente en nada con el retorno de los toldos azules a Meiggs y los ‘escolares’ ahora tienen luz verde para atacar e intentar incendiar a unidades militares, cuyos funcionarios deben defenderse sólo con agua para evitar ser enviados a la cárcel a pagar violaciones a los derechos humanos. Qué puede esperar el país, cuando su ministro de Educación dice “entender” las protestas de los estudiantes porque él también proviene de las manifestaciones callejeras y qué seguridad le puede dar un ficticio Estado de Excepción durante el cual los delitos aumentaron en un 51%.

El país se halla sumido en una crisis total, y el responsable de ello es exclusivamente un Gobierno prematuramente desprestigiado, con un Presidente que al primer trimestre de gestión tenía, ya, un 56% de desaprobación y con un equipo ministerial de inexpertos e incompetentes activistas que están lejos de dominar materias propias de un Gabinete. Consultada sobre el TPP11 (Acuerdo Comercial TransPacífico), la ministra del Medio Ambiente reconoció “no tener idea” de qué se trata.

¿Le apremia a la población una nueva Constitución? Para nada, y, de hecho, el número de quienes pensaban así antes del 4 de septiembre ha disminuido notoriamente, optando, ahora, por un comité de expertos, y sólo en la eventualidad de que llegue a haber otra Convención, la gente pide que la compongan “exclusivamente personas maduras”. La ciudadanía, según propia confesión, se niega a que parlamentarios se hagan cargo del tema, pues éstos, como siempre, continúan siendo objeto de la peor calificación popular. No obstante ello, son quienes se auto atribuyeron un inexistente mandato para inventar una urgencia constitucional que no es tal.