REFUNDACIÓN 1 Y 2


VOXPRESS.CL.- Opinante e influyente, el poderoso lobista Enrique Correa ha ganado mucho dinero, y navegado como los dioses, en el modelo neoliberal. Se le recuerda como hábil negociador entre Patricio Aylwin y Augusto Pinochet en el Gobierno de transición.


En días tan lúgubres y amenazantes como los que corren, emitió un juicio que, necesariamente, insta a reflexionar acerca de los peligros que implica la nueva Constitución.


Dijo que “desde los tiempos de Pinochet no había escuchado, como ahora, que hay que refundar al país”, ello en directa alusión a la sostenida campaña de la izquierda -de la cual, él fue devoto como fiel allendista-, en cuanto a “crear un nuevo Chile”- Es este concepto el que concibió y alentó el entusiasmo por el Apruebo en el plebiscito constitucional del 25 de octubre, opción en la que se involucraron dinámicamente Sebastián Piñera, Mario Desbordes y Joaquín Lavín, entre varios otros.


El lema de los “aprobistas” fue el de la ‘hoja en blanco’, en referencia a que hay que escribir una Constitución a partir de cero, hacerla íntegramente de nuevo con la finalidad de extinguir el modelo neoliberal y que quede escrito que será la ciudadanía, esto es, “el pueblo”, el que mande e imponga las reglas y determine lo que la autoridad debe hacer…y pensar.


El PC y el Frente Amplio se hallan en pleno preparativo de una encerrona popular a la elección de los convencionales, con el propósito de asegurarse de que éstos sean genuinamente representantes confiables para redactar un texto socialista y totalitario.


El manager de esta idea fue Nicolás Maduro, tras reunirse con el PC y el FA en Caracas a mediados del 2019 para gestar el Golpe extremista del 18/O, destinado a derrocar al Presidente. El dictador venezolano, con posterioridad a la acción subversiva, hizo alarde de que “en Chile se vienen la Asamblea Constituyente y una nueva Constitución, como las de Venezuela”.


Pero ni siquiera a un proyecto socialista como el venezolano terminó por resultarle su hoja en blanco, ya que, dada su caótica situación social/financiera, Maduro, obviamente por instrucciones de ‘influyentes externos’, debió suavizar su discurso e incluso, oh, milagro, está dando muestras de cierta apertura a inversores. Una apuesta al estilo de China comunista/capitalista y, también, sin derechos humanos.


Prueba de ello es que alienta el regreso a su tierra de fugados políticos con recursos, que contribuyan a entibiar la gélida economía local. A su vez, los cubanos están enloquecidos porque el virus chino les liquidó su única y “capitalista” fuente de ingreso: los dólares de los turistas…, en su mayoría norteamericanos.


Estos dos episodios resultan suficientes para esclarecer que las refundaciones no son tales: ni lo hizo Pinochet en su momento, y tampoco puede leerse así el mensaje de extremistas locales, como Guillermo Teillier, Dabiel Jadue y Fernando Atria. Lo que sí es posible -y lo que éstos intentan- es cambiar el modelo de convivencia.


Lo que hizo Pinochet fue reconstruir un país en ruinas dejado por los mil días de la Unidad Popular. Llegaron a ser conmovedoras las reacciones de la gente que, con sus joyas, concurrió a reabastecer las reservas de oro de las vacías bóvedas del Banco Central. Además, el régimen militar reestableció ciertas garantías pisoteadas durante la UP, como el derecho a propiedad, la libertad de mercado y la discrecionalidad para salir del país.


Si bien en la Constitución del 80 -aprobada en votación popular, tras ser difundido su contenido para su conocimiento-, se cauteló la no repetición de una experiencia marxista, ello fue eliminado en la gran reforma del 2005 firmada por el socialista Ricardo Lagos. En términos generales, y universales, el articulado de dicha Carta Magna se ha mantenido hasta la fecha, porque gracias a él, la sociedad chilena puede convivir, desarrollarse y progresar, sin ver amagadas sus libertades. El actual texto, por si algunos lo ignoran, mantiene intactos articulados de la versión de 1925.


El país, en conclusión, no fue refundado por Augusto Pinochet teniendo en sus manos el poder de la fuerza para hacerlo. Se limitó a rescatarlo de sus cenizas y el modelo que él y sus asesores trazaron es el que ha permitido a Chile vivir en democracia plena hasta ahora, en que ésta se halla tambaleante por exclusiva responsabilidad de la extrema izquierda.


La extrañeza del lobista Enrique Correa por “estar escuchando hablar de refundación”, en esta ocasión sí parece válida, y ello por los altos niveles de odio, violencia y de influencia externa que marcan a las diversas corrientes de izquierda. Todo ello, agravado por la ignorancia generalizada en cuanto a lo que se juega en la elección de convencionales del 11 de abril. Un testeo hecho en la calle por un canal de TV da cuenta de que ‘el ciudadano medio’ no tiene la menor idea del proceso para quienes redactarán la Constitución y, menos aún, de que por un plebiscito en el cual votó sólo la mitad de quienes tenían derecho, el país se dotará de una Carta Magna con satánicos propósitos.


Un conocido economista DC que se ha visto implicado en triangulaciones de las AFP’s, confesó estar “respirando más tranquilo”, porque ha advertido señales de que no se tocará la autonomía del Banco Central.

¡Qué respiro! Menos mal.