¿RIDÍCULO O RIDÍCULOS?


VOXPRESS.CL.- En un país, como éste, vacío de reconocimientos mundiales por sus proezas científicas, culturales e intelectuales, se suelen buscar espacios en el Libro de Guinness, una recopilación de los records más increíbles, los que en su mayoría no pasan de ser anécdotas.


Chile, desde luego, tiene varias figuraciones en sus páginas, como el haber cocinado la longaniza más larga, amasado la marraqueta más grande jamás salida de un horno, realizar la minga de más larga navegación y el curanto de hoyo más profundo. Habrá que agregarles otras marcas dignas del mayor orgullo patrio, como haber bebido veinte ‘terremotos’ al hilo sin desplomarse e ingerir, de una, 24 botellas de cerveza.


Por estas horas, con un país aún asombrado por tamaña ridiculez, parlamentarios de oposición hacen las gestiones para que la hazaña de su colega Jaime Naranjo le saque lustre a esas páginas y, así, la Cámara de Diputados pase a figurar como la más trabajadora y trasnochadora del mundo.


Luego de 20 horas ininterrumpidas de sesión, dicha corporación aprobó la acusación constitucional contra el Presidente de la República por “falta de probidad” y “por poner en jaque la honra de la nación”. Aunque su destitución es impracticable porque la izquierda carece de mayoría en el Senado para ratificarla, hay que decir que el Mandatario también accedió al caricaturesco mundo de los records, al enfrentar durante su gestión dos instancias de esta naturaleza: la anterior fue por violarle sus derechos humanos a los vandálicos “primera línea”, de la cual salió indemne.


Este maratónico show de una ordinaria charlatanería del diputado Naranjo, le permitió al país certificar que sus parlamentarios, cuando de por medio hay materias intrascendentales, sí pueden trabajar 24 horas y hasta sin dormir si es necesario. A partir de ahora, la ciudadanía podrá exigirles similar dedicación y energía para temes propios de su servicio y por los cuales fueron electos, como seguridad ciudadana, violencia, delincuencia, terrorismo, costo de la vida, previsión y tantísimos otros que “por falta de tiempo” son ilimitadamente dilatados o archivados.


Este abrupto descubrimiento en cuanto a que sí son capaces de trabajar duro, les aminora, en alguna medida, su mala fama. Por más de una década consecutiva, el Congreso Nacional es la institución pública peor evaluada por la ciudadanía y, precisamente, por los mismos cargos que sus diputados le hicieron al Presidente de la República.


Los parlamentarios, y en este caso los diputados, no ofrecen la menor imagen de representar a un emblema de la República, sino todo lo contrario. Disfraces, bailes, groserías, ronquidos, cantos (y desentonados), consumidores de yerba, coqueros confesos y traficantes de pornografía, abundan en un plenario que se las dio de autoridad divina, pero sin perder su tradicional picantería. La corrupción es un denominador común en el mundo parlamentario, y de ahí que no es fácil contener la risa cuando un piño de desconfiables acusa a otro de sus mismos vicios.


La afrenta al honor nacional que le cargaron al Mandatario es pan de día en el Congreso, ante el cual el país se irrita por dietas súper millonarias financiadas por todos los chilenos, y que no redundan más que en sus beneficios personales. La población está agobiada de conocer reiterativos casos de mal uso de los fondos legislativos y hasta del uso gratuito de diez aparatos telefónicos móviles por parte de una sola parlamentaria.


En este jocoso montaje, la oposición enfervorizada por el clima de hacer salir al Presidente por la puerta de servicio de La Moneda, incluso no vaciló en violar la emergencia sanitaria nacional, permitiendo la presencia de quien aún desconocía el resultado de su PCR, el cual obliga a la realización de una breve cuarentena.


Ello es prueba irrefutable de que los parlamentarios chilenos son capaces de todo y se jactan de vulnerar lo que tanto cuidan los ciudadanos: su salud frente a una contagiosa endemia.


El Presidente, como tal y como sujeto de negocios, está suficientemente desacreditado, y en la agonía de su mandato resultaba innecesario sentarlo en el banco de acusado, siendo que sus acusadores están aún más manchados.