NO ERRAR AL VOTAR


VOXPRESS.CL.- A sólo horas de la aparición de un nuevo año en nuestras vidas, sin duda que el 2021 se aparece como el que puede marcar la luz o la oscuridad en la existencia del país. Como nunca antes, el traspaso del uno al otro, será inhabitual y plagado de anomalías, y muchas incomodidades, que no suelen darse en esta fecha.


Chile no está libre del implacable virus chino, sus habitantes viven en una incertidumbre permanente, muchísimos sufren los rigores de una economía por los suelos y el ritmo de la violencia política callejera se ha mantenido incesante desde aquel fatídico 18/O. Esta vez, el chileno sí algo puede celebrar es estar con vida y sano. Quien tiene el privilegio de un trabajo estable, sabe que tiene que defenderlo con dientes apretados, casi como si se tratase de una mochila con oro.


Ni la promoción de curso escolar y ni siquiera un egreso universitario, son, hoy, motivo de las alegrías desbordantes que tales episodios significan en las vidas de los adolescentes, luego de que la educación fuera uno de los sectores más duramente afectado durante el año que se va.


Al portar una carga emocional tremenda y, en algunos casos, con las severas huellas de los confinamientos en personas, familias y niños, no será, el que viene, un año que amerite deseos de felicidad y de prosperidad, sino de incertidumbre por una fecha determinante para los próximos 50 años. Serán los mismos desesperanzados de hoy, quienes se den un abrazo con mascarillas, esta vez, mirando al cielo no por los petardos, sino en busca de una estrella luminosa disipadora de la oscuridad. Ello, porque el porvenir de Chile estará en juego, cuando en abril seamos convocados a votar por los convencionales constituyentes, esto es, por quienes redactarán la nueva Constitución, la misma que, a cambio de mantener su sillón en La Moneda, le fuera regalada a la oposición izquierdista por el Presidente. Éste, que entra en su último año de supuesta gestión, careció del coraje y del nacionalismo para evitar poner al país en el trance que vivirá el 2021.


En julio habrá primarias presidenciales, más adelante la primera vuelta y las parlamentarias y, finalmente, la segunda ronda presidencial. Todas ellas tendrán la relevancia tradicional en cuanto a la incidencia de encuentros y desencuentros entre las fuerzas políticas, con los respectivos avances -- vividos por años-- y con los retrocesos, tan abundantes en Chile a partir del 18/O.


Pero ninguna de esas instancias electorales tendrá la vital trascendencia de la elección de quienes redactarán la nueva Constitución. La izquierda, y bien lo saben los medianamente informados, se ha organizado para un voraz proceso de captura de “la constituyente” -como la llaman- para que los convencionales electos tengan propiedades doctrinarias socialistas que les permitan, por mayoría, cambiar drásticamente el sistema institucional de convivencia.


El extremismo, ese mismo que en forma inédita madrugó para votar por el Apruebo, no ha perdido su apetito por una Constitución “a la venezolana”, tal como fue resuelto en el Grupo de Puebla en Caracas, con la tutoría de Nicolás Maduro. El socialismo internacional nunca quiso para Chile una Constitución proveniente de un acto electoral, sino elegida directa y exclusivamente por el ‘pueblo’ afín. O sea, una Constitución a dedo.


En 1970, parte importante de la población se jactó de no dar crédito a la posibilidad de que un marxista fuese elegido en una elección democrática. Cara pagó su jactancia, y debió recurrir, luego, al auxilio de las Fuerzas Armadas para que Chile no estuviera, desde mediados de los 70, convertido en una cruel dictadura comunista.


Hoy, sin nadie de por medio que concurra a un llamado de salvataje, los chilenos tendrán que salvarse solos, exclusivamente con su voto en la elección de abril, cuando se juegue el destino de su país. Así como es de dominio público que la izquierda presentará a los más dogmáticos y combativos dirigentes, maestros en el arte de imponer su doctrina totalitaria, independientes y centroderechistas -o sea, demócratas- deben asegurarse de, primero, seleccionar y, luego, elegir a personas talentosas, corajudas, de carácter, con fortaleza para enfrentar al adversario y de convicciones firmes en cuanto a libertades y derechos. Los medias tintas, como los hay en Chile Vamos, en el Parlamento y en La Moneda, no pueden, ni deben, representar “los intereses de Chile”, simplemente porque nunca lo han hecho, pese a haber sido escogidos para tal efecto.


Muy rápidamente, la ciudadanía libertaria se irá aproximando a una fecha en que no puede cometer el menor error. Su primera misión, patriótica, será la de concurrir a los locales de votación, y la segunda será la de elegir a quien mejor entienda que Chile se condenará para siempre si retrocede a su peor etapa de la historia, la del socialismo. Si de algo tiene que estar consciente es que esta vez no saldrá de sus garras, porque no hay nadie que vaya a ir a su rescate.