LA JEFA CUBANA/ CHILENA


VOXPRES.CL.- No hubo medio de comunicación que no presentara el hecho casi como una sublevación, y los periodistas más radicalizados -casi todos- hasta aludieron al episodio como si se tratase de un intento de golpe militar.

Tremendo espanto comunicacional lo originó un general de Ejército -activo, por cierto- a cargo del Estado de Excepción en varias comunas de las Regiones del Bío Bío y La Araucanía. El alto oficial, Luis Cuéllar, se refirió a los terroristas como “unos cobardes que les disparan y matan a inocentes” y directamente los instó a “dispararnos a nosotros, a ver si van a recibir de respuesta municiones o fogueo: será balas de guerra y seguro que habrá bajas”.

Su enérgica declaración impactó, porque nunca desde que se comisionó a las Fuerzas Armadas para proteger los territorios desolados por el narcoterrorismo indígena, nunca un oficial se había pronunciado públicamente, y menos en esos términos tan duros.

Su estado de ánimo, el de todo el generalato y el de un buen número de oficiales no era el mejor en esos momentos, porque sólo horas antes el electo Presidente de la República, Gabriel Boric, había designado como ministra de Defensa, esto es, jefa de todas las Fuerzas Armadas a una bióloga y veterinaria, hija de un agente secreto de la revolución cubana: Maya Fernández Allende.

Ella es nieta de Salvador Allende e hija de Beatriz Allende Bussi, la ‘Tati’, quien se suicidó en La Habana, de regreso a la isla, tras la caída del Gobierno de la Unidad Popular. La ministra, entonces, tenía 7 años y su único hermano, Alejandro, 4.

Según Fidel Castro, ella se quitó la vida agobiada por una depresión producida por el derrocamiento y muerte de su padre, en tanto compatriotas asilados allí, dejaron constancia que su suicidio se produjo al constatar que su marido Luis Fernández Oña se veía con su anterior esposa, también cubana y con quien tenía dos hijos. Lo que en apariencia fue el trágico desenlace por un colapso sentimental, tuvo y aún tiene, ribetes más profundos, y de índole político.

De acuerdo a una investigación hecha por el medio online El Líbero, la muerte de Allende Bussi fue consecuencia de un montaje político y de espionaje ordenado por Fidel Castro en contra del candidato y posterior Presidente durante la Unidad Popular.

“Allende fue más víctima de los cubanos que de los norteamericanos”, según cita el libro ‘Memorias de un soldado cubano’, de Dariel Alarcón Ramírez, alias Benigno, guerrillero de la revolución que, desencantado, se exilió en Francia. En sus memorias, se refiere a Beatriz, la segunda de las tres hijas de los Allende-Bussi, quien acompañó a su padre en La Moneda hasta el último día. El suicidio de ella se dio porque el vínculo matrimonial entre la médico y el diplomático cubano Luis Fernández Oña se materializó exclusivamente por órdenes de Fidel Castro.

Fernández Oña –fallecido a los 80 años en La Habana, el 2016- era capitán del servicio de inteligencia de Cuba y recibió instrucciones de relacionarse con Beatriz más por un interés político de Castro que por un nexo sentimental. En las ‘Memorias de un soldado cubano’, el autor se refiere a este personaje como "Demid", su chapa: “después del Golpe contra Allende, llega ‘Tati’ exiliada a La Habana y se entera que su marido no se había casado con ella por amor y que su relación con Fernández Oña con ella fue producto del cumplimiento de una misión que se le encomendó como agente de la Seguridad cubana, y que, además, había vuelto con su antigua esposa habanera.

Tras saberlo, Beatriz (34) se suicida el 11 de octubre de 1977, después de escribir una larga carta a Fidel Castro.

En el texto, Dariel Alarcón –Benigno- aporta más antecedentes: “la carta fue leída, antes que Fidel, por varios chilenos que llegaron a la casa de ‘Tati’ al enterarse de su muerte. Para callar a esos compatriotas suyos, militantes del MIR, se les llevó a casas confortables, se les dio autos, tarjeta de crédito general y toda una serie de privilegios”.

En una publicación firmada por Alma Fernández, hija de Fidel Castro, se revela que ese matrimonio fue parte de una “misión” de Fernández Oña en Chile. Salvador Allende lo había aceptado como jefe coordinador del GAP, su equipo de seguridad conocido como Grupo de Amigos Personales del Presidente, gracias a la sugerencia de un agente chileno entrenado y formado en Cuba, apodado el Guatón”.

Hay 9.383 identificaciones de muertes y desapariciones documentadas en el Archivo Cuba, dirigido por la cubana exiliada en Estados Unidos, María Werlaud, atribuibles a la revolución. Uno de los nombres que figura en el registro es el de Beatriz Allende Bussi.

“El de ella entra en los 3.390 casos de suicidios por razones políticas. Hay testimonios de que ella dejó una carta en la que culpa a Fidel Castro de este drama familiar. Tenemos testimonios de varias fuentes directas de que, efectivamente, Fernández Oña, marido de ella, tenía una familia en Cuba y que le fue ordenado iniciar esa relación amorosa para acercarse a Salvador Allende y obtener información. Según consigna el Archivo Cuba, la madre de la ministra de Defensa fue objeto de una operación de inteligencia cubana para penetrar en el círculo íntimo de Salvador Allende, incluso antes de que asumiera la Presidencia de Chile. Luis Fernández Oña, capitán del servicio de inteligencia, recibió instrucciones de seducir a Beatriz; cuando ella fue designada Jefa de Gabinete de su padre en La Moneda. Dice: “Fernández Oña fue trasladado a la Embajada de Cuba en Santiago como diplomático, con órdenes de divorciarse de su esposa y casarse con Beatriz para obtener información privilegiada para el régimen de Castro”.

Fernández Oña regresó con su antigua esposa y Maya, su hija, lo siguió visitando hasta su muerte. “Cada vez que viajo a La Habana lo hago radiante de alegría” escribe en su twitter la ministra en los días previos a sus frecuentes visitas a la isla paraíso del comunismo.

Según el Presidente Boric, su nombramiento en Defensa “es todo un simbolismo”, sin embargo dicha explicación no les calza por ninguna parte a los mandos de las Fuerzas Armadas, que a regañadientes tendrán que decirle jefa a una hija de un cubano y no precisamente de un disidente, sino de un frío y frívolo agente que se dedicó a espiar a un Presidente de Chile, nefasto, pero Presidente de este país.