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VOXPRESS.CL.- La carga ideológica y emocional y el incesante bombardeo informativo originados por las elecciones primarias y, ahora, por la consulta ciudadana no legal de la ex Concertación, no han permitido visibilizar otro e importante desafío que se les avecina a los partidos: la renovación, en noviembre, de diputados y senadores.

Tanto para la Cámara de Diputados como para el Senado se estima casi en un 50% la dotación que se requerirá para sustituir a quienes terminan reglamentariamente sus períodos, a quienes decidieron no repostular y a quienes las colectividades no les ofrecerán continuar otro período más.


Se trata de un contingente numeroso que los partidos tendrán que reclutar, tarea que, desde ya, no se hace fácil, dado el perfil de la nueva representatividad que la ciudadanía está eligiendo.

Al tenor del desenlace de la elección de convencionales constituyentes -15 y 16 de mayo-, los partidos, sin excepción alguna, tomaron nota del nuevo perfil de candidato que la gente está prefiriendo. De frentón, y esto no tolera la menor discusión, pasó el tiempo de las ‘vacas sagradas’ y de los ‘atornillados’ que hicieron de la vida pública su razón de ser. Está muy claro que los votantes se cansaron de tener que elegir siempre entre los mismos, y están optando por caras nuevas, debutantes, con mensajes muy actuales, directos y entendibles, y, ojalá, lejos del discurso oportunista de ofrecer para, después, no cumplir.


Éste es el último período de un considerable número de parlamentarios que llevan años ocupando un taburete en las Cámaras –algunos, desde 1990-, y sólo una ley al respecto les puso límite al más lujoso estilo de vida a costa de dineros producto de los impuestos pagados por todos los chilenos.


Una lección durísima a los partidos tradicionales fue la recibida con motivo de la elección de convencionales constituyentes: en muchos de los casos, el resultado fue tan inaudito como escalofriante por lo básico y extrema odiosidad de los elegidos. Este desolador desenlace lo motivó el trabajo de hormiga que en barrios poblaciones y Juntas de Vecinos realizaron los movimientos extremistas, aprovechándose del vuelo del Golpe subversivo del 18/O.


Es demasiado evidente que para este sector poblacional no importaron el qué ni el cómo, ni el por qué, sino tan sólo el objetivo común de constituir una mayoría para exterminar de raíz un modelo e instalar el soñado totalitarismo socialista.

Así como se inició y se comporta la dominante fracción revolucionaria en la Convención, hasta el momento van en la dirección correcta, sin importarle las improvisaciones y atropellos al interior de la asamblea.


Esta realidad, que nadie imaginó que tan pronto llegaría a los niveles de ordinariez y arbitrariedad como se observa en cada una de las sesiones, es una poderosa linterna que tiene que iluminar la búsqueda de candidatos de centroderecha capaces de oponerse con inteligencia, energía e intelectualidad a esta nueva masa de rusticidad que está capturando cargos trascendentales. La ciudadanía democrática y los partidos que la representan, imaginamos, han tomado debida nota del perfil al que hay que enfrentar, y, por lo mismo, los candidatos para el Parlamento no sólo deben tener competencias para dicha labor, sino las máximas aptitudes para atraer a la ciudadanía, demostrándole a ésta que su vida, en manos de pinganillas, corre serio peligro.


En la campaña que muy pronto debe venirse, hay que trabajar el doble o el triple de cómo lo hicieron los extremistas post 18/O mediante conversatorios y diálogos vecinales, pero no profundizando el odio, la venganza y la gratuidad de todo cuanto se paga hoy en el país. Las nuevas caras de los colectivos democráticos deben ser suficientemente nuevas como para generar un interés y lo inteligentemente confiables como para irradiar credibilidad, y, por ningún motivo, demostrar alguna ligazón con el piñerismo. El trabajo de barrio, incansable y desgastador, es la única arma de combate contra el adversario que no tiene más discurso que el de la vida sin esfuerzo: de las 600 mil ofertas de trabajos actuales, sólo se han ocupado 100 mil, porque el ‘shileno’ privilegia los bonos del Estado ante la firma de un contrato, aunque a plazo fijo.

Como nunca, en esta oportunidad el candidato de la democracia debe garantizarle al electorado, y en especial al adulto mayor -que no ha salido en gran número a votar en mayo y en julio- una ley que asegure que nadie puede ‘intervenir’ la vivienda de su propiedad y que, a la mayor brevedad, el arrendatario que alquila su casa y no paga, será desalojado sin más trámites.


Sólo a título de ejemplo, en el Chile todavía libre, tienen que existir muchos ciudadanos democráticos con las características, por ejemplo, de Diego Shalper, Diego Paulsen y Jaime Bellolio, poseedores de mensajes claros y con energía para defender sus principios. Es seguro que la búsqueda de ellos no será simple ni fácil, pero hay que iluminar la noche hasta encontrarlos, porque son absolutas las evidencias de que la ciudadanía quiere a otro tipo de gente en cargos de enorme responsabilidad social, legal y económica.


El ideal, por cierto, es que esta nueva camada de políticos pro libertades individuales, logre constituir una mayoría en el Congreso Nacional, ya que sólo así Chile podría estar lejos del abismo en el cual hoy se encuentra.

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