PARA DECIR PRESENTE


VOXPRESS.CL.- Las experiencias enseñan y las lecciones se aprenden. Dos partidos se apresuraron en designar candidatas -en este caso- para la primaria interna de la ex Concertación, luego de que ambos vivieran amargos episodios con motivo de las elecciones presidenciales de 2017: el PS, por presión del PC, renunció a una opción propia y la DC corrió sola, por fuera de todo pacto. Los dos pagaron caro su decisión.


El PS, por una sorpresiva irrupción e imposición de Michelle Bachelet, designó en el acto a una precandidata que la ex Mandataria apuntó con el dedo –Paula Narváez-, y la DC eligió a su carta, también mujer, después de una votación abierta presencial, con casi 400 locales de sufragio y en cuarentena: la senadora Ximena Rincón.


Ambas forman parte del mismo pacto y, por ende, deberán competir en las primarias presidenciales del 4 de julio, y hasta el más pesimista pronóstico revela que de todos (as) los (as) aspirantes, inscritos y por inscribirse, terminará por imponerse el recuerdo (muy presente) de Bachelet, cuya imagen la reencarna esta psicóloga de precaria trayectoria política. Por lejos, la parlamentaria por Maule tiene muchos, pero muchos más categoría y antecedentes políticos, pero es DC, el patito feo de tan sui generis coalición.


Además, la parlamentaria ofrece un flanco permeable en este duelo de mujeres que se dará al interior del pacto electoral: su hermano y ex diputado Ricardo se echó al feminismo en contra, tras ser denunciado por violencia intrafamiliar.


Al conocer su triunfo sobre su rival interno, Alberto Undurraga, ex alcalde de Maipú y ex ministro del MOP, la senadora, aún embriagada por su éxito, proclamó que “éste es el punto de partida de un Gobierno, nuestro, que durará, al menos, 30 años”. Su vaticinio trajo, de inmediato, a la memoria la promesa de Eduardo Frei Montalva, quien, tras ser electo Presidente el 64, pronosticó que la DC iba a estar 18 años consecutivos en La Moneda: al término de su mandato, le entregó la banda a Salvador Allende, generando una historia tan conocida como trágica y de pésimas interpretaciones.


Dijo Rincón: “es un triunfo construido desde Regiones, con mujeres y hombres que quieren un Chile que dé dignidad. Caminamos calles y calles, y hoy la gente nos apoyó. Ahora, a trabajar unidos por el Chile que soñamos”.

Necesariamente hay que detenerse en dos de sus aseveraciones que, ni siquiera, pueden ser atribuibles a una eventual euforia, que no la tuvo. Aludió a la “construcción de un Chile más digno” y, enseguida, apeló a la “unidad de todos” para “hacer posible el país que soñamos”.


Militante desde los tiempos en que estudiaba derecho en la Universidad de Chile, Rincón vivió desde dentro la participación DC en los Gobiernos de la Concertación, dos de ellos encabezados por su partido, llegando ella a ser ministra de Estado. Un período más que prudente para “dignificar” a Chile y construir, como dice, “el país que soñamos”.


Pillarse los dedos en políticas es condenatorio: implícitamente, reconoce que su propio partido nada hizo para dignificar a Chile ni para hacerlo el país de sus sueños. ¿Por qué no antes, cuando pudo, y sí ahora, cuando es una incógnita? La DC fue hegemónica sólo durante el Gobierno de transición de Patricio Aylwin, porque sus socios le dieron chipe libre para zafarse de los enclaves del régimen militar. Después de ello, el partido, y lo saben sus adherentes, pasó a ser el vagón de cola del llamado bloque centroizquierdista.


El papelón de sus tres últimas aventuras presidenciales, avalan su condición de mero acompañante de los aliados de coalición. Frei Ruiz-Tagle en su segundo intento perdió ante Sebastián Piñera, con lo cual la izquierda dejó de considerar a la DC de igual a igual.


En 2013, Claudio Orrego obtuvo un 8,8% de los votos en la primaria de la Nueva Mayoría y en 2017, Carolina Goic apenas logró el 5,8% en la primera vuelta.


La DC integra el bloque Unidad Constituyente, junto al PS, al PPD, el PR y el PRO, además de Ciudadanos, de Andrés Velasco.


Más allá de la convocatoria en tiempos de pandemia –en la colectividad destacan que se superaron las expectativas de participación–, el futuro para colectividad asoma complejo, más aún al interior de una coalición que ha corrido al máximo el cerco del extremismo hacia el extremismo y que ha vuelto a tener sobre sí, como ángel protector, a Michelle Bachelet, que predica la armonía y el diálogo pero no lo practica.

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