LA DUEÑA DEL PS


VOXPRESS.CL.- Esta historia no es nueva ni desconocida. Días antes de que Ricardo Lagos le entregara la banda presidencial a Michelle Bachelet, a solas con su ministro del Interior y confidente José Miguel Insulza, le comentó: “¿te das cuenta de lo que es capaz de hacer una tanqueta?”.


Meses antes, en pleno invierno, y Siendo su ministra de Defensa, Michelle Bachelet, de casco y con parka militar, arriba de una tanqueta recorrió barrios populares inundados por un fuerte temporal que afectó duramente a varias comunas. Consecuencia de esa imagen, difundida ampliamente, trepó como un rayo por las encuestas hasta ser nominada candidata presidencial de la (ex) Concertación, postergando la heredada y casi exclusiva aspiración de Insulza.


Fue el inicio de una relampagueante trayectoria, que la llevaría a la Secretaria General Mujer de la ONU, a ser Mandataria en dos oportunidades y ocupar, ahora, el cargo de Alta Comisionada.


Ninguna de sus administraciones fue exitosa: en la primera, su pacto la quiso sacar a los tres meses de gestión, y en la segunda, su ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, le cerró la llave con que estaba vaciando las arcas fiscales para llevar adelante sus “transformaciones profundas”. Tras ambos períodos, le entregó la banda a un (supuesto) derechista.


La señora Bachelet, sin dominio del “arte de la política” como la denominan los macucos de este viejo oficio, tiene dos plus que le han permitido mantenerse sobre la línea de flotación: la admiración del socialismo internacional y su férrea adhesión al fomento del feminismo mundial. Fue ella la primera mandataria en el mundo en utilizar oficialmente el idioma neutro de género.

Si bien ha recibido innumerables críticas por su parcialidad en su visión y condena a los derechos humanos, tiene el total respaldo del Secretario General de la ONU, el portugués Antonio Guterres, y el socialismo internacional solidariza con ella, al no investigar y denunciar los presos políticos en Cuba, las desapariciones en China y las ejecuciones en Corea del Norte y en Venezuela.


Días atrás, se tomó el tiempo –dice estar ocupada a horario completo- para dar una entrevista en la que denunció que “después del 18 de octubre, en Chile se cometieron muy graves atropellos a los derechos humanos”, aludiendo sin evasivas a la actuación de Carabineros para neutralizar el vandalismo y evitar que las hordas llegasen a La Moneda.


El Comité de Seguridad de la ONU lo integran países que dominan el mundo, como China y Rusia. En el primero no hay libertad de internet ni menos de expresión y todavía no se explica la fulminante muerte del doctor que denunció la aparición del covid en Wuhan; y en el segundo, el ex agente de la KGB soviética, Vladimir Putin, acaba de dar una demostración pública de persecución y represión política con un líder opositor, y todavía tiene encarcelados a millares de moscovitas que salieron a las calles a protestar. Ante ambos casos, Bachelet ha guardado un prudente silencio para no herir sus sentimientos, los del socialismo internacional, los de la ONU y los de su querido PS chileno.


Considera, increíblemente al igual que el actual Presidente, que lo que hubo después del 18/O fue una “protesta social” y que, por lo mismo, resultó “injusto y abusivo” que se reprimiese a quienes se expresaron “pacíficamente”.


No dedicó una sola palabra en defensa de los derechos, humanos o de cualquier tipo, de los millares de sus compatriotas inocentes que sufrieron la pérdida de sus propiedades, el cierre de sus negocios o diferentes limitaciones que terminaron por llevarlos a la quiebra y, consecuencialmente, a la cesantía.


Este personaje tan tremendamente arbitrario, aprovechándose de su estatus internacional, se ‘tomó’ su partido, el Socialista, y se ‘tomó’, también, su precandidatura presidencial, al imponer el nombre de la postulante y el de los integrantes de su comando de campaña, todo ello ante el silencio obsecuente de los otrora duros caudillos de la colectividad.


Obligó a que fuera proclamada precandidata presidencial su íntima amiga, ex vocera de palacio y mano derecha suya en ONU Mujer y, hasta ayer, colaboradora del organismo para América y el Caribe, Paula Narváez, una psicóloga sureña, sin experiencia política alguna y sin atributos para ocupar el sillón de La Moneda. O sea, muy parecida a ella antes de saltar a la liza presidencial el 2005.


Para darle algo de peso -político e intelectual- a la precandidatura de Narváez, Bachelet la instruyó para que a cargo de su equipo de apoyo quedase su también amiga del alma Nivia Palma (60), abogada, con ella, directora del Servicio Nacional de Patrimonio Cultural y ministra de Bienes Nacionales. Siempre privilegiando a sus fieles compinches, no le importó que la recomendada ni siquiera fuese del PS, sino de la Izquierda Ciudadana.


La señora Michelle nunca ha estado muerta ni andaba de parranda. Al menos en el seno de la izquierda criolla, sigue teniendo incidencia, la que la demuestra con su potente decisión de manejar, a distancia, la precandidatura presidencial de su partido.

Bien por ella, pero que deplorable para el obsecuente pastor Elizalde y su rebaño.