LLANTO HIPÓCRITA



VOXPRESS.CL.- Los siguientes son trozos (textuales) del discurso del Presidente de la República durante una ceremonia litúrgica en memoria del cabo de Carabinero Eugenio Naín Caniumil (24), asesinado por comuneros terroristas de izquierda, en Metrenco, La Araucanía:

“Carabineros de Chile es una institución fundamental de la República. Es la primera línea en la defensa de nuestras libertades, seguridades y de nuestra paz. Es la primera línea en la defensa del orden público y la seguridad ciudadana; es la primera línea en la defensa del Estado de Derecho y la democracia. Somos muchos los que cumplimos con nuestro deber…, pero son muy pocos los que juran que están dispuestos a entregar sus propias vidas por proteger las nuestras. Este crimen no va a quedar impune".


No pareció lo más atinado aprovecharse de una circunstancia tan luctuosa para hacer una oda a la hipocresía, porque todo lo que dijo –sentidamente, desde luego- el Presidente, no sintoniza con lo que ha sido su proceder con Carabineros, desde octubre del año pasado. Su ‘homenaje’ por tanta grandeza de dicha institución no fue más que un fallido intento por tapar el sol, su propio sol, con un dedo.


Sólo semanas atrás, su ministro de Justicia le detalló al INDH los funcionarios sancionados y dados de baja, precisamente por ser primera línea, defensores de la democracia y del Estado de Derecho.


En su discurso resaltó el rol de Carabineros de celadores del orden público y de protectores de la ciudadanía, pero con su venia se le ordenó replegarse y dejar a todo un barrio y vecindario desprotegido la tarde del 25 de octubre en Plaza Baquedano, permitiendo el saqueo e incendios por parte de turbas extremistas.


Es el Presidente un testigo mudo de cómo entre la Contraloría General y la Corte Suprema descabezan el alto mando institucional, por la “responsabilidad que le cabe” en la represión al Golpe extremista que intentó derrocarlo precisamente a él.


Para coronar su fariseísmo, el Presidente poco menos que juró que “este crimen no quedará impune”, siendo que sólo en el 2020 han ocurrido cinco crímenes a manos terroristas y no hay un solo imputado y, menos, un solo detenido.


Lo más llamativo de su fingida oratoria fue, aunque de pasada, una alusión a que él cumple con su deber, afirmación totalmente falsa, porque el suyo, de ser efectivo, habría reforzado la autoridad a Carabineros en lugar de inhibírsela; le hubiera dado más facultades operativas en vez de restringírsela y lo hubiese provisto de armamento potente en su rol de primera línea y no reducirlo al uso de tres balines de goma. Él, personalmente, se ha encargado de amedrentar a su personal con “la aplicación de penas severa” por violar los derechos humanos, pese a que el cabo asesinado circulaba en un carro sin blindaje en una zona violentísima, lo que permitió que la bala de gran calibre disparada por uno de los terroristas perforara con gran facilidad la carrocería hasta impactarlo a él.


Un camionero que, segundos antes de la emboscada, pasó por allí, recibió un balazo con un proyectil idéntico y que atravesó todo el motor de su vehículo.

En una versión menos parabólica que la del Presidente, la izquierda también se hizo presente con sus “condolencias”, pero, siempre, poniendo en duda cualquiera versión coincidente con la de Carabineros. Testimonios y videos dan cuenta de que la autoría corresponde a una decena de terroristas encapuchados que se aprestaban a instalar barricadas para incendiar camiones, quienes, sin disimulo, cruzaron la Ruta 5 desde una caletera para cometer el crimen.


Dos diputados del Frente Amplio -partido que se negó a rechazar la violencia política- tuvieron sintomáticas reacciones sobre el episodio. Pablo Vidal exigió que “se investigue a fondo para conocer a los ‘verdaderos’ autores”…, en tanto Catalina Pérez, tras “lamentar” el fallecimiento del cabo, expresó que “se trató de un ajuste de cuentas entre vecinos”.


El periodismo televisivo aprovechó la ocasión para desnudar su parcialidad: insinuó que la culpa fue de la víctima “por no estar preparado para hacer frente” a una emboscada, para variar, “de parte de desconocidos”. En la difusión de las noticias sobre el hecho, el énfasis no fue puesto en la acción terrorista, sino en que Naín “sólo era un conductor de radiopatrulla” y que, por ese mismo motivo, carecía de conocimientos sobre el control del orden público.


La CAM, con perfil cada vez más similar a las FARC, consciente de ser la autora intelectual de la subversión guerrillera en La Araucanía, se remitió a lo de siempre: culpar al Gobierno “por hacer oídos sordos” a las “históricas demandas del pueblo mapuche”, en su deleznable afán de involucrar al millón y medio de indígenas que habitan pacíficamente el país.

El origen de este episodio negro para Carabineros fue, como siempre, el sistemático rechazo de comunidades extremista “al desarrollo del capitalismo” en la zona. La comunidad Rotue, de Renaco Bajo, ocupó ilegalmente un predio en rechazo al proyecto eléctrico Nueva Metrenco, que planea una línea de alta tensión de 32 kilómetros entre las comunas de Padre Las Casas y Nueva Imperial.


Lo incongruente de esta historia que no recordará al cabo Naín como sí se recuerda a Camilo Catrillanca, es que a las pocas horas de consumada la criminal emboscada, la extrema izquierda consiguió que se aprobase la acusación constitucional, y su posterior renuncia, contra el ministro del Interior por su “blandura” en el paro de camioneros que protestaron, precisamente, por la ley de la selva que impera en La Araucanía. Carabineros, una institución “tan fundamental para la República”, como lo dijo el Presidente, ni siquiera pudo hacer un duelo por su joven funcionario abatido por el terrorismo, a raíz de que el ejercicio de la más asquerosa política que se ha conocido en el país, se lo impide.

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