SENADORES DOBLE ESTÁNDAR


VOXPRESS.CL.- Este mañoso y limpia manchas proceso constituyente en que la izquierda quiere embarcar a la fuerza a la oposición política y a los casi 8 millones de chilenos que votaron Rechazo, tiene un contrasentido que involucra a un grupo de miembros del Senado de la República.

Tras la estrepitosa derrota aún no evaluada por el Gobierno, éste, en una maniobra elusiva, le encomendó al Poder Legislativo, y específicamente al Senado, que “continuase el proceso constituyente”, siendo que éste, legal, formal e institucionalmente, se selló para siempre el 4 de septiembre por el mandato de una gigantesca e histórica decisión ciudadana.

En todas las encuestas posteriores al grandioso triunfo del Rechazo, se confirma el unánime sentir de la gente: ¡no más Convención! Repetir el desaguisado tiene apenas un 7% de partidarios, en tanto toma fuerza la voluntad de que sean reales, serios y aptos conocedores del tema los responsables de presentar un nuevo texto, éste sin exclusiones, sin privilegios y respetuoso de la unidad territorial.

No obstante ello, el Gobierno, manejado a su antojo por el PC, insiste en que de haber un nuevo proceso, éste tiene que ser igual al anterior, con convencionales de pacotilla, designados por Juntas de Vecinos y por colectivos extremistas.

La vocera de palacio, Camila Vallejo, tuvo la soberbia de utilizar el marco de la Parada Militar para volver a hacer propaganda a una aventura constituyente igual a la lapidada por la ciudadanía. Es que el comunismo todavía no puede conformarse con haber perdido la más fabulosa y jamás soñada oportunidad de empoderarse, y para siempre, en La Moneda.

A excepción de Boric luego de olfatear la derrota, nadie le pidió al Senado y a los partidos políticos que se encargasen de acercar posiciones para que “a la brevedad posible”, Chile tenga una nueva Constitución. Es un gesto hipócrita de todo quien no quiere recordar que el 4 de julio, solemnemente el Presidente y, después, Vallejo, le anunciaron formalmente al país que sólo había dos alternativas para votar, Apruebo o Rechazo, descartando los desesperados ofertones politiqueros de última hora de agregarle una cola al plebiscito de salida.

Los legisladores de la Cámara Alta enloquecieron de vanidad con tal solicitud presidencial y, por estos días, son varios los senadores que se sienten poco menos que propietarios de un eventual proyecto, y le sacan el máximo provecho a la majadería del periodismo comprometido en cuanto a que se trata de una “demanda de la ciudadanía”, la que, en rigor, se halla preocupada de la inseguridad de la población y de sus cotidianas angustias financieras.

Lo llamativo y muy peligroso de este nuevo escenario exclusivamente político, es que entre los senadores que están apadrinando el nuevo proceso hay varios que, probadamente, trabajaron y votaron por el Apruebo. Por ética y moral deberían abstenerse de, al menos, tener un rol protagónico. Uno de ellos es, precisamente, el presidente de la corporación, Álvaro Elizalde (PS,) quien en innumerables foros defendió el fracasado proyecto de la Convención y alabó su contenido, abundante en despojos de las libertades individuales de los chilenos.

Los legisladores lo saben perfectamente, pero por sus cálculos electorales se hacen los desentendidos: la suculenta victoria del Rechazo les salvó su empleo y sus millonarias rentas a todos los senadores vigentes y, de modo particular, a quienes detentan sus cargos hasta el 2028. La Convención, inducida por el PC para instalar un partido único, votó por eliminar el Senado, una institución bicentenaria. Al frustrarse ese objetivo gracias al Rechazo, los legisladores que estaban irremediablemente perdidos, se salvaron y continuarán gozando de un muy buen bienestar.

Los únicos que olieron que ellos igual seguirían instalados en el poder de haber triunfado la propuesta totalitaria socialista, se enfrentan, ahora, a un dilema moral que no los puede tener tranquilos. Saben que están del lado de los perdedores, que la ciudadanía los ubica en la vereda contraria y que en cualquier debate, su opinión es cuestionada, pues jamás se les escuchó alguna crítica sobre la Convención y sobre el texto que estaba preparando: Álvaro Elizalde (PS), los comunistas Claudia Pascual y Daniel Núñez, la ex guerrillera urbana Fabiola Campillay, los socialistas verdes Alejandra Sepúlveda y Esteban Vásquez y el frenteamplista Ignacio Latorre, quien tuvo la inmoralidad, en un programa de TV, de culpar “a los delegados de derecha” por el fracasado desenlace del proyecto.

Hubo y hay senadores que públicamente, pensando en su clientela electoral, anunciaron que votarían Apruebo, pero que, antes y después del 4 de septiembre, fueron críticos del proceso y de sus conclusiones. Entre ellos están Fidel Espinoza, José Miguel Insulza y José Luis Castro (PS) y Ricardo Lagos (PPD).

No refleja dignidad la conducta de quienes sabiéndose voceros de los derrotados, continúan asumiendo posturas de liderazgos constitucionales. Por vergüenza, no debiéndolo hacer, están en primera fila, haciendo gala de un inaceptable doble estándar. Es el caso puntual del presidente del Senado, quien fue cuestionado por su vínculo con un narco alcalde, que hace poco salió de prisión, y que nunca, a cargo de su partido, dio curso a la solicitud de “limpiar” el padrón electoral de la colectividad.

Elizalde, un recalcitrante funcionario público, se ha encargado de enfatizar que “el Presidente nos pidió al Congreso que nos hiciéramos cargo del proceso”, porque -ojo con esto- “La Moneda no se involucrará”. Ello, no obstante, es completamente falso, dado el rol que está desempeñando la vocera comunista y, en particular, porque el propio presidente del Senado y primer negociador pertenece a un partido, el socialista, que forma parte del Gobierno.

En cualquiera negociación, la postura de los oficialistas será idéntica a la del PC, que aspira, sin dobleces, a resucitar la forma y fondo del proyecto refundacional que fue despedazado por la ciudadanía el 4 de septiembre.

Parece increíble, pero es así: pasan los años y Chile continúa siendo testigo indiferente de este doble estándar de la izquierda, y en este caso en especial, de los senadores menos tolerantes del sector.