UN PÉSIMO COMIENZO


VOXPRESS.CL.- Existe poco más de un 50% de ciudadanos con derecho a voto que se abstuvieron de concurrir a las urnas a pronunciarse en la cuádruple elección del wikén del 15 y 16 de mayo. Será a esa porción de la población, en apariencia indiferente o desinteresada, a la que tendrá que echar mano la centroderecha en un supremo, y quizás final, intento por revertir el escenario político que se instaló en el país, dada la magnífica performance de frenteamplistas y comunistas en dichos comicios y, en particular, en los de la Convención Constituyente.

Ya no se trata de un aviso o de una amenaza, sino de una realidad: el Legislativo está en manos de la izquierda y también quedó bajo su dominio la instancia democrática que redactará la nueva Constitución, y que, dados sus componentes, no se percibe tan democrática como la quisiéramos (casi) todos.


Frente a la real posibilidad de un próximo Ejecutivo, que será elegido en noviembre, del mismo corte, el país habrá iniciado el más tenebroso de sus caminos, del cual ya tiene suficiente experiencia en cuanto a lo que ello significa. El nuevo mapa electoral quedó prácticamente definido tras las elecciones recientes, y de repetirse la abstención y el estereotipo del votante, resulta utópico suponer, siquiera, que el desenlace será diferente al vivido.

De ahí la importancia clave de convencer a quienes no están ‘ni ahí’ que para la presidencial voten. La gran interrogante es ¿a qué sector ideológico o a cuál tendencia pertenece esa gran porción que no se tomó la molestia de concurrir a sufragar? De acuerdo al comportamiento y a las características de quienes tanto para el plebiscito como para los convencionales le dieron su voto a la izquierda, hay quienes estiman que estarían agotados en cuanto a cifras, ya que al ser, incluso, algo menores al referendum, no les estarían quedando muchas más balas en el cargador. No obstante, al no existir certeza alguna de que eso es así, o aproximadamente, no se ve otra alternativa para la lista de primarias de Chile Vamos que ir preparando proyectos futuros novedosos, comprobables y concretables, alejando lo más posible de la vista de la ciudadanía a los personajes que llevan décadas controlando a sus partidos; además de sus discursos, sus rostros cansaron a la gente, la que, dejó definitivamente en claro que quiere una renovación auténtica de cuadros y no simples maquillajes.


Esto, de ningún modo, implica dar la razón a la simplista teoría de muchos que, prácticamente, reniegan de la existencia de los partido: aunque muchos -y sabemos quiénes- los rechazan y los maldicen, todas las democracias del mundo se sustentan precisamente en la existencia de ellos.


Para graficar mejor el concepto de democracia en este sentido, sólo las dictaduras comunistas, como China, Corea del Norte y Cuba, tienen un solo partido: el que gobierna. No tienen espacio elecciones libres e informadas.


La apuesta ‘diferente’ tiene que centrarse en la renovación al interior de los propios partidos y, en lo posible, que en éstos no existan caudillajes. Semanas antes de las pasadas elecciones, el ex tres veces candidato presidencial del PRO, Marco Enríquez, reconoció que “si hay algo que la derecha ha hecho bien, es haber logrado su unidad interna”. Ello, pese a los tironeos, celos y codazos, terminó por ser así, pero el resultado electoral demuestra que ello no fue suficiente, que sólo sin fracciones no se garantiza éxito alguno. Ejemplo de ello es el mosaico de colores del Frente Amplio: dentro de sus innumerables casilleros hubo similar identidad de propósitos, perversos pero iguales.


Resulta demasiado evidente que a Chile Vamos lo perjudicó tremendamente el pésimo manejo presidencial de la crisis socioeconómica originada por la peste. Por lo mismo, en lo que resta para los comicios de fin de año, la única coalición democrática tendrá que seguir remando río arriba en lo que respecta a la decepción y el hastío de quienes no recibieron las respuestas que eran un imperativo para el Ejecutivo.


Ésta es una dificultad adicional en el camino, y que no dependerá de los candidatos a la primaria ni de quien pase a primera vuelta. Son dos escollos los que le quedan por superar al oficialismo, uno es el recién mencionado y, por ende, ajeno a los postulantes a La Moneda, y el otro, dependerá de la propuesta de cada uno de ellos, una propuesta que, quizás como nunca, deberá superar las fronteras doctrinarias y los deslindes partidarios.


Pero tiene que ser, la de todos, una pelea limpia, en la cual el ambiente externo no perciba desencuentros, zancadillas y el siempre perjudicial fuego amigo. En este sentido, y con total propiedad, puede decirse que Chile Vamos partió mal: a 48 horas de la inscripción de la lista para primaria se produjo el primer intercambio de disparos, indirectamente desde el lado de Joaquín Lavín, y directamente desde la trinchera de Sebastián Sichel, el único independiente del bloque democrático. Siendo cuatro las cartas, ¿por qué ellos y no los otros dos? Ambos son los cabezas de playa en esta batalla interna, pues Mario Desbordes, desde un principio, evidenció que lo único a que aspiraba era a presidir RN e Ignacio Briones, si bien está asentado en el conocimiento por parte de la gente, carga con la mochila de haber sido ministro de Hacienda en los momentos más aciagos de la falta de ayuda social y por su enérgica postura en favor de las administradoras de pensiones.


Lo lamentable de este desencuentro de apertura es que Lavín sacó las castañas con las manos del gato. Utilizó como arma al reelecto alcalde de La Florida, Rodolfo Carter, un ex UDI, derechista reconocido, duro enemigo de la izquierda y potente crítico del Gobierno, quien fue designado por el precandidato como su vocero de campaña.


Astuta decisión de Lavín, un personaje casi tierno y querible en sus declaraciones y en los sets de televisión, pero que por debajo de la mesa se conduce mejor. Asediado por todas las presiones en cuanto a que el ex alcalde de Las Condes es un socialdemócrata confeso enquistado en su partido, el presidente de la UDI, Javier Macaya, respondió que si aquél tenía una virtud, era que sabía “reinventarse”… Ello está más que probado con su campaña por el Apruebo, por propugnar un traje nuevo para Chile y por su condición de socialista democrático y que tiene la virtud de continuar militando en una colectividad en las antípodas de su visión política Tanto se reinventa que terminó siendo un báculo de la líder del Rechazo, Marcela Cubillos, la más alta votación de los convencionales de derecha. Lo inaceptable en él, una veta al menos públicamente desconocida, es haber permitido que su vocero basureara la condición de independiente de Sichel y que lo calificara de “invento del Gobierno”. Si hubo alguien quien lo pasó mal por el maltrato presidencial, fue precisamente él.


Y como las palabras sacan palabras, Sichel no demoró en responderle, aseverando que “Lavín no es una oferta de futuro”, con lo cual, de partida, se fue al tacho una unidad que permitió, finalmente, la lista para las primarias. Con otro round como éste, lo más aconsejable será olvidarse de alguna opción de evitar lo que, a como dé lugar, hay que evitar: la trilogía de la izquierda en el poder, materializando su anhelado totalitarismo.