SOCIOS IMAGINARIOS


VOXPRESS.CL.- La llamada Unidad Constituyente, un grupo de intereses políticos armado con fórceps para competirle al pacto entre comunistas y frenteamplistas, podría, perfectamente, dar motivo para un argumento literario semejante a la novela ‘El Socio” de Jenaro Prieto (1928).


En vista del desaire de que fueron víctimas por la dupla PC/FA, los vestigios de la Nueva Mayoría -que llevó a la derrota a la izquierda- se reagruparon con la esperanza de que, juntos, podían dar pelea para recuperar el poder en noviembre/diciembre de este año.


Luego de la notificación del FA y del PC que no querían nada con ellos, los desanimados y antiguos socios, el PS, el PPD, la DC y el PR rearmaron un bloque llamado Unidad Constituyente, y para engrosarlo invitaron al PRO, de Marco Enríquez Gumucio, y a Ciudadanos, de Andrés Velasco, ex encargado de las finanzas públicas en el primer Gobierno de Bachelet.


El 4 de julio es la fecha programada para efectuar las primarias de todas las coaliciones en competencia, para lo cual, y con gran anticipación, cada partido asociado a uno de estos bloques ha designado y tendrá que designar a un postulante, con la finalidad de que cada pacto lleve a un solo postulante a la primera vuelta presidencial.


Como ejemplo, en Chile Vamos hay dos candidatos proclamados, Mario Desbordes por RN e Ignacio Briones por EVOPOLI. El pacto mal denominado “por la dignidad”, donde están el PC y el FA, sólo tiene oficializado a uno, el alcalde comunista Daniel Jadue, y la Unidad Constituyente ha elegido mediante elecciones a dos, en tanto una tercera, Paula Narváez (PS), fue designada a dedo por la ex Presidenta socialista.


La DC concurrió a las urnas para decidir entre la senadora Ximena Rincón y el ex alcalde y ministro Alberto Undurraga, imponiéndose ampliamente la primera: en tanto, en el PPD compitieron por los votos, el ex canciller y su presidente Heraldo Muñoz, el ex ministro Francisco Vidal y el ex diputado Jorge Tarud, venciendo con holgura el ex titular de Relaciones.


El PR, sin proclamarlo aún, decidió que su candidato fuese su hoy presidente Carlos Maldonado, y su partido, el PRO, le pidió a Marco Enríquez Gumucio que vuelva a intentar llegar a La Moneda, lo que no ha conseguido en tres oportunidades anteriores. “Si Allende lo consiguió a la cuarta ¿por qué yo no?” preguntó. Ciudadanos y Andrés Velasco, guardan silencio.


La resurrección concertacionista tiene, a la fecha, cuatro precandidatos: Narváez (PS), Muñoz (PPD), Rincón (DC) y Maldonado (PR). Sin embargo, atropellando todo concepto acerca de las sociedades de intereses comunes, el PPD y el PS anunciaron que, previamente, harían una preprimaria entre Muñoz y Narváez, de tal modo que los dos partidos lleven un precandidato único y neutralizar, de ese modo, a Rincón, la que tiene garantizado exclusivamente los votos de su partido, aunque no todos.


Formalmente, la definición de grupo de interés –como la Unidad Constituyente- es “un conjunto de personas, organizadas en torno a un objetivo común, con el fin de actuar unitariamente en defensa del mismo”.


Esta fue la doctrina que permitió el montaje de esta alternativa de (centro) izquierda, pero resulta de toda obviedad que perdió su razón de ser en el instante en que el PPD y el PS alteran la forma de competencia acordada, y ello con la finalidad de amarrar, sí o sí, a uno de sus dos candidatos para que llegue a la primera vuelta. En la eventualidad en que decidan competir, ni Enríquez ni Velasco podrán equipararse a la ‘máquina’ conjunta del PPD y del PS. Como lo de Maldonado (PR) es un simple saludo a la bandera, en este insospechado nuevo escenario no hay más perjudicados, y en forma grotesca, que Rincón y la DC.


Para peor, el senador Guido Girardi (PPD) propuso un pacto electoral amplio, pero sin incluir a la DC.

El primer indicio de anomalía lo dio el PS, al volver a negarse a realizar internas, inclinándose casi con religiosidad ante la orden del ícono feminista del socialismo, la incombustible Michelle Bachelet.


En un rápido repaso de competencias, conocimientos, aptitudes, representatividad, trayectoria y manejo de situaciones, Narváez es, por lejos, la peor evaluada, pero fue “la” elegida y eso, para el socialismo en su conjunto, es una regla disciplinaria que debe cumplirse sí o sí.


La DC y Ximena Rincón deben estar arrepentido de no haber leído antes de alinearse con el pacto “El Socio”. Habrían obtenido una rica lección de que los socios imaginarios, como los de la Unidad Constituyente, inducen al suicidio.