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RECORDAR LO IRRECORDABLE


VOXPRESS.CL.- "Puedes derribar todos los monumentos del mundo, pero eso no cambia lo que ocurrió. Estamos obligados a aprender de ese pasado". Gerard Lissardy, columnista de la BBC de Londres, plasmó en dicha frase que la humanidad está comprometida a retener en su memoria las más crueles y terribles vivencias ocurridas al lado Este de Berlín, mientras el oprobioso muro construido por la dictadura comunista de Herich Honecker, caía a pedazos en noviembre de 1989, reunificando y haciendo de Alemania una sola democracia.


La célebre canción ‘Libre’, popularizada mundialmente por el prematura y trágicamente fallecido Nino Bravo, hace alusión al primer “mártir del muro”, un berlinés oriental veinteañero: las balas lo derribaron, estando a centímetros del lado occidental, desde donde lo rescataron, pero irreversiblemente malherido. Ningún afín a la izquierda ha entonado, jamás, tan emotivo tema musical.


El 19 de septiembre de 1928 fue pomposamente instalado en su pedestal el monumento ecuestre al general Manuel Baquedano, héroe de la Guerra del Pacífico, senador y Presidente provisional de la República. A sus pies se depositaron restos de un soldado desconocido de ese largo y sangriento conflicto bélico.


Desde esa fecha, el monumento dio su nombre a la rotonda que divide las comunas de Santiago y Providencia.

A partir del 18 de octubre de 2019, la imagen ecuestre del héroe fue pintarrajeada, ultrajada y soportó varios intentos de derribamiento por quienes asumieron una condición de vencedores del Golpe extremista de izquierda. Por su nula protección policial, se transformó en botín de guerra de los ‘primera línea’ y barras bravas, y por la severidad de sus daños, el Ejército sugirió su retiro, a lo que accedió el Presidente de entonces y con su personal compromiso, incumplido por cierto, de que una vez reparado sería reinstalado en el mismo lugar.


Días atrás, oficial y definitivamente, la Plaza Baquedano dejó de existir en virtud de la futura ejecución de un proyecto diseñado hace nueve años que unirá, sin rotonda, las avenidas Providencia y Alameda. La estatua se halla en el Museo Militar y los restos del soldado desconocido, en el Cementerio General.


Éste fue el destino de un símbolo que por 95 años le resultó familiar e icónico a millones de personas. No son el progreso urbano ni la mejora del flujo vial del lugar las que pondrán fin a una rotonda preñada de historia y de un natural respeto y reconocimiento ciudadano. No, quienes sacaron de su sitio a dos grandes símbolos de la Patria fueron hordas de la peor calaña, vagos en su mayoría y delincuentes en su totalidad, que no vacilaron en reaccionar al llamado revolucionario del comunismo para derribar al Gobierno anterior, malo, irrecordable, pero electo por amplia mayoría el 17 de diciembre de 2017.

Esa revuelta tuvo como fin acabar con la ‘perla’ de Latinoamérica para transformarla en un ‘paraíso socialista’ más. El Golpe, frustrado sólo por Carabineros y por la falta de adhesión ciudadana, tuvo como consecuencia daños por US$ 3 mil millones; ciudades arruinadas -como Santiago y Valparaíso-; la capital, sin su vital transporte ferroviario; medianos y pequeños empresarios en la quiebra; vecinos desplazados de sus barrios a causa de la violencia; una irrefrenable fuga de capitales; la brusca caída de inversiones; el aumento del desempleo; la multiplicación de la extrema pobreza; la irrupción del gansterismo en los liceos más tradicionales y emblemáticos; el fomento a una invasión, hasta hoy incontrolada, de inmigrantes ilegales y, lo peor de lo peor, la conversión de Chile en un NarcoEstado terrorista, en el cual la inseguridad de la población se ha transformado en un cáncer con indimensionables metástasis.


Para la noche de Año Nuevo no hubo festivales pirotécnicos oficiales, pero abundaron pequeños y bien programados lanzamientos de fuegos artificiales a cargo de las bandas de narcotraficantes.


La desastrosa irrupción de estos “idealistas” aventureros de la política, con su consecuencial elección del peor Gobierno de la historia nacional, son los que, hoy, tienen sumido al país en una mixtura de inestabilidad e incertidumbre. El que la población esté sujeta a los caprichos, revanchismos e intransigencias de una camada de audaces del Frente Amplio y del venenoso Partido Comunista, ha generado un clima de fragmentación y polarización que, incluso, en los más críticos días de la Unidad Popular no llegó a los límites actuales. Lo más terriblemente desconcertante para la ciudadanía es que, tratándose Chile de una democracia plena, esté gobernado por un partido experto en dictaduras sanguinariamente opresoras, rico en sectarismo y patrón de la igualdad en la pobreza: el comunista.


El Presidente, obligadamente obsecuente con el PC, acaba de indultar “por razones humanitarias” a una docena de los peores delincuentes protagonistas del Golpe del 2019 que se hallaban en prisión preventiva. No satisfecho con ello, ha condicionado la reapertura del acceso principal de la Estación Baquedano del Metro a que se construya en el lugar un monumento que recuerde a quienes “resistieron la acción de Carabineros” en su desalmado objetivo de imponer una dictadura en el país. Asombrosa idea: un memorial que inmortalice a los autores de la tragedia que vive Chile.


Esta tragedia ya sería irreversiblemente definitiva de no haber mediado la acción patriótica y libertaria de la ciudadanía. Nunca antes en la historia, el pueblo chileno se había manifestado tan unitaria y categóricamente –8 millones de votos-- en contra de la creación de un Estado totalitario socialista, tal como lo proyectó la odiosa Convención constitucional. Ésta, la del 4 de septiembre del 2022, es la fecha que, en rigor, debe perpetuarse con el nombre de una calle, un parque, una estación del Metro, una plaza o con un monolito. Fue esa jornada la que, por siempre, conmemorará una gesta genuinamente popular y democrática.


El deseo presidencial de que en la extinta Plaza Baquedano se construya un memorial de los “luchadores sociales” no es más que una radiografía exacta de lo que es Gabriel Boric: un hipócrita que dice patrocinar diálogos y acuerdos, pero en mente y corazón continúa siendo un gran activista revolucionario, agente del socialismo internacional, añorante de las Molotov y maestro en tomas, huelgas y barricadas.


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