MÁS PUÑALADAS A LA INSTITUCIONALIDAD


VOXPRESS.CL.- No hay peor ciego que aquél que no quiere ver, reza un antiquísimo proverbio aplicable a múltiples acciones de la vida humana. Por estos días, y mientras más cercanos a las elecciones del próximo 21, la población continúa siendo embolinada por imaginativas cifras acerca de las opciones de cada candidato.


Esto sólo refleja la gran incertidumbre que ha ido en considerable aumento mientras se acerca la fecha de los comicios, y este enigmático panorama no deja ver el bosque de arbitrariedades políticas que, de cara al viento, sigue acentuando el extremismo.

Lo grave de ello es que casi nadie las ve o, peor todavía, no las quiere ver.

Con motivo de uno más de los incontables ataques de la narcoguerrilla comunista en las cercanías de Cañete, al menos tres entes de la institucionalidad demostraron estar en manos de la oposición golpista, anhelante de construir un “nuevo Chile”.


La primera conducta repudiable y asquerosa corrió por cuenta de la presidenta de la Convención Constituyente, Elisa Loncón, quien presurosa corrió a solidarizar con los comuneros terroristas, reconociendo, una vez más, ser parte activa de su causa.

La segunda instancia de especial irregularidad fue la gentileza del Instituto Médico Legal de compartir el análisis mortuorio al cadáver de un subversivo con los ‘delegados’ del Instituto de Derechos Humanos, quienes solicitaron su participación para certificar el origen de las balas que le dieron muerte. Y, por último, resultó asombrosa la decisión del Ministerio Público, cuya fiscal regional determinó la intervención simultánea de dos persecutores, uno para indagar el enfrentamiento y el otro para investigar acaso hubo violaciones a los derechos humanos, obviamente los de los atacantes y no de los atacados.


Este dúplex judicial es de enorme gravedad, considerando que en el país, casi a diario, se producen encerronas, portonazos, asaltos a balazos y la sustracción de vehículos, sin embargo para dichos episodios ni siquiera hay fiscales designados. La segregación llega a ser macabra: como se trata de una víctima comunista, los persecutores son adicionales, pero tratándose de ciudadanos comunes y corrientes, súper inocentes y que en su vida jamás han empuñado una pistola de juguete, la indiferencia de la Fiscalía Nacional es total, absoluta.


La población, judicialmente, se encuentra en total desamparo. Los terroristas disponen de fiscales adicionales, de defensores públicos pagados por todos los ciudadanos y de agentes de los DD.HH. también sustentados por el Estado. Un vecino asaltado o apuñalado tiene que arreglárselas solo.


Ninguna de estas injustas situaciones ha sido criticada ni menos condenada por quienes se dicen ser defensores de la institucionalidad y, por consecuencia, de la democracia. En el marco de un país polarizado, friccionado al límite, tensionado porlas divisiones ideológicas y amedrentado por el matonaje extremista, los privilegiados deberían ser la equidad social y la estabilidad de la convivencia, pero es totalmente al revés. Se acentúan las arbitrariedades y beneficios políticos de una minoría violentista, y lo escandaloso es que funcionarios del Estado se prestan para ello.


La Convención, el IML y el Ministerio Público viven de dineros fiscales, esto es, son financiados gracias a los impuestos que pagan todos los chilenos.


La población toma conciencia, día a día, de los actos totalitarios de los convencionales de izquierda, partiendo por la mismísima presidenta Elisa Loncón. Ella y su séquito de revoltosos de la “primera línea” de octubre de 2019 se niegan a asumir que tienen el mandato de redactar una nueva Constitución para todos los chilenos por igual y no exclusivamente para su puñado de malhechores seguidores.


La traiguenina profesora de inglés y con paso por pueblerinas universidades comunistas de Holanda y México, es la principal impulsora del Plebiscito Dirimente que tiene fecha para el 20 de mayo de 2022. Ello significa que, previa autorización del Senado por tratarse de una reforma constitucional, se someterán a la voluntad popular todas aquellas materias y articulados en que al interior de la asamblea no se logren aprobar con el 2/3.


El texto que define los roles de la Convención es claro en cuanto a que “todos los acuerdos deben ser aprobados por el 2/3 del plenario”, y, por tanto, los que no consigan ese mínimo quedan rechazados. Sin embargo, el bloque extremista de delegados encabezados por ella misma, reniega de ese quorum, esto es, la responsable de hacer respetar los reglamentos, es la primera en violarlos, lo que, de ocurrir, ameritará una acusación constitucional, aunque a esas alturas ya no estará en el cargo, pues en abril se cumple su período.


Uno de los pocos convencionales de centroderecha, más de centro que de derecha, Cristián Monckeberg, comentó que de seguir pasando la aplanadora el bloque de izquierda, el rechazo a la futura Constitución “crecerá como espuma”, ello proyectando que la aprobación del texto está, por ley, supeditado a un Plebiscito de Salida obligatorio.


Es tan descarada y abusiva la discriminación de Loncón, que así como promueve esa consulta dirimente no establecida en parte alguna, reprobó y condenó la consulta ciudadana realizada en todas las comunas de La Araucanía para que la población se pronunciase acerca de la continuidad del Estado de Excepción en la zona.


Una persona sin visión de Estado ni conocimientos básicos sobre una democracia real, no debió estar jamás a la cabeza de una instancia de tanta trascendencia como es la elaboración de una nueva Constitución. Pero lo está, y ello fue posible porque mientras media población chilena se quedaba en casa disfrutando de un wikén de mayo, los extremistas, comunistas y frenteamplistas protagonistas del ‘octubrazo’ tuvieron la disciplina vertical -típica de los totalitarismos- para concurrir a las urnas y tomarse, por esa vía, la institucionalidad del país. Son ellos quienes, a través de este instrumento absolutamente legal, están construyendo el nuevo Chile “a su pinta”, como lo quieren, o sea, el reverso de una democracia auténtica.


La situación es dramática para el resto que se quedó sin armas, porque hasta las próximas elecciones parecen irrelevantes, puesto que desde sus puestos institucionalmente habilitados, tienen en su poder el manejo futuro del país.


Nunca la izquierda ha estado tan tranquila en vísperas de una elección. Sabe muy bien que tiene la sartén por el mango y que los resultados del 21, para ella, podrán ser igual de irrelevantes que relevantes, porque los acomodará a sus intereses y objetivos en la Constitución en la que gozan de incontrastable mayoría.


El Plebiscito de Salida ¿podrá salvar a Chile? No depende de nadie más que de su gente, y en particular de ésa que para los comicios se acostumbró a quedarse pegada a las sábanas o frente a un televisor, ya sea por desidia, indiferencia o “porque no entiendo nada de nada”. La galopante ignorancia de gran parte de su pueblo, algún día le tendría que costar carísimo a Chile.