UNA DISTORSIÓN DIABÓLICA


VOXPRESS.CL.- “Desfigurar la realidad” es la simple y categórica definición que le da el idioma castellano a la palabra “distorsión”. Es precisamente ésta, y nada más que ésta, la antigua estrategia utilizada por el “socialismo no democrático” –para estar a la par con el nuevo vocabulario de la politiquería chilena- para someter a las ingenuas poblaciones al totalitarismo estatista.


El pacto de Gobierno, acosado por el pánico a perder “la batalla de todas las batallas”, según palabras del presidente del comunismo al referirse a la elección del 4 de septiembre, ha dado un siniestro giro en su gigantesca y bien financiada campaña por el Apruebo, para enredar y confundir a la ciudadanía, sacándola del único objetivo institucionalmente acordado para el plebiscito de salida.


Con su frialdad tradicional y con la falta de pudor de siempre, el Gobierno en su conjunto, dejó de lado su discurso en cuanto a que el acto electoral definirá exclusivamente las dos opciones establecidas en una reforma constitucional, para desviarlo hacía eventualidades posteriores al 4 de septiembre.


El proyecto constitucional que será sometido al juicio ciudadano, no tiene más vías que constituirse en la próxima Carta Magna del país o morir el 4 de septiembre. Es uno solo de estos destinos el que deberán decidir los votantes, basándose en el texto escrito, maliciosa e interesadamente. por intolerantes grupos, colectivos y pandillas terroristas para perpetuar en el poder al comunismo.


De hecho, el líder ideológico de la Convención y quien manejó todos sus hilos, fue Marcos Barraza, hombre de confianza de los Comités Central y Político del PC.


Ante el estancamiento del Apruebo en absolutamente todas las encuestas, incluso en las encargadas por La Moneda, el fantasma de una catástrofe que ponga fin abrupto a la planificada instalación institucionalizada de la revolución planificada en Caracas, se discurrió este diabólico giro de sustituir el debate entre el Apruebo y el Rechazo por “la necesidad de generar una nueva Constitución, gane cualquiera de las opciones”.


Así, se ha desfigurado escandalosamente la realidad, con el único fin de que la elección entre las dos opciones pase a ser casi una anécdota, porque lo que ahora importa es que Chile, sí o sí, tenga una nueva Constitución, casi no importando acaso será la escrita por los convencionales. En el colmo de la pillería, en la izquierda hay grupos por el Apruebo para reformar, para mejorar y hasta para implementar –del Frente Amplio- el proyecto de los convencionales.


El profesional de la mentira en que se ha convertido el Presidente de la República, en el marco de esta maniobra llegó a prometer su disposición “para considerar los cambios que se requieran” en el texto del proyecto, y anunció un nuevo proceso constituyente en la eventualidad de perder el Apruebo. A excepción del Mandatario y del PC, que aseguran que “son puras mentiras” las críticas al documento”, el resto del oficialismo pone énfasis en que éste “es perfectible”, que es “sólo un piso” o un “punto de partida”… Es aquí donde radica la trampa, porque al no instar a votar por el Apruebo a secas, está reconociendo que lo propuesto al país es decididamente malo, pero ello se lo maquillan a la población con promesas que todos saben que jamás, en su historia, la izquierda las ha cumplido.


Una rápida mirada a la evolución de la campaña electoral, permite comprobar que el Apruebo y el Rechazo son noticias centrales cuando, de modo esporádico, se difunden encuestas al respecto. En este sentido, los sondeos de opinión sobre el plebiscito son matemáticamente coincidentes con aquéllos referentes a la evaluación ciudadana sobre el Gobierno: baja éste, baja el Apruebo; sube, aunque muy poco, éste, y sube el Apruebo.


Esta simetría no es casual, sino fruto de la férrea alianza entre Gabriel Boric y la Convención Constitucional pactada antes de que él asumiera el 11 de marzo. No sólo el Presidente, sino todo el país, tomaron rápida conciencia de que el Ejecutivo carece de competencias y aptitudes para ejecutar, siquiera, una mínima gestión sin el aporte de la Convención, consolidado a través de un nudo ciego como es el proyecto de nueva Constitución. Ambas instancias -su candidatura y la Asamblea- se originaron en la revuelta del 18/O para refundar Chile, conduciéndolo al abismo de una dictadura, sueño incumplido por Salvador Allende.


Tan comprobable es este ‘dos en uno’, que el Presidente, en su peregrinación por las comunas periféricas del Gran Santiago para reencantar a las huestes que le dieron la victoria en la segunda vuelta, anunció el fin del copago en dos niveles de FONASA, leyendo, para ello, textualmente el artículo 44 del proyecto constitucional. Eso sí, omitió tanto él como Salud y todo el oficialismo, admitir que los millares de afiliados deudores del sistema no podrán acceder a este beneficio y que otros tantos engrosarán las ya colapsadas listas de espera.


El propio director de FONASA hizo su propio aporte a este duopolio Gobierno/Convención, al anunciar lo que está escrito en el proyecto constitucional: “las Isapres desaparecerán del mapa de la seguridad social”.


Lo impensado y lo imprevisto fue que ni Boric ni la izquierda previeron el desprestigio y el repudio ciudadano que se ganó la Convención, con lo cual estropeó lo planificado en conjunto. De la más absoluta certeza de que, con dicha alianza, el “socialismo no democrático” se instalaría para siempre en el poder, pasó a la más pavorosa de las incertidumbres, generando, primero, una descomunal e indisimulada intervención electoral del Gobierno, Delegados Presidenciales y alcaldes, para terminar con esta campaña de distorsión que ha sacado al objetivo del plebiscito del primer plano para sustituirlo por la “voluntad popular” de tener sí o sí una nueva Constitución, e incluso una que ni se parezca al abominable texto que se imprimió con dinero fiscal y se reparte sin pudor “para informar a los chilenos”.


Dicha “información”, en todo caso, es trunca y engañosa, pues no incluye un elemento clave y esencial: contarles a los futuros votantes cuáles son las mejoras, reformas e implementaciones que la izquierda promete hacerle al mamarracho para que sea menos mamarracho.


Todas las leyes vigentes son clarísimas en castigar la publicidad engañosa, de forma tal que si el Gobierno y sus aliados no difunden, ahora mismo y en detalles, los cambios que harán al proyecto original, caen en la ilegalidad. En este caso, será imprescindible presentar una demanda ante el SERVEL e incluso la Justicia. La franja financiada por el Estado se remite, exclusivamente, a respaldar el texto o rechazarlo.


En lo que resta para la elección, es menester de quienes van a Rechazar, mantenerse firmes en su postura, no titubear, y vocear sin pausas el alto número de violaciones a las libertades personales que contiene el proyecto, ahora arbitrariamente modificable. Por muy favorables que resulten, sería un suicidio confiarse en los balances de las encuestas, pues enfrente se hallan los enemigos más perversos que el mundo ha conocido. No por simple intrusión, como nunca antes en la historia electoral, la Contraloría debió entrar a La Moneda para investigar y fiscalizar sus numerosos actos intervencionistas, y encabezados por el propio Presidente. Todas las irregularidades ya conocidas y por conocer son parte del gran fraude tan temido para el 4 de septiembre. El PC –y lo reconoció su presidente Guillermo Teillier- nunca antes tuvo la oportunidad de perpetuarse en el poder, como en esta ocasión que le brinda el 4 de septiembre. Ante ello, la sola posibilidad -no descartable- de una derrota es la que generó la idea de activar esta artimaña de ponerle apellidos a un plebiscito que sólo tiene dos nombres.