PARODIA AL ESTILO INJURIA


VOXPRESS.CL.- Parodia: “imitación burlesca de un género, de una obra artística o literaria, del estilo de un escritor, o de los gestos o manera de ser de una persona”.


Injuria: “hecho o insulto que ofende a una persona por atentar contra su dignidad, honor y credibilidad”.

Es indispensable conocer ambas definiciones para hacerse una cabal idea de la gravedad que constituyó un segmento de un programa de televisión que, más que dañar, atacó arteramente al Ejército y que, por tratarse de una institución sujeta a la autoridad civil, no pudo reaccionar con la entereza y la potencia que la ocasión ameritaba.


En un canal que intenta resucitar mediante una programación políticamente agresiva y desafiante, para marcar alguna presencia en el rating, se presentó una entrevista a un supuesto general vestido con el uniforme institucional, lo que ya de por sí es motivo de una acción judicial. En el segmento titulado “Entrevistas de Verdad”, una tal Belenaza hace una burda imitación del programa de la ‘progresista’ ’Mónica González, ex asesora de este Gobierno, y que transmite dicha estación.

En el montaje, un supuesto “militar de verdad”, revela que no tiene actividades que cumplir, que perjudica a quienes se le oponen (implicando, incluso, torturas) y que se aprovecha de beneficios económicos.


El inventado oficial cuenta que su función es sólo mandar y que tiene “mil métodos para joder a un pelado que no hace caso y que no sigue las órdenes o que, de alguna forma, trata de revelar informaciones de la institución”.

El actor encargado de hacer las veces de un general, afirma que “yo no quería jubilarme a los 65 años como todos los chilenos, sino a los 40 o 50, con todo el sueldo y con los beneficios que tenemos y hacer una pega que nunca iba a hacer”. Agrega que “yo no voy a la guerra ni cagando; me da como cosa, veo sangre y me desmayo”


Tras la lectura de esta resumida ‘entrevista’, la conclusión es categóricamente clara: el programa y la estación emisora debieron ser destinatarios de una querella por injuria en contra del Ejército, además de una sanción por parte del CNTV, a raíz del grosero vocabulario utilizado por el supuesto militar. Sin embargo, el agraviante episodio fue respondido por un comunicado del Ministerio de Defensa, en que, en lugar de anunciar una acción judicial, hace alusión al mal gusto” y a “la falta de respeto de “una parodia”. Más tarde, el propio Gobierno sacó la voz para, a través de su vocero, hacer toda una alegoría acerca de la libertad de expresión…


Lo inaudito de este episodio es que políticos opositores se aprovecharon de la ocasión para “acusar de deliberantes” a los militares, como si demostrar molestia por una vejación fuese un intento de Golpe. Fue necesario reubicarlos en el correcto uso de las palabras y en las circunstancias en que se utilizan.


Muy lejos de una deliberación estuvo la explicación pública institucional, en cuanto a que los altos oficiales implicados en corrupción se encuentran fuera del servicio y enfrentados a la Justicia con financiamiento de sus propios medios.


No era necesario, ante tamaña humillación, justificarse. Sobre este punto en particular, el del mal uso de dineros reservados de la institución. Lo mismo ha ocurrido en otras ramas y el proceder ha sido el único que cabe: sumario, la baja y la acción de la justicia civil. Lo que no se debe tolerar, y nunca, es la generalización, uno de los vicios más arraigado en la cultura del chileno: basta con que uno beba para que todos sean borrachos.


Si se comparan los ‘contenidos’ de la injuria con difusión y la ‘declaración oficial’ del ministerio, queda en claro que este Ejército carece del alma de los históricamente conocidos y que, por estos días, al interior de sus filas no hay un sentimiento común, lo que hace más complejo su accionar frente a una jefatura suprema que, al igual que la izquierda, tiembla, pero aquélla de ira, y éste, de pavor.


El comunicado oficial en “respaldo” al Ejército dice que “la manera en que se denosta al Ejército y a sus integrantes no demuestra otra cosa que el ánimo de deslegitimarlo y degradarlo, aprovechando la facilidad que le presta para ello un medio de comunicación, demostrando ignorancia del quehacer institucional y del sustantivo aporte que diariamente llevan a cabo miles de militares en aras del desarrollo nacional en distintas áreas que, desde ya, lo invitamos a conocer”.


Sencillamente, esta reacción es de un infantilismo gigantesco, porque se invita a los injuriadores a conocer la realidad institucional como si no estuvieran al tanto de ella. Lo ocurrido fue un acto premeditado de la más baja calaña política, y no una acción desmadrada por la ignorancia.

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