LA MOCHILA TERRORISTA


VOXPRESS.CL.- Lo que a continuación se narra, pasó inadvertida para la opinión pública, porque el periodismo comprometido consideró comprometedor difundirlo y amplificarlo, pese a su amenazante peligro para la seguridad de la ciudadanía.


Un individuo de 35 años fue detenido y quedó en prisión preventiva por quemar a tres personas con ácido sulfúrico en el andén de la estación Los Héroes del Metro, químico que transportaba en una botella al interior de su mochila.


El hombre descendió de un vagón, al sentir que el compuesto químico escurría entre sus pertenencias y empezó a provocarle quemaduras en su piel. Al quitarse descontroladamente su mochila, el ácido alcanzó a otros tres pasajeros, quienes resultaron con lesiones que obligaron a sus traslados a centros asistenciales. El hecho fue registrado por las cámaras de televigilancia del Metro, lo que activó un operativo de bomberos y carabineros.



Presentado así, lo ocurrido podría interpretarse como una de las tantas situaciones ‘curiosas’ que se viven a diario en el ferrocarril metropolitano y en sus estaciones. Pero resulta que el individuo, identificado como Víctor Iturrieta, no era un pasajero común y corriente: se había embarcado en La Cisterna para llegar hasta la Alameda a participar en una de las cotidianas manifestaciones vandálicas en los alrededores de La Moneda.


En su mochila portaba el arsenal básico para atacar a Carabineros, partiendo por el ácido sulfúrico que se le derramó: mascarilla antigases, boleadora con sus respectivas piedras, pañoleta para cubrir el rostro, un cuchillo carnicero y guantes para no dejar huellas.


Nadie puede experimentar extrañeza ante el contenido de su mochila, porque es el mismo, o muy similar, al que incluyen todas las que cargan estos subversivos dirigidos por el PC y el Frente Amplio.

El extremista, al ser descubierto, reveló no ser un trabajador por auto definirse como “luchador social”. Ante ello, Carabineros lo puso en manos de los tribunales, los que, luego de ver el video y conocer de su boca cuáles eran sus intenciones, lo dejaron en prisión preventiva.


Lo acontecido tiene varios niveles de gravedad, empezando por el peligro para la salud de los ciudadanos que un subversivo armado y cargado con químicos de alto riesgo, se mezcle entre los pasajeros del transporte público. Sólo este delito lo hace merecedor a una pena. Luego, su espontánea revelación de “luchador social” y que se dirigía a enfrentar a Carabineros con los elementos necesarios para causar daños gravísimos, lo hace merecedor a otro juicio por maltrato de obra a la policía.

Este hecho ni siquiera puede considerarse como “aislado” y “no representativo” de una mayoría que, según la izquierda y el periodismo, “se manifiesta pacíficamente”. Ésta es la ‘situación de guerra’ de todo el mal llamado movimiento social, al que llamó el presidente del PC a ‘tomarse’ las elecciones para convencionales constituyentes, con la finalidad de asegurar una Carta Magna ceñida al socialismo totalitario.


La casual detención del extremista Iturrieta echa por tierra el pretexto del libre derecho a expresarse al que alude la izquierda para defender a las turbas ideologizadas. Tampoco se puede seguir siendo ingenuos para tragarse el justificativo de que se trata de delincuentes comunes. Es este tipo de vivencia la que, con mayor profusión, debe transmitírsele a la población para aclararle la realidad tal como es y para alertarla de lo que está por venir.


Ningún ente, absolutamente ninguno, anunció alguna querella en contra del terrorista Víctor Iturrieta, como suele hacerse en el acto cuando son policías los implicados. Ni siquiera se ha logrado dar con la identidad del asesino de un cabo en la Ruta 5 Sur, cerca de Temuco, pero en sólo horas estaba en prisión un uniformado que repelió el ataque de un joven delincuentes en un centro del SENAME.


Mientras, en este caso, la Fiscalía actuaba de oficio, el Presidente de la República se paseaba sin mascarilla en una plata de Cachagua y su ministro del Interior anunciaba “una investigación”. No hubo una sola palabra de repudio del INDH, que guarda cómplice silencio cuando corresponde defender los derechos humanos de la población en su conjunto, como tampoco los hubo del Consejo Nacional de la Infancia, la Defensoría de la Niñez y del Ministerio de la Mujer, por la amenaza que significa para menores y ellas que en su entorno más cercano, como es el transporte público, viajen potenciales asesinos, portando químicos mortales.


Cuando se trata del involucramiento criminal de extremistas y terroristas, el silencio de las autoridades es su mejor aliado. Este “dejar hacer” a los subversivos está costando muy caro al país y puede resultarle de catastróficas e irrecuperables consecuencias en un plazo muy breve. Es “correctamente político” no censurarlos y, menos, querellarse en su contra, pero sí todo vale contra la policía cuando ésta, en cumplimiento de su deber, lucha, solitaria y como puede, para resguardar el orden y mantener, aunque a duras penas, el Estado de Derecho.


Ojalá, más pronto que tarde, autoridades y demócratas de verdad, abran los ojos y se den cuenta de que el masivo uso de mochilas en las manifestaciones de los violentistas, no son para portar mudas ni yogures.

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