OTRA VEZ, LA FARSA


VOXPRESS.CL.- Por segunda vez en cuestión de meses, el Presidente de la República ordena a los integrantes de su gabinete ministerial abstenerse de participar en actos electorales. La primera orden de prescindencia la dio para el plebiscito constituyente, y una más reciente les prohíbe su incumbencia directa en las elecciones primarias para alcaldes.

La determinación fue comunicada por el Mandatario en el marco de un Comité Político en La Moneda, y la prescindencia incluye a los Ministros de Estado, Intendentes y Gobernadores para que se “abstengan de participar activamente” en dicho proceso. El adjetivo de “activamente” habrá que interpretarlo como “visualmente” o “presencialmente”, abriéndose a cualquier otro tipo de participación, privada o discreta, tal como ocurrió antes del plebiscito constituyente.

Para esa ocasión, fue el propio Presidente quien se involucró activamente en el discurso de “los beneficios de una nueva Constitución”. Sin el menor pudor, días atrás recordó, emocionado, la “alegría que sentimos todos los chilenos la noche del triunfo del Apruebo”.


Resulta inconsistente y abusivo que el Mandatario se arrogue el derecho a intervenir, opinar y ser parcial, prohibiéndole a ministros, Intendentes y Gobernadores que lo hagan. Si bien la misma Constitución que él enterró le da la facultad personal de elegir como Secretarios de Estado a quien se le ocurra, por norma debe considerar las recomendaciones y opiniones en esta materia de los partidos que lo propusieron, lo respaldaron y lo eligieron.


La repetida historia de que muchos de estos ‘apitutados’ por el propio Presidente, por su entorno e incluso por los partidos resultan un fiasco, es, por ahora, harina de otro costal.


Los Secretarios de Estado, excepto los provenientes del ámbito familiar o amistoso del Presidente, son militantes o adherentes de los partidos afines, de tal modo que son políticos que hacen dinámica vida política al interior de sus colectividades. Por el hecho de ser miembros del Gabinete no pierden su identidad e interacción con su colectividad, y si ello llega a ocurrir, ésta no demora en gestionar su desvinculación ministerial por pérdida de representatividad.


En su condición de militantes y electos por sus partidos para integrar un Gabinete, los ministros no pueden ser castrados ideológicamente para evitar el “¿qué dirán?” o una hipócrita y falsa “abstinencia”.


En la campaña previa al plebiscito constitucional llegó a ser burda la parcialidad de, al menos, tres Secretarios en favor del Apruebo: Mario Desbordes (Defensa), Karla Rubilar (Desarrollo) y Cristián Monckeberg (SEGPRES). La doctora llegó a discursear panfletariamente en pos de una nueva Carta Fundamental y el primero nunca evitó hacer declaraciones públicas sobre esa misma preferencia. Sin embargo, no hay registros de la mayoría que estuvo a favor del Rechazo.

Esta desbalanceada interpretación de la instrucción presidencial de prescindencia para el plebiscito constitucional, es lo que impulsa a cuestionar la reiteración de la medida para la primaria de jefes comunales.


Dada la experiencia poco feliz para el acto electoral del 25 de octubre, para la primaria de alcaldes se hace casi imprescindible la participación activa de los ministros, dada la diversidad de sensibilidades al interior de los partidos. En la UDI hay dos almas, en RN se pueden distinguir hasta tres y en EVOPOLI no existió simetría entre un senador y los diputados en torno al Apruebo y el Rechazo.


Los candidatos a alcaldes, y ello es lo más probable, representan sólo en teoría al partido en su conjunto, porque forman parte de alguno de los grupos de la división, e incluso subdivisión, interna, y eso el elector debe saberlo.

En el caso de la (centro) derecha, son evidentes algunos rayos de izquierdismo y de liberalismo extremo en los partidos, y hay parlamentarios y hasta ministros que concuerdan, apoyan y se cuelgan de los discursos de la oposición.

El electorado que, en el caso de los candidatos a alcalde, se va a pronunciar en la primaria por quien mejor lo interpreta, requiere saber quién o quiénes están detrás de su eventual preferencia, y para eso una pista es el acompañamiento o foto de un parlamentario o de un ministro.


En RN, por ejemplo, muy distinto, extremadamente distinto, será darle el voto a un candidato apoyado por Paulina Núñez o Rafael Prohens, que dárselo a quien respalda Camila Flores o Francisco Chahuán. Lo mismo vale para los ministros: no da igual un candidato apadrinado por Mario Desbordes que por Andrés Allamand.


Respecto a la UDI, podría decirse lo mismo de los ministros Felipe Ward (Vivienda) y Jaime Bellolio (SEGGOB), pues son exponentes de sensibilidades distintas al interior de la colectividad. Sin embargo, las más categóricas disidencias están en RN y son los candidatos de este partido quienes deben ser puestos bajo lupas potentes para, antes de escogerlos como preferencias, cerciorarse, y muy bien, a qué tendencia pertenecen. Pueden ser de una (centro) derecha genuina, simples equivocados de domicilios o, lamentablemente, contagiados por otras, y muy peligrosas, ideas.

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