¿QUIÉN MANDA A QUIÉN?


VOXPRESS.CL.- En el marco del gallito político en que se ha convertido el cuarto retiro de otro 10% desde los fondos previsionales, lo que menos ha importado es el libre derecho a decisión de las personas dueñas de ellos. Una vez más, de las muchas en que han ocurrido episodios similares, los parlamentarios se enfrentan, y la oposición al Gobierno, por una propiedad que no es de ninguno de ellos, sino exclusivamente de los ahorrantes.

Parlamentarios y ministros utilizan argumentos -si es que así se les puede llamar- “en beneficio” de quienes cotizan en las administradoras de fondos de pensiones, y hasta echan mano a realidades no constatadas y a historias de electores que más parecen inventadas que reales.

El problema de fondo, y que es el único gran problema, un sistema de seguridad social moderno y justo, jamás lo han puesto en tabla porque, política y electoralmente, es más rentable forcejear con el adversario y con el foco puesto exclusivamente en los comicios de noviembre.

Un diputado que las tres veces anteriores voto en contra de los retiros, ahora que postula al Senado lo hizo a favor y muy específicamente porque competirá en la circunscripción con quien, siendo de Gobierno, los ha apoyado.

Las revelaciones de los propios cotizantes dan cuenta de que dejaron de existir quienes requieren de sus ahorros para matar el hambre que los consume. Lo demuestran las miles de ofertas de trabajo sin respuesta y el destino de los dineros retirados, que se han destinado a ahorros con mejores réditos y a la adquisición de bienes de consumo gracias a recursos que, además de propios, no devienen intereses.

El debate parlamentario ha resultado empalagoso, porque la gente percibe que las motivaciones de los legisladores no son sinceras ni interpretan a una ciudadanía que, por lo demás, está dividida en cuanto al cercenamiento de los fondos de pensiones. Prueba de ello es que, mañosamente, se ha adherido a los candidatos presidenciales al respaldo o no de los parlamentarios afines. Se insiste, con una intención tan superficial como infantil, en que pierde terreno quien es incapaz de “alinear” u “ordenar” a sus respectivas bancadas en torno a su parecer en esta materia.

Eso, no es más que un empeño por originar fisuras en las preferencias de la ciudadanía hacia uno u otro, a sabiendas que todo el país está firmemente perfilado sólo en las dos direcciones en juego en la próxima elección, y no en pequeños matices como éste.

Su propia montonera, el Frente Amplio, no respetó la propuesta de Gabriel Boric de aplicar impuestos al aún en suspenso cuarto retiro; un puñado de diputados RN y UDI votaron a favor, siendo que la posición del candidato Sebastián Sichel era la contraria, y Yasna Provoste, partidaria, se enfrenta en el Senado a colegas de su coalición que anunciaron estar en contra.

Tales contraposiciones podrían tener algún valor en la medida en que las candidaturas de esos tres hubiesen dependido directamente de los parlamentarios de los partidos que los apoyan. Dos de ellos -Boris y Sichel- fueron electos por la ciudadanía en una primaria abierta y legal organizadas por el SERVEL, en tanto Provoste, ganó una consulta popular organizada por la ex Concertación. A excepción del postulante extremista, en los casos de los otros dos, hubo parlamentarios de sus coaliciones que en dichas instancias no votaron por ellos.

Es y será la ciudadanía la que el 21 de noviembre decida qué tan trascendente pudo ser que estuviesen a favor o en contra del retiro o condicionándolo al pago de impuestos.

Los parlamentarios de Boric, los del Frente Amplio, y los comunistas, lo primero que hicieron fue impugnar su idea, pero ¿a alguien le cabe alguna duda que, llegado el momento, dejarán de votar por él?

El destino del país no está dependiendo de una, dos o tres ideas acotadas de un candidato, sino pende de un hilo muy frágil, con el agravante de una tendenciosa y extremista Convención Constitucional, a la cual Sichel fustigó “por sentirse dueña de la democracia”.

Ése es un concepto, categóricamente de peso, para ser puesto en una balanza y no un simple sentir acaso es bueno o malo seguir retirando fondos desde las AFP’s, entidades que, por lo demás, tienen tantos detractores como defensores.

Es una simpleza y una torpeza vaticinar el futuro de una candidatura por una supuesta incapacidad de alinear a sus parlamentarios, como si éstos fueran párvulos. Descendido el mayoritario sentimiento de la ciudadanía que no sabe por quién votará, más temprano que tarde las candidaturas van a terminar representando dos y únicas opciones: en contra de la democracia y a favor del socialismo totalitario o a favor de la democracia plena, de las libertades individuales y en contra de una tiranía extremista.

Éstas son las causas que estarán en juego, y ellas serán decididas por una sociedad que todavía no termina de despertar del todo de la pesadilla que la amenaza.

Los parlamentarios, desde ya, están “vendiendo su pomada”, porque sólo les interesa su reelección o elección, pero los candidatos presidenciales tienen una meta muy superior y trascendente para el país, no sólo para un grupo determinado de personas. Jugar con alineamientos y desalineamientos, es un mero e intrascendente aprovechamiento de la politiquería chica.

La nueva sociedad chilena es renuente a sujeciones y, por su individualismo, no es receptiva a los consejos. El vivir el día, y a concho, es su razón de ser, de tal modo que esta especie de padrinaje sobre la conveniencia o inconveniencia de los retiros, le resbala. Lo realmente preocupante es una finalidad diabólica plasmada en un proyecto de ley, patrocinado, entre otros, por Yasna Provoste, que establece la “nacionalización” de las pensiones, las que, según el texto, dejan de pertenecer a las personas y pasan a un Cuaderno Nacional de ahorros, al más puro estilo de las cuentas llevadas por los almaceneros de antaño con los fiados.

Esta iniciativa, que fue presentada en el Congreso hace meses, no es más que una expropiación de los fondos de los cotizantes, un segundo intento después de una idea fallida de la socialista Michelle Bachelet, que fue denunciada públicamente por uno de sus ex ministros de Hacienda.

Esto es lo relevante, esto es lo que debe ocupar el escenario de los debates, y no la tendenciosa jugarreta de denunciar a quien hizo retiros como si fuese un pecado.