TOTALITARISMO TELEVISIVO

VOXPRESS.CL.- Es posible, casi un hecho, que se trate de un episodio casi exclusivamente de relaciones laborales, pero tiene un trasfondo con aristas reafirmantes de que, ya por largo tiempo, la izquierda maneja, y sin contrapeso, a los medios de comunicaciones, y en particular a los audiovisuales.


En el marco de un mundo político que cacarea por los equilibrios, debe ser en el periodismo donde éstos menos se dan, y ello por una razón muy simple: las Escuelas, de buen, regular o mal nivel, no priorizan la formación de profesionales aptos y competentes, sino reafirmar en sus alumnos los adoctrinamientos con que llegan desde liceos y colegios. Podría pensarse que se trata de una caricatura, pero es así: de todos los gremios, el de la prensa es el menos transversal y heterogéneo en cuanto a ideología. Si surge algún profesional aspirante con ideas tradicionalistas y más conservadora, necesariamente -para preservar su trabajo- tiene que sumarse a la línea editorial impuesta por el medio y/o, más específicamente, a las simpatías del director o del editor.


Este corporativismo ideológico es encabezado por el Colegio de la Orden, en manos, hace años, de comunistas. Como nunca antes en su historia, esta identidad gremial adhirió oficial y públicamente a una candidatura presidencial, obviamente la de Gabriel Boric, alineando cual rebaño a sus socios y vulnerando, para siempre, los pilares de objetividad, ética y moral sobre los cuales se sustentó su fundación en 1956.


En este panorama astutamente delineado -casi digno de las dictaduras comunistas-, está garantizada la libertad de expresión, aunque amagada por la Convención Constitucional, pero se vulnera el derecho de todos los ciudadanos a ser informados verazmente.


Los contenidos noticiosos que se les entregan son tendenciosos, subjetivos y hábilmente acomodados para favorecer a la izquierda.


No obstante, un hecho de reciente ocurrencia refleja que la audacia del extremismo ha roto las normas básicas de tolerancia, luego de que el canal La Red sacase de pantalla un programa político, porque su conductor, en otro medio, uno radial, criticó ásperamente a Boric.


La estación, de capitales mexicanos ligados a la ideología del Presidente López Obrador, puso término unilateralmente a un arriendo de espacio al ingeniero comercial Sergio ‘Checho’ Hirane, en el cual éste emitía su programa “Café Cargado” una vez a la semana. La causa de tal decisión fue que el conductor, en su programa “Conectados” de radio Agricultura comentó que los empresarios no pueden apoyar al futuro Presidente, sino, por el contrario, fustigarlo por su agenda de malas políticas públicas.


Quizás no inédito, pero es inaudito que a una persona se le eche de un lugar por emitir opiniones en otro sitio. En el caso de Hirane, sabía perfectamente el terreno que pisaba en La Red, un territorio rojo, de audiencia casi exclusiva de la izquierda dura y con una programación prácticamente discurrida por adherentes a algunos de sus partidos o colectivos. Incluso, en la última edición en pantalla, el animador invitó a Sergio Bitar -ex ministro de Salvador Allende- y entrevistó largamente a Marco Enríquez, hijo de un subversivo.


Su estilo, aunque claramente crítico a los ideologismos de izquierda, nunca se excedió en adjetivos descalificadores a los intereses políticos del canal. Por lo mismo, la cancelación de su programa, fue un acto arbitrario, discriminatorio y de matonaje de parte de las autoridades de la señal, enviando a su audiencia, y a la ciudadanía en general, un mensaje atentatorio a la libertad de la población de ser informada acerca de todo el acontecer y no sólo de una parte de él.


El hecho de que La Red no adhiera a la libertad de prensa nada nuevo tiene. De ello dan fe su línea editorial y su programación rutinaria, que apuntan directamente a desplumar todo cuanto huela a derecha. Lo que es inaceptable en cualquiera empresa es que sancione a uno de sus miembros, por arrendatario que sea, por hacer críticas en otro lado. Su determinación corchetea definitivamente a La Red como una estación al servicio de una causa y, por este episodio específico, la ubica sin bemoles a las órdenes de Boric.


Hábito antiguo de las empresas periodísticas es tirarles algunos granos de maíz a sus adversarios políticos, ello para salvaguardar la transversalidad de los auspicios, que financian su gestión y les permiten aparentar, a lo menos, un relativo grado de objetividad. En este caso puntual, dicha mínima cuota de imparcialidad era directamente a cambio de dinero, pues el espacio fue alquilado por Hirane.


Un somero repaso de las conductas del periodismo -insistimos, especialmente el televisivo- con el Gobierno que está por irse, resulta desolador: las insolentes y desafiantes preguntas al Presidente y a sus ministros, el jolgorio en la divulgación de noticias adversas al Ejecutivo y los desiguales tiempos de entrega informativa hacia uno y otro sector -incluso, en el supuestamente oficialista TVN-, dan cuenta de que la izquierda logró definitivamente concretar una de sus más sagradas estrategias: apoderarse de las comunicaciones, con el mérito que lo hizo quirúrgicamente en un país que todavía se mantiene en democracia.



Puede ser un hecho secundario, aunque discutible, el ejercicio de un derecho patronal, pero el hecho de que a un comunicador de derecha lo hayan silenciado repentina y arbitrariamente exponentes de izquierda, fue una acción digna del totalitarismo comunista.


Si la determinación de La Red hubiese sido a la inversa y el desafectado hubiera sido de izquierda, que a nadie le quepan dudas de que el canal, sus dueños y ejecutivos ya estarían ardiendo en la hoguera por atentar contra algo tan invocado como es la libertad de expresión.