LOS BUENOS ALCALDES Y LOS MALOS VECINOS


VOXPRESS.CL.-Con un énfasis que refleja crudamente los niveles de compromiso de los medios de comunicación, casi con emoción y euforia se difundió la información de que el oficialismo, o sea Chile Vamos, había perdido varias alcaldías. Ello, sumado a los galopantes votos convencionales del extremismo, transformó el típico conteo de los sufragios en una demostración de alegría por el buen desempeño de los “luchadores sociales,” y algo parecido a un éxtasis por las caídas de los partidos tradicionales.


La noticia fue interpretada, tal cual, como la victoria de quienes, desde las calles, iniciaron la revuelta por “un Chile nuevo”, dotando al país de “transformaciones profundas” y de “cambios radicales” en pos de la igualdad y la gratuidad para todo, incluso para el agua potable.


Los estados de euforia como éstos, suelen ser pasajeros, porque son consecuencia de la inmadurez, de la carencia de conocimientos y de una mirada no más allá de su nariz de quienes transmiten, enloquecidos, los reveses de “los conservadores” y, casi destemplados, los buenos resultados del extremismo.


La politiquería chilena está mutando, con el surgimiento de generaciones tan atrevidas como audaces, y bien se sabe que, por naturaleza, el ignorante es audaz. Los lidercillos que están llegando, y empoderándose, tienen mucho que aprender, y ojalá lo hagan. Pero el comunicador hace rato que cambió, y lo hizo para mal, dejando en pésimo pie a la pléyade de auténticos maestros de un pasado reciente, conocedores, informados y capaces de distinguir una pepa de zapallo dentro de un zapallo.


Chile Vamos retuvo el control de municipios emblemáticos con votaciones espectaculares, y también perdió el control de otros igualmente emblemáticos. Lo que nadie se ha preguntado es que siendo generalizado el escenario de crisis en el país, por qué hay vecinos que le pasaron la cuenta a algunos alcaldes y, en cambio, a otros les dieron su respaldo total.


Ninguna de estas municipalidades se hallan en las placenteras termas comunales de la zona oriente del Gran Santiago, y, es más, están enclavadas en territorios donde más fuerte golpeó la subversión del 18/O, donde más estaciones del Metro fueron incendiadas y donde más locales comerciales resultaron destruidos por el vandalismo político.


Por ejemplo, cada noche de violencia callejera, Puente Alto es víctima de barricadas, comisarías asaltadas, lanzamiento de bombas Molotov y acciones de inusitada violencia. Esa comuna, la más poblada de la Región Metropolitana, es la procedencia de muchos de los “luchadores sociales” que pujan por llega a La Moneda y derribar al Presidente. No obstante, su alcalde Germán Codina (RN) arrasó en las urnas, y a partir de junio iniciará su tercer período. Sabiéndose en la frontera opuesta al sentimiento ideológico de sus habitantes, el edil les ha ganado, siempre, todas las jugadas, poniéndose a la cabeza de la lucha de sus vecinos por mejorar o satisfacer sus requerimientos sociales mínimos. Su fortaleza en dicha misión la plasmó en su tenaz pugna con el Comité Sanitario de La Moneda para auxiliar a su gente, primero sin empleo, y después confinada, sin poder salir a ganarse el sustento diario.


Aunque no siendo de ningún partido oficialista, pero de formación UDI, Rodolfo Carter vivió, y vive, una experiencia similar a la de Codina, pero en la también populosa La Florida, una de las comunas que mayor tiempo ha pasado en cuarentena. También con una población de vocación “luchadora social” y duramente afectada por el virus, se las ingenió para ponerse al frente de su gente, pelearse con cuanta autoridad estimó necesario y poder, así, aminorar los problemas y las penas de sus miles de vecinos. Le pusieron un candidato rival comunista en la esperanza de ser derrocado, pero fue premiado con un último período, tras una gran mayoría de votos. Se trata de dos ediles que hace tiempo ya emergieron, y provistos, ambos, del olfato político para saber navegar, y con éxito, en aguas tan turbulentas como peligrosas.


Son éstos dos grandes triunfos políticos. Sin embargo, se resaltan exclusivamente “las derrotas de la derecha” en las icónicas municipalidades de Santiago y de Viña del Mar, una perteneciente a la capital de Chile, y la otra, a un balneario de celebridad internacional. A ellas hay que agregar la de Ñuñoa, regalada a manos frentistas a causa del acendrado padrinaje de los partidos, en este caso, RN.


Santiago quedó en poder de una comunista y Viña y Ñuñoa, en las de dos frenteamplistas.

Frente a ellas hubo, para variar, un grueso error en la lectura de sus realidades para determinar las candidaturas. Está muy de moda la concepción de que la sociedad es “líquida” y, como tal, es increíblemente cambiante y de desplazamientos impensados. Santiago, la comuna capital, de partida dejó de ser un bastión de la tercera edad, para transformarse en el reino de la primera vivienda de gente recién emergiendo y es de dominio de secundarios líderes de la “democracia Molotov”, con una gran población universitaria, tanto estable como flotante que corresponde al estereotipo del “luchador social” callejero. De hecho, su nueva alcaldesa, comunista, es fruto de la Revolución Pinguina del 2011, destinada a desestabilizar el primer Gobierno del actual Presidente.


No era, ni nunca ha sido, el estilo de Felipe Alessandri para dominar estas nuevas características comunales y, menos, sabiendo todos, de sus permanentes enfrentamientos con los secundarios.


En Viña del Mar, reducto UDI por tres períodos, se pensó, otra vez equivocadamente, que seguía incólume el vivir a la antigua de sus vecinos, sin siquiera tomarse un minuto a reflexionar respecto a la modificación demográfica y al casi total rejuvenecimiento de sus cuadros humanos, ello sumado al asentamiento, casi inédito, de poblaciones vulnerables y de campamentos.


El habitante tradicional mutó hacia Concón, ahora convertida con sus lujos y torres en el antiguo barrio alto de la Ciudad Jardín. Además, Viña del Mar tiene una población flotante joven que se extendió desde Valparaíso, por sus universidades, y que no corresponde, precisamente, al perfil del vecino UDI ni RN.


En el caso de Ñuñoa, hay que afirmar sin vacilaciones que el dominio de su municipalidad simplemente se le regaló a la izquierda. El todavía alcalde Andrés Zarhi, independiente, triunfó en absolutamente todas las encuestas que se hicieron, previo a la elección. Sin embargo, RN lo desechó en su condición de ex militante y colocó de postulante a un adherente a sus filas, concejal y no muy conocido entre la gente. Así y todo fue sólo levemente superado por la frenteamplista vencedora. El que ella ganara es, en parte, consecuencia de la renovación demográfica de la comuna, ahora dominada por adultos jóvenes con sus respectivas ideas renovadoras. Desde el 18/O, la antigua y bohema Plaza Ñuñoa se transformó en una segunda Baquedano, eje de cuanta protesta social se organiza.


Finalmente, el caso de Maipú casi no resiste análisis. Esa comuna siempre fue patrimonio de la DC y la perdió el 2017, al llevar dos candidatos, permitiéndole a Kathy Barriga (UDI) irrumpir inesperadamente. Sin atributo alguno y sin preparación para ejercer un cargo de esta naturaleza, no se esperaba otro desenlace más lógico que el conocido. Seguramente por tratarse de la nuera de Joaquín Lavín y de una conocida bailarina del programa televisivo Mekano, tuvo una resonancia pasajera