LA MADRE DE TODAS LAS BATALLAS


VOXPRESS.CL.- A riesgo de parecer majadero en cuanto a que el próximo Gobierno, en particular, no constituye la amenaza real de una concreción de la revolución con que tanto ha soñado la extrema izquierda, ella sí va en vías de consolidarse a través de la Convención Constitucional.


Es tan inmenso el sentimiento de dominio político que tienen los convencionales, que en una de las comisiones de pre/aprobación presentaron una norma constitucional (?) para desafectar a los parlamentarios que “en el más breve plazo” no patrocinen las leyes “transformadoras” que va a incluir la nueva Constitución.


Dicho en términos muy simples, el futuro del país, que, por lo demás, se percibe muy negro, está en las manos de la Convención, la que por lo visto, está montando una Carta Fundamental maximalista, dura, odiosa, excluyente, intolerante y, por sobre todo, antidemocrática.


Ante este desalentador y casi catastrófico panorama, cada vez hay más indicios de que muchos están despertando de su apatía y se han percatado de que fueron engatusados, y que lo que los convencionales están construyendo es un modelo estatista y totalitario, al pre aprobar la pérdida de muchos de los derechos individuales y corporativos que por siglos han permitido la evolución, el progreso y la convivencia social en Chile.


El hecho de que el nuevo Presidente no dispondrá de una mayoría legislativa es casi una anécdota, porque el prometido camino al socialismo se está haciendo, y marcando, mediante la Convención, donde la izquierda, y la más dura, disfruta de mayoría plena.


Desde esta perspectiva es simplísimo creer que las fichas del Ejecutivo estarán puestas en lo que hará desde La Moneda --apenitas un régimen socialdemócrata, como lo definió la futura vocera Camila Vallejo--, sino su foco de acción apuntará a las materializaciones transformadoras profundas que consiga la Convención. Ese objetivo, sí o sí, debe ser coronado en el plebiscito de salida.


Éste consiste en una elección de carácter obligatorio para los ciudadanos, programada para la fecha en que la Convención complete su trabajo. Puede ser durante este mismo año o en el próximo, acaso prospere la intención de ampliar el plazo. Los más duros, y por tanto los más impacientes, pugnan porque durante el 2022 ya haya una nueva Constitución, para que las leyes actualmente en vigencia sean rápidamente rehechas y adaptadas a las revolucionarias que vienen.


El destino de Chile se jugará, entonces, en dicha votación, lejos la más importante de su historia republicana. A simple vista, las fuerzas están muy desequilibradas, porque, ateniéndose a los números de la elección presidencial, la izquierda tiene garantizada, al menos, la base de sufragios recibidos por Gabriel Boric, esto es, 4.6 millones, un millón más que su oponente de entonces, José Antonio Kast.


Sin embargo, así como en ámbitos de la derecha se ha profundizado el fatalismo y la decepción, en el oficialismo, que ahora mancomunadamente lo integran el Ejecutivo, parte del Legislativo y la casi totalidad de la Convención, siente que puede, y debe, ganar el plebiscito de salida, como único camino --sí, único- para materializar la refundación de un nuevo Chile, ceñido al concepto de “democracia” tal como lo entiende el socialismo internacional.


Es aquí donde se concentran las dudas y temores de la futura izquierda gobernante, porque le resulta, como a todos, un completo enigma lo que puede pasar con una elección de tipo obligatorio. Es esta incerteza la que impulsó a Boric, bien aconsejado, a confeccionar un gabinete ministerial donde incluyó hasta las instancias políticas más insignificantes y con una transversalidad enorme. A mayor amplitud de la representatividad, también más amplio será el trabajo en terreno para ganar el trofeo de los trofeos: la nueva Constitución.


Esta mancomunidad no trabajará ciento por ciento para el Ejecutivo, sino será permanentemente de terreno para sumar votos para el plebiscito de salida. A partir del 11 de marzo, esta reformada concertación estará al servicio de la Convención, ya sea apuntalándola y prestándole todos los apoyos necesarios, porque así está convenido entre las partes. Boric sabe, y muy bien, que si llega a perder el plebiscito de salida, hasta allí llega la refundación nacional y se derrumba la revolución estatista plasmada inicialmente para octubre de 2019.


Para que el plebiscito de salida no corra riesgos de envergadura, desde Boric hacia abajo, se pondrán en campaña para evitar, y ojalá impedir, el anunciado vandalismo callejero y el terrorismo rural, porque a mayor alboroto y mayor anormalidad -de la ya existente-, crecerá el descontento ciudadano que, en la actualidad, ya es evidente ante el alza del costo del dinero y por la brusca caída en la materialización de sueños que no podrá realizar, al menos en un mediano plazo.


Dado el alto promedio del periodismo comprometido, con escasísimas excepciones -y fundamentalmente en la financieramente complicada prensa escrita-, la ciudadanía se encuentra desinformada acerca de la pérdida de derechos y libertades de todo tipo de aprobarse las normas constitucionales visadas por las comisiones de la Convención. En la medida en que crezca el conocimiento de tal cúmulo de atropellos, más serán los adversarios que tendrá el plebiscito de salida.


Si los medios de comunicación continúan en su propósito de dar a conocer a cuentagotas las aberraciones y las violaciones que está preparando la Convención, será Chile Vamos el obligado a desplegarse y volver a sus gloriosas jornadas de antaño, cuando conquistaba votos mediante exhaustivos trabajos en terreno, casa a casa, puerta a puerta, demostrando, papel en mano, que la Convención está en línea con el traspaso de los ahorros previsionales a manos del Estado, con terminar el sagrado derecho de la propiedad, con la eliminación de la libertad económica y que su país será fraccionado con etnias y regiones soberanas.


No será más el Chile en el cual nacieron, crecieron y se desarrollaron, al igual que sus antepasados.

Una de las varias razones porqué la derecha perdió la segunda vuelta, habiendo ganado la primera, fue la errónea creencia de que las elecciones se ganan sólo a través de las redes sociales. Quien tomó debida nota de este error fue Apruebo/Dignidad, el cual elaboró un plan territorial descomunal, con su gente dejando los pies en las calles para convencer a los ciudadanos que Kast se iba a comer a la gente de lo malo que era.


Ahora, entonces, corresponde la vuelta de mano, y, ésta vez, sin necesidad de apelar a mentiras como ésa, a los ciudadanos hay que decirles, en su cara y en su vivienda, que se transformarán en esclavos de cúpulas abusadoras y llenas de millones, idénticos a los sometidos de Cuba y Venezuela, acaso votan a favor en el plebiscito de salida.


Ésa es la realidad que, a cualquier precio, intentará evitar el Gobierno y a la cual se abocará el nuevo Presidente desde La Moneda. Por si alguien no lo ha captado correctamente, lo que ha cambiado en Boric es su fachada, su histrionismo y teatralidad, pero su compromiso con la revolución intentada estérilmente el 2019, está intacto. Por ello, su fin no es su propio Gobierno, sino el éxito de la Convención Constitucional.


El plebiscito de salida es la madre de todas las batallas en las que ha participado el pueblo chileno. Con su voto tendrá que elegir entre la libertad y la esclavitud.