OPORTUNISMO POLÍTICO


VOXPRESS.CL.- Cual animal salvaje que al primer descuido de su presa, le da un zarpazo, la política, en este caso la chilena, parece empecinada en no aprender a “hacer política”, toda una ciencia que se construye con el tiempo sobre bases sólidas, claras y coherentes.


Primero, la macroelección del 15/16 de mayo, y en particular, la de Convencionales Constituyentes, y, después, la segunda ronda para Gobernadores Regionales, fueron rápidamente asumidas como plataformas electorales presidencial, independiente de factores que llaman a la prudencia y a la reflexión.


Uno de estos oportunistas es un apenas conocido movimiento llamado Lista del Pueblo, y el otro es la Unidad Constituyente, la que hasta el 7 de junio parecía sufrir las convulsiones pre morten.

Son dos casos típicos en los que se intenta sacar ventajas de hechos circunstanciales que no marcan, de modo categórico, un redestino político. Los especialistas suelen llamar “fenómenos” a estas súbitas reactivaciones colectivas o individuales.



La Lista del Pueblo la compone una treintena de Convencionales Constituyentes extremistas y de pueblos originarios que se agrupan en torno a los ‘ideales’ de quienes dieron el Golpe subversivo del 18/O y anunciaron, con total descaro, su intención de repetirlo en el marco de la asamblea que redactará la nueva Constitución.


En tanto, y como es de sobra conocido, la Unidad Constituyente se armó sobre la base de la ex Concertación para sumar fuerzas para obtener una mayoría de convencionales. Fue un fracaso.


Sólo horas después, en medio de los lamentos, se dividió ante el empeño del PS por subirse al carro del PC y el Frente, dejando al margen a la DC. Hoy, tras los míseros pero suficientes votos DC/PS para quedarse con la mayoría de Gobernaciones Regionales, el interés común apaciguó la tormenta, reavivó los ánimos y se reactivó el objetivo de tener una carta presidencial “de la oposición”, que podrían ser Yasna Provoste o Paula Narváez. Todo de nuevo, pero esta vez con la exclusión absoluta del PR por su pecado de insistir en una candidatura, la de su presidente Carlos Maldonado. El pacto, entonces, se redujo al PS, la DC y el PPD.


Volviendo a la Lista del Pueblo, la sorpresa que como colectivo dio en las votaciones para convencionales la envalentonó al punto que anunció estar abocada a la búsqueda de un postulante a La Moneda. De concretarlo, y al no ir en ningún tipo de pacto, su futuro se prevé más negro que sus oscuras convicciones ideológicas: lo primero que esta trinchera violentista hará en la Convención será exigir la “liberación de los presos políticos”...


Si llega a materializarse un candidato de la Lista del Pueblo, sería una pésima noticia para Jadue o para Boric, cualquiera sea el que se imponga en la primaria pirotécnicamente llamada ‘Apruebo y Dignidad”, porque a ambos les restaría votos que, hasta ahora contabilizan.


En cuanto a la resucitada pero reducida Unidad Constituyente, el PS puja porque la candidata presidencial sea Laura Narváez, pero ésta apenas marca 2 puntos en las encuestas, en tanto la senadora DC por Atacama –quien públicamente hizo campaña por el desafectado alcalde de Coquimbo, acusado de corrupción- es, por estos días, el personaje mejor evaluado en el país. Hace tres meses no figuraba en las consultas de opinión: oportunismo político en estado puro.

Resulta tan superficial esta convivencia, que los tres partidos, el PS, la DC y el PPD, firmaron un pacto previo a cualquiera forma de elección de su candidata, en cuanto a que antes de llegar a un acuerdo electoral, debe facturarse un programa de Gobierno adscrito por los tres y que involucre el compromiso incondicional de todos sus parlamentarios para respetarlo sin interpretaciones.


No son pocos los casos de quienes vieron destellos de luna a través de una rendija y se creyeron el cuento: Marco Enríquez, Carolina Goic, Alejandro Guillier, Alberto Mayol y algunos otros figuran en la lista Las figuraciones repentinas levantadas, a veces artificialmente, con el soplo de las comunicaciones, nunca han garantizado el camino del éxito, menos en este país donde, pese a las abismantes abstenciones, todavía permanecen brotes tradicionales en los votantes, lo que hace más incierto el éxito de los aparecidos de última hora.