NO HABRÁ UN “NUEVO CHILE”



















Liebre intercomunal

Mayo 1987



VOXPRESS.CL.- La foto que acompaña a este texto pertenece al archivo del TranSantiago, y se trata de una ‘liebre’ del sistema público de transporte metropolitano captada en mayo de 1987, fecha para la cual una buena parte de los votantes de este 4 de septiembre no habían nacido o eran apenas unos imberbes. Basta sólo con observar la escena para que surja una conclusión inmediata e irrebatible: en tres décadas y media, el rostro de Chile es otro, absolutamente distinto, todo un ejemplo de modernidad, desarrollo y progreso, aunque, a veces, agobiante.

Debe ser el nuestro, uno de los países del subcontinente americano que más raudamente pasó del pueblerismo a un urbanismo actualizado y luminoso. Y dicha travesía se dio al mismo ritmo de un despegue económico que, por varios años, según ranking de la CEPAL, pusieron a Chile en el primer lugar de Latinoamérica.

Hoy, la misma entidad, y con sede en Santiago, lo ubica antepenúltimo en cuanto a sus proyecciones de crecimiento, sólo superando a Brasil y Haití.

Son resultados abismantemente contrapuestos, siendo que el país, desde la foto en referencia, 1987, a la fecha, tiene la misma Constitución y, al igual que todos los demás, sufrió los rigores de una pandemia mundial y, muy en menor grado, las repercusiones de una de las excusas más socorridas, como la situación de Ucrania.

¿Por qué llegamos tan rápidos a la situación súper crítica en que se halla el país? Exclusivamente, gracias al rol aniquilador asumido por la izquierda y, en particular, al de la extrema izquierda, a partir de octubre de 2019 hasta la fecha. Al menos, hay dos ‘símbolos’ en este lapso que confirma que el objetivo único de los ideólogos que planificaron instalarse en el poder en Chile carecía, y carece, de todo interés de servicio al país. Sólo les interesaba, y les interesas, el sistema político acorde a su doctrina esclavizante. No fue pura casualidad o mera coincidencia las fechas elegidas por el comunismo para fijar la subversión del 2019 y el plebiscito de salida, la soñada coronación de la victoria final.

La revuelta destinada a derrocar al anterior Presidente se programó para el 18 de octubre, porque un día como ése, pero de 1948, se publicó en el Diario Oficial la entrada en vigencia de la Ley de Defensa de la Democracia, en la cual el entonces Presidente Gabriel González Videla declaró “ilegal” al Partido Comunista. Y este 4 de septiembre, fecha del plebiscito, pero de 1970, fue electo Presidente Salvador Allende. Hay más: según la titular del PPD, Natalia Piergentili,, “la nueva Constitución que construiremos entre todos, sí o sí tendrá que estar lista antes de que se cumpla medio siglo del Golpe”, el que terminó con la vía chilena al socialismo, esto es, el 11 de septiembre de 2023.

Son tres datos coincidentes que nada tienen que ver con alguna aguda problemática nacional que amerite “construir un nuevo Chile”, porque éste hace muchos años que ya está construido. El supuesto interés en “cambiar socialmente a Chile y hacerlo de nuevo”, terminó siendo un gran fracaso fruto del juicio ciudadano expresado en las urnas.

La población tuvo la suficiente sagacidad para detectar a tiempo que estaba siendo llevada a una trampa por la Convención Constituyente con la descarada alianza del Presidente de la República. Sin pudor alguno, los odiosos asambleístas y el Mandatario se dieron, a la tarea de destruir el país para hacerlo de nuevo, esto es, subordinar a todos los habitantes bajo la opresión y el abuso, alineándolos en una igualdad de miserias y pobreza. Desde 2019, tal objetivo de sometimiento totalitario, los revolucionarios la disfrazaron de “un nuevo Chile” y algunos estúpidos lo denominaron “traje nuevo”.

La propuesta refundacional, con más o menos adjetivos, nunca pasó de ser un plan de sustituir el modelo neoliberal por uno totalitario socialista. Ello está claramente plasmado en el texto del ahora fenecido proyecto constitucional y en decenas de juicios emitidos por Gabriel Boric.

Por mucho que sus autores lo consideren sólo un eufemismo, el canal de TV oficialista instó a votar en el plebiscito para “elegir al Chile que queremos construir”…Como el país no es una ruina, la finalidad de dicha invitación no fue más que una incitación a respaldar a las “reformas estructurales” que, esta vez sí, permitieran conducir a Chile a un sistema político gemelo al de las dictaduras comunistas.

El Chile de hoy es un modelo admirado en el mundo, pero no por su administración política, sino por su rapidez en adaptarse a las distintas normas de la modernidad y del progreso. Nada había que “construir” como fracasadamente lo proclamaron estos revolucionarios ineptos e inexpertos para convencer a los chilenos de que se ‘convirtieran’ a su doctrina odiosa y rupturista.

En rigor, a partir de ahora sí habrá algo que construir en Chile: sacarse de encima a esta pandilla de incompetentes; esperar que prontamente se les agoten sus ya semivacías baterías; recomponer la convivencia y el imperio de la razón y darle credibilidad a una economía por ellos hecha trizas.