NARCODERROTA


VOXPRESS.CL.- En medio de la trifulca originada por los debates previos a las primarias internas y por la muerte de un huinca terrorista en Carahue, podría decirse que ‘pasó piola’ un hecho tremendamente trascendente y esperanzador para quienes, aún, creen posible que se venza al invasivo narcotráfico: la derrota del alcalde Miguel Ángel Aguilera (PS) en la repetición parcial de la elección municipal en la comuna de San Ramón.


Aguilera, un antiguo miembro del Comité Central del PS y muy cercano a su actual presidente Álvaro Elizalde, fue declarado vencedor en los comicios municipales del 15/16 de mayo por un estrecho margen sobre su principal contendor, el DC Gustavo Toro. Sin embargo, a raíz de innumerables denuncias de anomalías, el SERVEL ordenó repetir el acto en 65 mesas, omitiendo realizar un indispensable sumario para averiguar y sancionar a los responsables de la ‘intervención’ en los sufragios originales.


Esta segunda instancia electoral la ganó Gustavo Toro y, con ello, derrotó a un símbolo de la narcopolítica. Con toda propiedad puede decirse que, de aquí en adelante, el nuevo edil pone en juego no sólo su integridad física, sino, su vida: los narcos no perdonan los reveses.


Aguilera fue ‘oficialmente’ expulsado de su partido, luego de las denuncias de contratar para su municipio sólo a funcionarios ligados al comercio de la droga dura, poniéndoles como condición firmar los registros del PS. Tras comprobar que muchos militantes “manchados” continuaban ligados a la colectividad, ello con motivo de la elección interna socialista, el diputado Marcelo Díaz exigió que se “limpiara el padrón”. Elizalde le respondió que ello lo haría el SERVEL y éste se negó, por no corresponderle.


Mientras Díaz renunció para asilarse en el Frente Amplio, Aguilera y los suyos siguieron cantando la Internacional en El Bosque, “porque nadie puede quitarnos la condición de socialistas”. Uno de sus ‘soldados’ de confianza al interior del municipio cumple condena por narcotráfico.


No deja de ser impactante que una de las comunas periféricas del Gran Santiago sometidas a la voluntad de bandas locales e internacionales, haya tenido una segunda oportunidad para sacudirse, al menos, de un caudillo de estas organizaciones. Miguel Ángel Aguilera iba a ser formalizado por lavado de dinero, cohecho y enriquecimiento ilícito antes de la repetición parcial de la elección municipal, pero adujo no poder presentarse a la audiencia en el tribunal por ser víctima del covid. Su abogado informó oficialmente a la fiscalía que se trataba de un fuerte resfrío.


Este tipo de actitudes es la que enciende aún más los ánimos de la gente en contra de la administración de justicia, porque conscientes todos de que se trató de una treta para eludir una eventual destitución previa a la repetición de la votación, igual se le aplazó la citación “por razones de salud”. Tan sano se hallaba que concurrió a sufragar con una decena de escoltas armados, quienes impidieron que alguien se le acercara.


A esas alturas, el ‘don’ de San Ramón creía aún en una victoria, basándose en el temor del vecindario, pero ya al iniciarse el conteo de las papeletas se comprobó que esta vez no le tuvieron miedo. Para ganarse la confianza y el silencio de los pobladores, los ‘compran’ con ayudas y aportes en dinero o en la solución de sus necesidades. Su contribución predilecta es encabezar bingos y rifas para tratamientos médicos de alguien sin recursos.


Lo más reconfortante de esta marginación de la escena pública y política de un mercader del vicio, es que se ha dado un paso, aunque muy pequeñito, en la certeza de que el narcotráfico ha penetrado profundamente en la convivencia nacional, incluso a niveles de mando y autoridades. Nadie puede seguir mirando hacia el lado o hacerse el desentendido en esta materia, y menos cuando, con pruebas a la vista, se está directamente involucrado.


Los tribunales tienen material suficiente para hacer su tarea con el ex alcalde de San Ramón, pero no pueden, bajo ningún motivo, quitar la vista sobre lo que ocurrirá ahora en el municipio, cuando el flamante edil, y adversario del narcotráfico, se aboque a la ineludible tarea de “limpiarlo” de los muchos narcofuncionarios que su antecesor le dejó como herencia.