LA VÍA ROJA Y LA VÍA VERDE


VOXPRESS.CL.- Consumada la futura instalación de un Gobierno amplio de izquierda, y de la más temible, los ciudadanos retomaron casi automáticamente a su rutina, sintiéndose medianamente tranquilos porque no hubo toma de La Bastilla ni asalto al cuartel Moncada. Cual soplo del Espíritu Santo, cayeron en una amnesia como si aquí no hubiera pasado nada.

Y pasó mucho, muchísimo.


El que ganó, y asumirá el poder, es un Gobierno peligrosísimo, porque nada tiene que ver con esa izquierda somnolienta, algo capitalista y burocrática que se concertó para llegar a La Moneda “por el pueblo pero sin el pueblo”. Esta generación que llegó al poder es una evolución extrema de lo que, al menos en Chile, se conoció por décadas como “la izquierda”. Es una montonera rabiosa y descontrolada que lo quiere todo sin aportar nada, desafiante, anárquica y violenta que, previo a la segunda vuelta, notificó al país de que tenía una sola alternativa: “o celebramos o lo quemamos todo”.

Celebraron.


La miniatura de Presidente electo, espécimen motivo de estupor y curiosidad en el resto del mundo, es el modelo perfecto del doble estándar, indispensable para ejecutar un siniestro plan: de una parte, el país escuchó un discurso dialogante, pacífico y hasta amigable, pero no reparó en su estrecho y directo vínculo e influencia sobre los extremistas que conducen la Convención Constitucional.


El Gobierno planteará un juego paralelo con dos cuerdas, una como un Ejecutivo consciente de que tiene una tranca en el Congreso Nacional, y la otra, para llevar a cabo las “transformaciones profundas” instrumentalizando a los suyos encargados de escribir una nueva Carta Magna. Para peor futuro de la democracia, ahora cuenta con la certeza de que el plebiscito de salida le será, sí o sí, favorable, dado el tremendo respaldo electoral en la segunda vuelta.


Este multipartidismo de dislocados extremistas anti-todo, se apoya en un respaldo masivo no visto desde el primer año de Gobierno de Frei Montalva, pero con una diferencia atemorizante: esta generación política de terreno, violenta e irascible, impaciente, odiosos y vengativa. Es posible, y hasta seguro, que estos modernos revolucionarios no se sentirán cómodos con tanta oferta de diálogos y acuerdos del Presidente electo, y resulta de toda lógica aguardar que no se aguante cuando, a futura, La Moneda empiece a estrellarse contra la roca de un Senado que no le dejará pasar una sola.


Por esa vía, se topará siempre con una luz roja.


No obstante, como esta multifacética expresión ideológica tiene dominio absoluto en la Convención, allí estará siempre alumbrando la luz verde para, por esa vía, instaurar lo que se propuso el frenteamplismo y el comunismo cuando participaron, en Caracas, en el Grupo de Puebla donde se dio el vamos a la subversión para derrocar al actual Presidente. No lo materializaron sólo porque éste lo entregó todo a condición de que no lo removiesen de su sillón.


La colorida reunión del Mandatario electo con Elisa Loncón fue el sello de un solo mundo, en el cual tácitamente se estableció el rumbo común. Los senadores Lagos Weber (PPD), Rincón (DC) y el presidente de la Cámara, Diego Paulsen (RN) no por pura coincidencia reaccionaron, consignando que, “ya mismo, nos oponemos al fin del sistema presidencialista y del sistema bicameral”, cuya extinción está escrita en el programa del pacto Apruebo/Dignidad. En su discurso de la victoria, el electo Jefe de Estado se encargó, incluso, de apaciguar a quienes le gritaban que se pronunciase acerca de la libertad de los “presos políticos” --para quienes las respectivas penas ya fueron solicitadas por el Ministerio Público--, y les pidió calma a los que vociferaron el inmediato término de las AFP’s. Casi se refirió a José Antonio Kast como su amigo.


La de esa noche de Santa Rosa con la Alameda fue la versión falsa del Gabriel Boric Presidente de la República y muy pocos repararon en que allí, en ese lugar, lucieron flameantes decenas de banderas de las JJ.CC., las que durante la campaña electoral, estuvieron astutamente guardadas para no espantar a los incautos.


Este izquierdismo evolucionado gobernará “en la medida de lo posible” desde La Moneda, pero desde allí dirigirá los pasos de transformación radical y de refundación del país, a través de la Convención Constituyente, la que se halla a entera disposición de los protagonistas de la revuelta de octubre.