RECHAZO: LO PRIMERO ES LO PRIMERO


VOXPRESS.CL.- Era esperable, pero igualmente censurable, que el Gobierno y la oposición sacasen partido de una decisión que, como nunca, les cabe exclusivamente a los ciudadanos: decidir acaso les interesa, o no, tener una Constitución que por la vía institucional conduzca al país al socialismo totalitario.


De acuerdo al desarrollo de los acontecimientos, fue la ciudadanía la que se pronunció mayoritariamente en su oportunidad por tener una nueva Constitución y es ésta, a través de sondeos de opinión, la que ha reafirmado su disconformidad con que su deseo se llegue a materializar en un texto, como el del borrador, concebido con odio, arbitrariedad y, fundamentalmente, con ignorancia y desconocimientos.


Frente a este brusco cambio de postura generalizado en la población, los políticos, de ambos lados, se embarcaron, urgentemente, en una campaña de juego de intereses que se adelanta grotescamente al desenlace de los hechos, que es lo prioritario.


La Moneda, a través del mismísimo Presidente y de sus ministros -lo que legalmente les está prohibido- se hallan desplegados en campaña electoral a favor del Apruebo, con el soporte de una millonaria propaganda sustentada con el dinero de todos los chilenos. Le han anunciado a la ciudadanía que “sin una nueva Constitución, no serán posibles las transformaciones profundas que prometimos” En palabras simples, ello significa que sin la Convención, el Presidente vale muy poco o nada. Además, categóricamente, demuestra y ratifica lo que siempre se dijo: Gobierno y Convención Constitucional son una misma cosa.


La primera frase del borrador constitucional reza que “Chile es un Estado Social” y en su cuenta del 1 de junio, el Presidente afirmó que todos sus anuncios son para “consolidar un Estado Social”.


El temor oficialista ante el Rechazo es tan evidente, al extremo de que constituyentes y funcionarios gubernamentales han llegado casi a suplicar que se vote por el Apruebo “y después reformamos la Constitución”. Este disparate supera la imaginación, porque significa que quienes dominan el poder desde el palacio presidencial y desde la asamblea constituyente tienen plena conciencia de que el borrador concebido es un mamarracho y que tiene que ser arreglado.


Sin duda que en este ‘detalle’ también ha reparado la ciudadanía, la que, con razón y desconcierto, se pregunta en qué diablos se gastaron tanto tiempo y dinero fiscal, si el resultado tendrá que ser mejorado por malo.


Este argumento/pretexto de la izquierda tiene dos objetivos: uno, destinado a sus adherentes decepcionados de su gestión y, dos, presentarle una alternativa a quienes están en duda a causa del contenido del texto.


El futuro de esta administración revolucionaria impulsada por la revuelta de octubre depende, sí o sí, del desenlace del plebiscito del 4 de septiembre, de modo tal que todos quienes aman a un Chile libre y pleno en derechos individuales, tienen que permanecer en alerta permanente, porque la maquinaria gubernamental está dispuesta a todo para torcer la voluntad popular, y no se excluye la posibilidad de un fraude electoral, por la probada complicidad del SERVEL.


El colegio escrutador sólo recuenta los votos objetados, de tal manera que los apoderados de mesas tendrán que impugnar y dejar constancia de la más mínima sospecha en el conteo.


En cuanto a los políticos opositores, además de pronunciarse partidistamente por el Rechazo -algo lógico y natural- han impulsado todo un debate por una eventual ‘tercera vía’ que no es más que el procedimiento que habrá de seguirse a partir del 5 de septiembre de ganar el Rechazo.


De imponerse esta opción, la marcha institucional del país continuará en total normalidad, con los tres Poderes del Estado funcionando y con todo el aparato público y privado en pleno ejercicio.


El desenlace plebiscitario es lo que tiene que ocupar, y mucho, a los chilenos libertarios. El 4 de septiembre estarán en juego la democracia plena, los derechos individuales, la convivencia nacional y la soberanía territorial del país. A ese objetivo hay que apuntar.


Si después, meses o años, se intenta redactar otra Constitución o se reforma la actual, ello, de momento, es harina de otro costal. No hay razones de peso, más que intereses políticos particulares, para estar distrayendo a la gente de su único y exclusivo interés, que es votar por el Rechazo para esterilizar el arribo del socialismo totalitario al país. De ahí que hay que abocarse a lo primero, que está antes que todo.