LOS RICOS NO LLORAN


VOXPRESS.CL.- Antes de entrar al fondo de la controversia inútil a que conducen los viejos y estúpidos resentimientos sociales de asignar sitios exclusivos de residencia a pobres y a ricos, es indispensable ocupar unos minutos en leer la investigación realizada por La Tercera en cuanto a quiénes sí y quienes no han cumplido los hostigosos llamados de la autoridad al auto cuidado y a respetar las restricciones sanitarias.


Él siguiente, es un trozo decidor acerca de la problemática nacional acerca de la epidemia: “están en la misma Región y bajo las mismas medidas restrictivas, pero sus indicadores epidemiológicos muestran una evolución de la pandemia totalmente opuesta, desde que el 27 de marzo se decretara la cuarentena total para la Región Metropolitana. Las comunas del sector oriente de la capital presentaron un panorama diametralmente opuesto al del resto de las del Gran Santiago”.


“Si se toma como ejemplo la comuna de Las Condes, y según el informe epidemiológico del MINSAL del 17 de abril, ésta mantenía 314 casos activos, lo que representa un 45% menos de contagios respecto a cuando inició la cuarentena”, el 27 de marzo.

“Su tasa de incidencia -es decir, la cantidad de casos por cada 100 mil habitantes- es la menor de la Región. Rangos similares marcan Vitacura y Providencia”.


“De las 52 comunas de la Región Metropolitana, 46 aumentaron en igual período de tiempo sus casos desde que ingresó a Fase 1. Además de Las Condes, Vitacura y Providencia, las seis excepciones la completan Lo Barnechea, Ñuñoa y La Reina”.

“Pero en el otro extremo del Gran Santiago, la cuarentena no detuvo el avance de casos. En Lo Espejo, según el informe del MINSAL, los casos activos pasaron de 171 contagios, el 27 de marzo, a 354 el sábado 17 de abril, es decir, aumentaron más del doble. Del grupo que incrementó sus casos, 24 presentaron su peor cifra de la “segunda ola” en el reporte del 17/04. Junto con ello, 20 elevaron sus contagios en más de un tercio”.


Esta sumaria información, rica en antecedentes y estadísticas, deja en evidencia, con meridiana claridad, cuál es el sector que ha satisfecho las instrucciones de la autoridad sanitaria en cuanto a cumplir, al menos en gran parte, el régimen de una cuarentena. El confinamiento, probado científicamente y reiterado por la OMS, es psíquica y emocionalmente dañino para todos los seres por igual, sin distingo de clases, géneros ni edades.


No fue esta cuarentena, ni lo será nunca, la primera vez en que el resentimiento social, arraigado en el país y aventado por la izquierda, persevere en diferenciar a ricos y pobres, o pobres y ricos, según sus sectores residenciales. “Como ellos -los millonarios y acomodados- no tienen necesidad de salir a conseguir algo de comida, pueden quedarse en sus casas” desafió una dirigente vecinal de Puente Alto al fiscalizador que la detuvo por estar en la calle sin permiso.


En el Gran Santiago no existen las comunas exclusivas, y, en este caso puntual, sólo para ricos y forrados en dinero. Es el complejo social el que, casi instintivamente, induce a la ignorancia, y ejemplo de ello es la estigmatizada Vitacura, la que por tener dos sectores residenciales con un sello diferenciador –Santa María de Manquehue y Lo Curro- sufre una injusta generalización, y ello lo demuestran las centenares de atenciones gratuitas en sus consultorios municipales y la larguísima lista de vecinos inscritos en su farmacia comunal que expende fármacos a precio costo. Por simple curiosidad, cualquiera puede constatar que hay departamentos nuevos, ni siquiera de lujo, que llevan dos años con sus avisos de venta.


Las Condes, tal vez el prototipo más completo de los diferentes componentes de una clase media/media, tiene bolsones de vulnerabilidad en el sector alto de avenida Colón y en las inmediaciones de Los Dominicos, no muy lejos de la residencia de la cuarta fortuna personal de Chile: el Presidente de la República.


En tanto, La Dehesa es un sector/contraste de modernas mansiones y condominios al alcance de un profesional común y corriente, que pertenece a una comuna, como Lo Barnechea, con habitantes similares a los de Santiago Centro y con vecinos a los cuales su municipalidad debe socorrer en el día a día, como los del Cerro 18, con talleres gratuitos, estimulándolos a iniciar emprendimientos, y a superar su cesantía.


Qué decir de Providencia, después de Santiago, la comuna con más población flotante de la Región y que, territorialmente, abarca desde Vicuña Mackenna a Tobalaba y desde el Cerro San Cristóbal a Diagonal Oriente, con una mixtura de habitantes y viviendas que no es el retrato de millonarios. Ñuñoa y La Reina son más vastas todavía, y ambas con una enorme diversidad de habitantes, muchos de ellos que, a duras penas, se aferran a lo que se define como clase media/baja para evitar caer en la vulnerabilidad.


El llamado, y bien llamado, sector oriente del Gran Santiago no es, ni nunca lo será, el asentamiento de los millonarios, y ello no es más que un fruto de la mala intencionalidad política, que busca su abastecimiento de votos mediante el azuzamiento en esta materia, para profundizar lo más bajo posible las diferencias sociales.


Chicureo, que concentra un muy parejo número de habitantes que residen en amplios y confortables condominios, se salva de esta segregación por el hecho de depender de Colina, una comuna tan antigua como popular, y que tiene hasta campamentos de emergencia de inmigrantes ilegales.


El viejo proverbio de que “todo depende del cristal con que se mira”, es la evaluación que los políticos hacen de las comunas, asignándoles rótulos más por sus fachadas que por los impuestos que pagan. En cuanto a las que disminuyeron sus contagios de modo considerable, hay que reconocer el mérito de sus habitantes, cualesquiera sean sus niveles de ingresos, de someterse con disciplina y silencio a los confinamientos, sin desafiar a una autoridad que no sólo en esta materia, sino en casi todas, suele confundirse.


Resulta incalificable la conducta del Gobierno -porque no es la del ministro Paris- de no aplicar en la Metropolitana el mismo criterio que corre para el resto de las Regiones. Para éstas sí vale en sus comunas el ascenso y retroceso de fases, de acuerdo al número de contagios, pero para la Metropolitana, no. Por una burda estrategia política, La Moneda aguarda a que mejoren sus promedios las “populares” para sacar de las cuarentenas a las “ricas”, con lo cual evita las críticas segregacionistas sociales.


Todos los habitantes de este país tienen necesidades, de diferente envergadura pero necesidades al fin, y todos, también, son impactados brutalmente por los efectos de los encierros, muchos de ellos con daños irreparables. Aunque el día nunca llegará, hay que permitirse el sueño de que, aunque tarde, asomará el día en que al ser humano no se le mida sólo por lo que aparenta, sino por sus reales valores y competencias. Mientras tanto, los “ricos” seguirán con sus lagrimales secas.