LA HERENCIA DE UNA ODIOSA


VOXPRESS.CL.- Casi de lógica elemental fue la conclusión a que llegaron millones de compatriotas cuando ---primero--- al atemorizado Presidente de la República le fue impuesta la convocatoria a un plebiscito y, luego, cuando, por mayoría de votos, prevaleció la voluntad de sepultar la actual Constitución Política del Estado para sustituirla por otra ‘a pinta’ de la izquierda.


El resultado, como se conoce de sobra, fue desastroso: al mezclar tres elecciones totalmente disímiles en una misma fecha, el Gobierno se pegó un tiro en el pie y facilitó que el ente encargado de redactar la futura Carta Fundamental quedara abrumadoramente en manos del extremismo revanchista. Lo que debió ser un cuerpo colegiado con el componente humano más selecto y pensante del país, por elección “del pueblo” quedó integrado por una pandilla de vengativos odiosos que prometieron ante una bandera que no es la chilena, refundar al país, hacerlo de nuevo e inventar una sociedad, a partir de ahora, basada en el bien común que entiende el comunismo.


Ese espectro de asamblea se llamó y se llama Convención Constitucional, integrada, entre muchos, por representantes de movimientos enanos, parciales y preñados de resentimientos de todo tipo. No pocos de sus delegados tienen, y con suerte, el octavo básico rendido.


Casi el 80% de sus 155 convencionales electos, fueron participantes y protagonistas de la subversión del 18/O destinada al derrocamiento del Presidente de la República, una operación que nada de democracia tuvo y planificada en el corazón de la dictadura comunista de Venezuela.


Este solo antecedente deslegitimó desde su nacimiento a la Convención por no tratarse de un órgano independiente y neutral, esto es, el más inapropiado para redactar una Constitución democrática para todos los habitantes y no sólo para unos pocos. Fue esta arbitrariedad de origen la que indujo a que su primera presidenta fuese la aborigen de Traiguén, Elisa Loncón, una agitadora política, vinculada al PC, cuyas ONG’s le financiaron estudios en el extranjero: es profesora de inglés y de mapudungún. A sus 57 años sintió que estar a cargo de la Convención era la oportunidad de ser el personaje que, probablemente, soñó durante toda su rebelde vida. Al cumplir su período de un año en el cargo, su único balance fue criticar duramente a La Moneda y, en forma específica, al Mandatario que desde noviembre de 2019 pavimentó el camino para que ella llegase hasta allí. Lo acusa de “no haber prestado ayuda a la Convención”, siendo que ésta es y se declara autónoma y totalmente independiente.


En su despedida, los delegados, incluso los afines al extremismo suyo, le agradecieron su rol en la instalación de la asamblea y la censuraron por todos los problemas comunicacionales que tuvo, y ha tenido, el organismo.


No sólo comunicacional fue su problema, sino de personalismo y arbitrariedad, al convertir un ente supuestamente supranacional en una comunidad mapuche casi terrorista, que tuvo la osadía y la irrespetuosidad de ningunear al pabellón patrio y al himno nacional. Si en la historia del siempre cordial vínculo de las etnias con la sociedad criolla hubo alguien que más ha hecho por bajar compuertas, es ella.


Suelta de boca, provocadora e instigadora de la violencia, al respaldar impúdicamente el vandalismo urbano y el terrorismo en La Araucanía, lo único que obtuvo fue nutrir de desprestigio y desvaloración a la Convención.


En una realidad que no reconoce, debió bajar el tono de sus virulentos discursos y de imposiciones, todas indesmentibles, de castigos a los delegados que piensan distinto. El abrupto aumento de ciudadanos que rechazan el comportamiento anti democrático de la asamblea a su cargo, la obligaron a reducir su exhibicionismo y su estudiado histrionismo. Patrocinadora de las reuniones plenarias en Regiones, debió inclinarse a la abstención de estos mal llamados “trabajos territoriales” por el alto costo de los mismos y por la carencia de cultura de algunos delegados en los hoteles.


Miembro de una de las comunidades más combativas de la provincia de Malleco, los ciudadanos medianamente informados y con algún nivel de criterio, nunca entendieron cómo una chillona extremista que siempre privilegió una lengua étnica que no es ni mayoritaria ni universalmente conocida en el país, llegase a convertirse en una figura nacional e internacional. Nunca fue ni será una líder, sino una simple activista con las ideas muy claras en cuanto al rol que tenía que desempeñar para contribuir, y apurar, el paso del antiguo Chile a uno totalmente nuevo, que está recién naciendo.