LAS COMPUERTAS DE LA DC


VOXPRESS.CL.- Por una cuestión no solamente emocional, sino de interés corporativo, los partidos suelen celebrar sus victorias con cierto regocijo. Así, era de suponer, tenía que ocurrir si la DC ganaba la interna selectiva de la Unidad Constituyente para la primera vuelta presidencial, tal como efectivamente ocurrió con su senadora Yasna Provoste. Sin embargo, no hubo animadas manifestaciones ni banderas al viento, como sí aconteció para el triunfo de Claudio Orrego como Gobernación metropolitano.


Son varias las compuertas que obstruyen el libre fluir de las aguas democristianas, por lo que el ánimo partidista no es el mejor. Desde el desmoronamiento de la Nueva Mayoría, la DC percibió que su cacareada hegemonía le serviría de poco, o casi de nada, en la medida en que no estuviera inserta en los pactos que hoy “la llevan” electoralmente, como los del Frente Amplio, el PC, la Vocería del Pueblo, las narcoetnias y los anarquistas.


Estar integrada a la Unidad Constituyente, con el PS con sus ojos puestos en otro lado y con el PPD en refacción, muy poco le reporta. Prácticamente es estar sola.


Su primer gran golpe bajo lo recibió en la elección de convencionales constituyentes, obteniendo apenas dos asientos, y el segundo de ellos con fórceps. Más tarde logró elegir a Orrego como gobernador de la Región Metropolitana, la batalla de las batallas, pero sólo gracias a los votos de la centroderecha que se propuso detener a la frenteamplista Karina Oliva.


Mientras ello acontecía en el frente externo, el ambiente en el interno no era, ni es, de los mejores. El conglomerado sintió fuerte el remezón por el urgido cambio de candidatas para afrontar la Consulta Ciudadana. Fue Ximena Rincón quien realizó toda la campaña y la misma noche en la que el entonces presidente Fuad Chaín la proclamaba, el Consejo Nacional la destituyó para reemplazarla por Yasna Provoste. Las heridas que dejó tan inesperada decisión, sangraron aún más, tras las nominaciones para las candidaturas parlamentarias de noviembre, con varias renuncias al partido de quienes no fueron escogidos.


En pleno festejo por la elección de Claudio Orrego, la presidenta Carmen Frei aseguró que “no permitiremos que se destruya un país que nos ha costado tanto construir”, discurso que fue radicalmente modificado después de la victoria de Provoste: “estamos con todos los cambios profundos que requiere Chile”.


Este concepto del acomodamiento ideológico según las circunstancias, no es nuevo, pues se ha convertido casi en una razón de ser para la DC desde que tomó razón de que su fuerza no le daba para imponer y gobernar, como lo hizo el 64 y, muchos años después, con Aylwin y Frei junior. Su oscilación la llevó, incluso, a aliarse con el PC, pese al declarado odio de éste, profundizado a los pocos días del 11 de Septiembre. Peor aún fueron sus concesiones que le permitieron llegar “gratis” al Parlamento a los comunistas. Al partido se le transformó en una necesidad vivir de gestos hacia socios que están en las antípodas de sus raíces fundacionales.


El triunfo de Provoste en la interna de Unidad Constituyente sólo le fue útil para darse el gustito de demostrarles a sus socios ex concertacionistas que es el partido más fuerte, y ello es así, pero en el marco de un conglomerado en extinción y cada cual con objetivos diferentes. Las colectividades convocantes a dicha “consulta popular” ni soñaron con la miniatura de su proceso selectivo, que no consiguió atraer a la ciudadanía. Sólo un 1% del padrón electoral nacional se interesó en participar.


Consumada la victoria de una de sus militantes, a la DC nadie le saca la espina que le clavó Yasna Provoste, al afirmar que no dependía de la directiva y al hacer abstracción de cualquier emblema partidario. Nunca hizo alusión a su domicilio político, poniendo exclusivo acento en que era “una independiente de centro”, una falacia que originó el desencanto de sus eventuales adherentes, pues centró sus promesas en “liberar a los presos políticos” y en la “nacionalización de los fondos de pensiones” –el sueño de Bachelet-, todo ello en contrasentido al sentir general de la población.


El drama de la DC con su precandidata presidencial es que se halla presa en una de las compuertas de su propia vertiente. Sabe que de ganar la presidencial la actual oposición, no será parte del Gobierno, pues la montonera que apoya a Gabriel Boric no la quiere. Si, por el contrario, es Sebastián Sichel quien se imponga, continuará en la oposición, pero también al margen del bloque que hoy la lleva y que eventualmente la seguirá llevando.


El final más terrible que deberá sortear el partido será en la segunda vuelta. Consciente de que su temporal candidata llegará sólo hasta el 17 de noviembre, la militancia tendrá que inclinarse por dos candidatos ajenos a sus principios o abstenerse. No obstante, y dado su comportamiento de acercar cada vez más su deslinde hacia el socialismo, no resulta un disparate pensar en que terminará mayoritariamente respaldando el pacto en el cual se halla su peor enemigo. La primera pista para suponer un camino así, lo ha dado la propia Provoste, quien en sus largos años de militancia ha entregado demasiadas pruebas de que nunca ha sido de centro ni tampoco una falangista de corazón, sino una izquierdista de mente y espíritu.


Es una de las razones del por qué los centristas e independientes no concurrieron a la votación del 21 de agosto para contribuir a proclamarla candidata.