UNOS MAL AGRADECIDOS


VOXPRESS.CL.- Hace meses, por no decir años, la historia acuñó, ya, al segundo Gobierno del actual Presidente como el más obsecuente y generoso con la izquierda, lo que, incluso, no pudo hacer posible ni siquiera la administración socialista y totalitaria de Salvador Allende.


Este antecedente irrefutable, es lo que hace más inentendible aún la persistencia de la izquierda -dura, mediana o blanda- por hacer saltar de su puesto al Jefe de Estado antes de que pueda completar su período constitucional, programado para el 11 de marzo de 2020.


Como ninguno otro de sus antecesores, ni de la Concertación ni de la Nueva Mayoría, este Mandatario le entregó a la izquierda todo lo que ésta le exigió, y, en la mayoría de los casos, anteponiendo sus intereses -en este caso, su imagen personal- por sobre el sagrado deber al que él jurase ante la Constitución, de respetar y salvaguardar la democracia.


Es un falaz quien diga que el Gobierno actual es de centroderecha y es un calumniador quien afirme que lo es de derecha. El Jefe de Estado gobernó con cierta independencia hasta el 18/O, fecha después de la cual le entregó parte sustancial del poder del Ejecutivo a la izquierda, la que, a partir de dicha fecha, acomodó a su antojo la Constitución para transformar lo que, en teoría, se conocer como régimen presidencial en un Parlamentarismo de facto, de amplia mayoría opositora.


Si ya lo puso de rodillas con el ‘octubrazo’, todo un Golpe político pensado y organizado desde la dictadura de Venezuela, no se entiende este afán insaciable de echarlo de La Moneda, ya sea mediante un Ministerio Público que pertenece a la oposición o a través de una acusación constitucional.


En rigor, no es fácil comprender tanto encono y odio hacia un Mandatario que le entregó en bandeja el país al adversario para que hiciera velozmente lo que todos los chilenos presencian con estupor y espanto: su destrucción total por la vía institucional, que es la tarea a la que están abocados los extremistas en la Convención Constituyente.


El Mandatario entregó todo, absolutamente todo, partiendo por el oro de la Patria, su Constitución, a cambio de que lo dejasen concluir su período, porque su ego no le permitía una renuncia ni menos un derrocamiento. Creyó, cándidamente, que con ello iba a estar definitivamente a salvo, y para que su adversario no lo olvidase, solía regalarle frases de halago y hasta de gratitud al Parlamento opositor, el mismo que lo tiene temblando.


Puede decirse que la izquierda es un puñado de mal agradecidos con quien les entregó lo más valioso de una nación sólo para que lo dejasen en paz:


-Les regaló la Constitución del 2005 reformada por Ricardo Lagos, un socialista que proclamó que “al fin tenemos una Carta Magna totalmente democrática”;

-Les regaló un plebiscito para que la izquierda lo montara y armara a su amaño, con la finalidad de garantizar el triunfo del Apruebo. Él mismo lideró a quienes estuvieron por dar de baja a una Carta Fundamental que por cuatro décadas hizo posible transformar a un Chile básico y pueblerino en uno en vías de desarrollo;

-Consecuencia de ambas ofrendas, la ciudadanía es testigo, hoy, del más descomunal e inédito saqueo a sus leyes y libertades a través de la Convención Constituyente. Ésta nació la noche del 15 de noviembre de 2019, cuando la izquierda le garantizó al Presidente que no lo echaría si él firmaba el engañoso Acuerdo de Paz para terminar con una violencia que sigue intacta;

-Este cazador cazado, les regaló el Estado de Derecho, al ceder las calles y las ciudades al vandalismo del extremismo inorgánico:

-Les entregó con las manos atadas al Cuerpo de Carabineros para que, así y todo, sus funcionarios lo defendieran para que los subversivos no llegasen a La Moneda a sacarlo por la fuerza;

-Le cedió La Araucanía a las comunidades mapuches comunistas para que impusieran en varias de sus provincias un terrorismo despiadado y destructivo;

-Les concedió uno de los trofeos anhelados por la izquierda, cual es el venerado monumento al general Manuel Baquedano, héroe de la Guerra del Pacífico;

-Le regaló a la izquierda el monopolio de manejar a su antojo los derechos humanos, permitiendo que éstos fueran totalmente desvirtuados, quedando fuera de su marco de protección toda persona que no sea de izquierda;

-Les obsequió la Ley de Inmigración y, con ello, que se legitimara la ilegitimidad de los masivos ingresos ilegales al país, entre ellos decenas de activistas venezolanos.


Dado que éste debe ser, quizás, el mejor Gobierno que ha tenido la izquierda, es de muy mala leche motejar de “continuista” a la candidatura de Chile Podemos Más. Es claro que ello es una maniobra para hacer creer en la trampa a los incautos e ignorantes, porque ha de saberse que ni el más audaz quisiera que le cargaran sobre sus hombros una herencia presidencial tan desdichada y traicionera.


La oposición y el extremismo tendrían que levantarle un monumento al Presidente por su gigantesca generosidad y colaboración hacia ella, pero su afán de sacarlo por una acusación constitucional desde La Moneda no se percibe fácil ni simple, porque, aunque parezca una ironía de la vida, será la derecha, la misma a la que él no representa y a la que dio vuelta la espalda, la que termine salvándole el pellejo en el Congreso.