MUJERES GOLPISTAS


VOXPRESS-CL.- Pasan los años, los meses, las semanas y los días y la ciudadanía continúa, impávida, observando -como si se tratasen de capítulos de la más cebollera de las teleseries- los episodios de desafiante y prepotente altanería protagonizados por los “luchadores sociales” y, en los casos que veremos, de mujeres que porfían por poner a Chile al borde del precipicio.


Las encuestas, que por mera casualidad siempre perjudican a quienes no son de izquierda, entregaron un dato esclarecedor para la ciudadanía y un llamado de atención para que alguna vez se pronuncie en contra de las violaciones y abusos de la Convención Constituyente: sólo en un mes, aumentó en 22 puntos –una cifra no frecuente- el rechazo de la población al comportamiento y estilo de los extremistas que se tomaron la asamblea. Determinante en este gigantesco deterioro de su imagen es Elisa Loncón (53), una activista de las comunidades comunistas mapuches de Malleco. En su condición de presidenta de dicha instancia, se jacta de que ella y su séquito de locos revolucionarios son “el pueblo mismo” y que, por esa razón, “hay que interpretar con fidelidad lo que ese pueblo dice y exige para una transformación profunda de Chile”.


¿Cuál es el pueblo que dice encarnar ella? Uno muy parcial, reducido y que no interpreta ningún sentimiento de chilenidad: lo constituyen exclusivamente los “luchadores sociales”.


La profesora, becada por el PC en pequeñas universidades de Holanda y México, ni siquiera encarna a sus hermanos de etnia, quienes pacíficamente trabajan la tierra y se movilizan en carretas, en tanto ella lo hace en avión y se hospeda en hoteles.


No saluda en la lengua castellana, la oficial de Chile, sino en el idioma mapuche y en el de otras etnias, siendo que preside una Convención destinada a todos los chilenos, sin distingos.


Promete “una democracia más justa”, como si vivir en libertad, hablar lo que se quiera, moverse con autonomía y pensar lo que se venga en ganas no fuera para ella una democracia justa. Al igual que los “luchadores sociales” afines al PC y al boricismo, su cosmovisión se reduce a las “democracias” socialistas, en cuyas doctrinas fueron formadas y aleccionadas ella y sus compinches.


En la infinidad de irregularidades y barbaridades en que ha incurrido la Convención, están las restricciones a la libertad de prensa, la imposición de castigos de silencio temporal a los delegados, impedir exposiciones públicas de quienes no piensan como el extremismo, y desconocer todos los tratados internacionales comerciales firmados por Chile desde el siglo 18, preservando y acentuado, es claro, los relacionados a los derechos humanos. Eufórica, Loncón celebró que la asamblea haya aprobado desconocer los 2/3 para aprobar o rechazar acuerdos. Malhumorada, fustigó la decisión de proteger con las FF.AA. las provincias más asoladas por el terrorismo en La Araucanía y se negó a guardar un minuto de silencio por las víctimas de las narcocomunidades. Anunció un “sobrio homenaje” a los autores del 18/O.


Giovanna Grandón es otra de las golpistas del 18/O, pero, al revés de Loncón, parece haber perdido todo su crédito en el seno de los “luchadores sociales”. Ella, disfrazada, se hizo muy querida en las vandálicas manifestaciones en torno a Plaza Baquedano, pero terminó siendo apedreada y escupida por quienes armaron barricadas. En una de las tantas protestas recientes, sus antiguos compinches le cobraron la cuenta por no cumplir el compromiso de no darle el vamos a la Convención sin antes haber forzado la libertad de los “presos políticos”. “Traidora” le gritaron, mientras a golpes la sacaban de la acalorada manifestación.


Más trágico resultó el final de otra “luchadora social” que encabezó una marcha en conmemoración del Encuentro de dos Mundos -ex Día de la Raza-, pero llamada Resistencia Mapuche.


Edith Cortés era una extremista, activista del Golpe del 18/O, que ingresó a sus 43 años a estudiar Derecho para poder defender en los tribunales a sus compañeros violentistas. Formó parte de la creación de la ONG Defensoría del Pueblo, ente de mucha acción en las demandas por liberar a los saqueadores camuflados de “presos políticos”.


Murió cuando un volador de fuegos artificiales lanzado horizontalmente por uno de sus camaradas le dio en pleno cuello, en momentos en que le solicitaba a carabineros que dejasen llegar la marcha hasta La Moneda.


Siguiendo el rito de la mentira, su entorno asegura que ella no falleció por el impacto del proyectil, sino “porque carabineros no dejó pasar a la ambulancia”…


Los medios de comunicaciones, cada vez más grotescamente aliados de estos complotadores contra la democracia, no se refieren a ella como activista o extremista, que lo es, sino como “la estudiante de Derecho”, además de una universidad probadamente fuente de acopio de bombas Molotov y desde donde un grupo de encapuchados salió para atacar y quemar un cuartel de la PDI ubicado en calle Condell.


Es motivo de rebeldía comprobar la indiferencia general respecto a este tipo de vivencias que retratan de cuerpo entero a quienes quieren apoderarse, a la fuerza, del país para imponerle su propia y muy conocida “democracia”. Estas mujeres que degradan el concepto de coraje femenino, son la gráfica perfecta de una pandilla irracional, fanática y afiebrada que no escucha ni ve lo que, se supone, la población quiere: vivir en paz y con plenas libertades.