MADRE, SIEMPRE CIERTA



VOXPRESS.CL.- Las mujeres en su conjunto y las madres en particular, muy específicamente las solteras, deben haber sentido una emoción bien profunda, luego de conocer la abrumadora votación del Senado -sólo uno en contra- en cuanto a que los hijos podrán llevar como primer apellido el de sus progenitoras.

Alguna mala interpretación podría endilgarle el acuerdo a la irrefrenable corriente de feminismo existente en el país y, otros, para adecuarlo a la realidad, afirman que este derecho “ya es conocido, porque se aplica automáticamente en Estados Unidos y Brasil, y electivamente en España”. Ni lo uno ni lo otro: este proyecto fue ingresado al Congreso el 2005, y hace muchos años que se ha ido incubando un “nuevo Chile” en las relaciones de pareja que derivan en la concepción de un hijo, y los casos de forzada o impuesta paternidad han trascendido a la opinión pública.

Un animador de televisión concibió un hijo con su ex novia y el marido de ésta estaba eufórico por su paternidad, hasta que ella le reveló la realidad. Otro personaje ícono de la farándula, posó para una portada con su pareja embarazada, haciendo gala de su masculinidad, todo ello luego de llegar a un acuerdo de marketing que supuestamente lo beneficiaría: el hijo no era suyo.

La autorización parlamentaria para el retiro de una parte de los ahorros previsionales, dejó en evidencia a 135 mil padres que, por años, no habían cumplido con el pago judicial de mantención a sus hijos menores.

Según cifras oficiales, las madres en Chile tienen una composición familiar muy variable: el 49,8% de ellas son casadas, el 34,6% son solteras, el 6,2%, separadas y el 9%, viudas. El 8,6% de ellas tiene 4 hijos o más. Sobre la base de estas cifras, se proyecta que dentro de media década, el promedio de solteras será igual al de las casadas.

Dentro del universo de las madres solteras, hay que distinguir entre quienes voluntariamente optaron por la separación, quienes fueron abandonadas y las que, conscientemente, asumieron la maternidad en solitario.

La ley vigente, y que la hace cumplir con estrictez el Registro Civil al momento de la inscripción de un hijo, exige la identificación paternal.

En cambio, la aprobada por el Senado flexibiliza esta rigidez legal y rebaja a una vía meramente administrativa la elección del primer apellido, e incluso, si se prefiere uno compuesto entre ambos. No aclara si es con efecto retroactivo, lo que le permitiría a las abandonadas por años, darles su apellido al o los hijos ignorados por sus padres.

Lo más relevante de la nueva legislación es la cesión a las madres de un derecho más natural que legal, y que, por siempre, les ha correspondido. Este concepto lo refuerza desde comienzos del siglo XX una descripción de esta realidad: “madre siempre cierta, padre siempre incierto”.

Mater semper certa est, es una expresión latina que hace referencia a un principio jurídico que, incluso en algunas legislaciones nacionales, tiene la fuerza de una presunción de derecho, en virtud de la cual se entiende que la maternidad es un hecho biológico evidente en razón del embarazo, por lo que no se puede impugnar.

​El principio continúa con el “pater semper incertus est”, problema que ha sido resuelto en algunas legislaciones mediante la fórmula “pater est quem nuptiae demonstrant”. Esta aseveración se publicó por última vez el 12 de julio de 2019.

Por 28 votos a favor, uno en contra y cero abstenciones, el Senado aprobó que el apellido materno pueda anteceder al del padre al momento de inscribir a un hijo en el Registro Civil. Como la moción -que ingresó el año 2005 al Congreso- pasará a la Comisión de la Mujer y Equidad de Género para su discusión en particular, se considera casi seguro que experimentará modificaciones, y hasta deformaciones, a raíz de la ola feminista libertina en vigencia, y ello podría transformar un derecho en un abuso.

De hecho, entendiéndose como un derecho, puede asumirse como tal la vivencia de madres y de sus hijos por años abandonados. Este tipo de familia se merece la opción administrativa de modificar el orden de los apellidos sin la necesidad de recurrir al siempre fastidioso y burocrático trámite judicial, como ocurre en la actualidad. Si una madre sola renuncia a beneficios económicos futuros que pudiese originar su pareja desaparecida, el cambio debería operar mecánicamente.

Un dato escalofriante que debe ser considerado en esta nueva legislación es que más de 20 mil niños que nacen al año no son reconocidos por quien los concibió. Que por ningún motivo lleven el apellido de estos cobardes, es una mínima cuestión de justicia.