UN CANALLA LLAMADO CASTILLO


VOXPRESS.CL.- “Déjame que te cuente, limeño; déjame que te diga la gloria del ensueño que evoca la memoria del viejo puente, del río y la Alameda” escribió hace décadas la inolvidable Chabuca Granda para encabezar una canción, hit en Latinoamérica.


De aquella descripción alegre y florida de su Flor de la Canela, queda poco, o casi nada, luego del drama que ha comenzado a vivir su querido Perú, tras la inaudita elección de Pedro Castillo, activista del gremio de profesores, caudillo campesino y colaborador del terrorista Sendero Luminoso, como su nuevo Presidente de la República.


Nada de gloria ni ensueño, como lo escribió Chabuca, sino el sometimiento a un activista de la izquierda que tratará de gobernar con el 50% de la población en contra y dispuesta a que, como lo denuncia, “no dejar que el comunismo se apodere del país”.


Perú es miembro del selecto grupo de países que pueden ponerse de pie al momento de exhibirle al mundo su fabuloso legado histórico, y da mucha pena, sí, mucha pena, el que haya caído, primero, en manos de una izquierda radical y, segundo, que su riqueza intelectual asentada en centenarias universidades de señera tradición, haya dado paso a una arrasadora victoria de una muy precaria ruralidad que, si bien se merece el mayor respeto, actuó como un autómata revanchista por un sentimiento de abandono y postergación. Perú profundo le llaman los intelectuales de izquierda a esta masa rústica, casi primitiva, y al margen de la modernidad y del progreso, que nunca se había pronunciado, como ahora lo hizo, engañado por las falsas promesas de un profesor rural que se aprovechó de su ignorancia para hacerles creer que serán ellos quien gobernarán a este “nuevo” Perú.


José Pedro Castillo Terrones (52) fue rondero durante su juventud. Es el nombre que reciben los campesinos que, en forma autónoma, se auto designan Comités de Autoridades para patrullar zonas campesinas y selváticas y proteger, incluso a balazos, a las propiedades rurales y sus habitantes. En esta ilegítima labor, en que no puede intervenir la Justicia, Castillo fue líder en su fundación en sus dominios de Cajamarca y en defender los dominios de Sendero Luminoso.

Los ronderos, debidamente ‘equipados’, llegaron hasta Lima para hacer guardia ante el Servicio Electoral y “defender” los votos de su candidato.




Este campesino Presidente es definido como un izquierdista atípico, pues autodefiniéndose como “un revolucionario hasta los huesos” es devoto de la Virgen de los Dolores, está en contra del aborto libre y del matrimonio igualitario.


En sus discursos posteriores a su estrecha victoria sobre Keiko Fujimori, llamó a la tranquilidad ciudadana, porque “este triunfo del pueblo no significa que terminaremos con las libertades y la propiedad privada”, ello en el marco de una historia muy conocida por los pueblos del mundo cuando el socialismo se adueña de ellos. Lo mismo les prometieron a su gente los Castro en Cuba, Hugo Chávez a los venezolanos y Daniel Ortega a los nicaragüenses.


Los chilenos no olvidan que Salvador Allende estuvo presto a firmar un Estatuto de Garantías Institucionales, el cual lo rompió al día siguiente de asumir para llevar a Chile por su vía al socialismo.


Quien se aprovecha de la inocencia, de la candidez y de la ignorancia de los demás, son indeseables y traidores. La tragedia de este “nuevo” Perú es que Pedro Castillo hizo exactamente eso: utilizó al sector menos alfabeto de la población para erigirse Presidente. Eso lo hace sólo un canalla.