¿OPOSICIÓN DURA O COLABORATIVA?


VOXPRESS.CL.- “Compañeros revolucionarios, un gran saludo a la distancia” resonó, y fuerte, la voz del recién electo diputado Gabriel Boric, en noviembre de 2017, luego de recibir las efusivas felicitaciones de sus correligionarios del Podemos español, un ente de similar origen y composición que el Frente Amplio, y cuyo Gobierno ha sido todo un desacierto.


Días atrás, invitado al ENADE 2022, en su propia cara, Boric les anunció a los empresarios chilenos que “cambios profundos habrá”, pero a diferencia de la campaña presidencial, “éstos se harán con gradualidad”.


Ésa, la suya, fue una muy buena respuesta a la incertidumbre imperante en cuanto a cómo será y que tiempo tomará esta segunda vía al socialismo. Acicateado por el fracaso de la socialista Michelle Bachelet de no haber podido “completar” la misión de Salvador Allende, el todavía diputado magallánico ha invocado, no pocas veces, al “ejemplo” del Mandatario suicidado e incluso le copió textualmente el final de su discurso de su noche triunfal del 4 de septiembre de 1970 para su propia noche victoriosa del 21 de noviembre pasado.


Boric, por si alguien lo ha olvidado, se hizo a la política revolucionaria en las calles y se le recuerda como un gran articulador de las protestas universitarias. Encabezó una larga huelga contra un decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y atacó a una docente en clases, ante lo cual la Contraloría de la República le solicitó a la Rectoría un sumario: nunca se le formuló un solo cargo.


Estuvo permanentemente informado de los detalles de la subversión del 18/O, agitó en las calles y durante todo el conflicto fue voz cantante al interior del Frente Amplio, uno de los partidos patrocinadores del Golpe extremista, se trata de un activista puro, neto, que se ha desenvuelto al interior de un colectivo, como el frenteamplismo, de características anárquicas, de una caprichosa heterogeneidad social y sin ninguna experiencia en el manejo del poder.


Todas las señales no políticas en torno a su próxima asunción, apuntan a un brusco aumento de la incertidumbre y a una incesante caída de la confianza. No se trata de que su gestión sea todo un misterio, sino, todo lo contrario: existe la certeza de que Apruebo/Dignidad iniciará un camino hacia el socialismo, y su totalitarismo sólo es cuestión de tiempo. Daniel Jadue (PC) reveló que este primer período será una administración “tipo socialdemocracia”, pero la cirugía mayor será en el Gobierno siguiente cuando el plan se haya consumado a través de la Convención Constitucional.


Karol Cariola, la ex comisaria de la candidatura de Guillier y que no se mueve desde la sede facilitada gratuitamente al equipo de Boric por la Universidad de Chile -conocida como La Moneda chica-, ha asegurado cada vez que se le pregunta que “el núcleo del Gobierno será el cambio de la institucionalidad”.


Un sector de la Convención propuso que una futura administración fuese con un Presidente y un Vicepresidente, con opción de renuncias y de reelección, y que el Parlamento se elija en la misma fecha que al dúo de gobernantes. Aunque sólo novedosa para Chile, la idea, muy republicana por lo demás, no es acogida por las abrumadoramente mayoritarias huestes extremistas en la asamblea.


Los convencionales ligados a la Lista del Pueblo y a los originarios anunciaron que “si no hay indulto” para los presos por sus actuaciones delictivas en la revuelta, “seguiremos tomando las calles”, cuyas violentas acciones no han cesado nunca.


El clima existente y el que se huele para las próximas semanas y meses nada tienen que ver con la percepción de algunos de que “todo seguirá normal” y que Boric “no será la amenaza” que se temía.


Será por el delirio de partir de vacaciones o por la ignorancia generalizada de las nuevas generaciones, lo concreto es que las señales transmitidas por los dos universos políticos -la izquierda y la derecha- dan cuenta de que la confrontación continúa vigente. La todavía oposición zurda le metió mano para derrumbarle el proyecto de aumento de pensiones al Gobierno y le judicializó sus concesiones del litio, infligiéndole dos claras derrotas casi simultáneas. Hasta el más desconectado de la realidad podrá concluir que dichas conductas no son, precisamente, signos de colaboracionismo y de encuentro, menos aún después de que la asociación de alcaldes opositores no tuvo piedad en sus expresiones para denunciar a La Moneda como “la única responsable de la ola de crímenes”.


En marzo de 2018, luego de asumir, el actual Presidente convocó a todos, incluso a la oposición, a mesas de trabajo en La Moneda para buscar soluciones a los grandes problemas del país: el PC se negó a participar, el PS fue al palacio a comunicar que le negaban la sal y el agua y el Frente Amplio, a excepción a título personal de Boric, acordó no concurrir. Esto es, a las pocas horas de asumir el cargo, el Mandatario hoy de salida, fue notificado de que estaría solo y que la entonces naciente oposición no pensaba en ayudarlo. Su oficialismo no le alcanzaba.


Para mayor refuerzo de este aislamiento, en octubre de 2018, el extremismo trató de sacarlo por la fuerza del cargo.


Estas pinceladas de recuerdo son tremendamente necesarias ponerlas hoy arriba de la mesa, luego de escuchar a algunos dirigentes de Chile Vamos que “seremos una oposición colaborativa”. No está el país para gestos de falsa grandeza, de humanidad ni de populismos baratos, y menos para solidarizar con quien es un enemigo, y contra quien, el 21 de noviembre, votaron casi 3,7 millones de chilenos, una cifra que no es poca cosa de acuerdo a las últimas elecciones de la derecha. Es una cifra considerable de la población pensante que se pronunció por la libertad de las personas.


A partir del 11 de marzo, la que será oposición tiene que honrar el voto de quienes, con un claro llamado, le quitaron a la izquierda su mayoría en el Senado y se la aminoraron considerablemente en la Cámara de Diputados. A sabiendas del enorme riesgo que se correría en la segunda vuelta, un porcentaje muy considerable de la ciudadanía se puso a resguardo e hizo imposible el soñado anhelo del extremismo por materializar su totalitarismo con la conquista el Ejecutivo, de la Convención y del Legislativo.


En el Legislativo no le resultó.


Esos casi 4 millones de chilenos libertarios no pueden ser traicionados con una “oposición colaborativa”.