LA PROPIEDAD PRIVADA EN EL ABISMO


VOXPRESS.CL.- Con motivo de una de las recientes elecciones, como es casi un rito, los reporteros salieron a las calles a preguntar a los transeúntes sus pareceres sobre alguna de esas votaciones. Una señora, tan sonriente como sincera, confesó no tener idea que al día siguiente serían los comicios y otra se hizo la ‘gringa’, contestando “no entender” la pregunta, en una ridícula imitación de un acento extranjero no dominadora del castellano.


Este par de anécdotas pueden resultar hasta chistosas si no reflejasen la abismante ignorancia de la población cuando se le interroga sobre materias cívicas tan tremendamente trascendentales para el país.


Aunque con un bajo rating, se realizaron dos debates de candidatos que irán a las primarias presidenciales del 18 de julio, tanto de Chile Vamos como de la extrema izquierda. Todos los aspirantes, sin excepción, recurrieron al viejo truco de mensajes exclusivamente captadores de votos, y, por lo tanto, populacheros y hasta con alguna similitud entre ellos.

Es, precisamente, en este aspecto donde surgen las inevitables contradicciones e incoherencias entre las típicas ofertas de campaña y el cumplimiento posterior de los respectivos programas de Gobierno. No es un fenómeno nuevo en la política criolla, y ello acaba de quedar descomunalmente en evidencia con la actual administración, cuyo Presidente no vaciló en traicionar a sus seguidores y votantes.


El ciudadano común y corriente no se toma la molestia de, al menos, echar un vistazo a lo que escriben -y eso es lo importante- los candidatos sobre lo que plasmarán en el evento de ser electos. Por comodidad, o por casualidad, se quedan, y mayoritariamente de oídas, en las desgastadas y siempre poco confiables promesas de campaña.

Es en los textos y no en las palabras donde se esconden los peligros que la ciudadanía no ve ni escucha, ya sea por desinterés, por desidia o porque no entiende la temática de contenidos que superan sus limitadas competencias y habilidades.

Es escasísima la población que tomó nota de un relevante texto del programa de Gobierno del candidato Daniel Jadue, en el cual afirma que “el derecho a la vivienda está por encima del derecho de propiedad”. Para quienes algo de historia conocen del comunismo, tan categórica tesis se ha aplicado disciplinadamente en todas las dictaduras marxistas. Para no ir tan atrás en el tiempo, frescas están las filmaciones donde se ve al 'comandante' Hugo Chávez, yendo de calle en calle, apuntando con el dedo índice los edificios que debían ser expropiados y pasados a poder del Estado, ello sin pagar un peso a sus dueños.

Práctica antiquísima en los regímenes comunistas es la de copar con sus adherentes habitaciones no ocupadas en las residencias de cualquier ciudadano.


El vocero de su campaña –un ex guerrillero- y el propio candidato Jadue se han encargado de aclarar que “no fomentamos las tomas”, y ello, de ningún modo, puede constituirse en un elemento tranquilizador para los cientos de miles de propietarios que hay en el país. Puede que en un eventual Gobierno extremista, la usurpación de espacios en viviendas particulares no se dé tan prontamente, porque, de acuerdo al cronograma, lo que está planificado implantar desde un comienzo es traspasar al Estado, sin indemnización, terrenos baldíos pero con propiedad legal de un privado, ello para la construcción de viviendas sociales o residencias temporales, como ya lo ha hecho el alcalde en su comuna de Recoleta.


El valor de la tierra se ha encarecido significativamente en el país y los grandes paños disponibles que pertenecen al Estado son ocupados, hoy, por diferentes entidades públicas, las que eventualmente tendrían que ser desalojadas, como, eventualmente, la FACh desde su base de El Bosque. Las hectáreas vecinas a las urbes pertenecen a personas que las hacen producir y mientras ello ocurra, no precisan venderlas. Pero con un Gobierno comunista, ni siquiera tendrán esa opción: simplemente se las quitarán.


Los autoritarismos de corte socialista son los que más empujan para que otros Gobiernos, no los suyos, acojan indiscriminadamente a inmigrantes que huyen de las garras de su sistema. Esa masividad de desplazados contribuye, todavía más, a aumentar las ya abultadas necesidades de viviendas para quienes llegan ilegalmente al país, y sólo con lo puesto. El derecho humano de ese tipo de gente es el que alentará en una eventual gestión comunista a expropiar a costo cero todo tipo de propiedades para instalar allí a los millares de habitantes sin casa.


La población menos ilustrada debe ser alertada sobre la negra experiencia que se le puede venir encima. Especial énfasis hay que poner en aquellos propietarios adultos mayores que continúan residiendo en sus amplias casas de antaño, tras las partida de sus hijos. Esas habitaciones, antes colmadas y hoy desocupadas, son de gran interés para la ‘solución’ del comunismo, y que se debe aceptar sin chistar en aras de la solidaridad.


Es vital llamar la atención de quienes, de cualquier nivel social y de cualquiera comuna, que son propietarios. Sus actuales pertenencias, adquiridas con su propio esfuerzo, corren el peligro de perderlas o de tener obligadamente que compartirlas con desconocidos, pues se trata de una vieja e intransable práctica de las ‘democracias’ comunistas.