LA DEMOCRACIA, SEGÚN JADUE




VOXPRESS.CL.- Está claro que se trata de un comunista atípico: parlanchín, nada de hermético, negociante como el mejor de los ‘capitalistas’, gran gastador de dineros públicos en la organización de festivales musicales, enloquecido por las luces de las cámaras y por los micrófonos y absolutamente diferente a lo que cualquier conocedor del PC pensaría lo que se entiende por militante disciplinado.


Daniel Jadue debe, ser por estos días, no sólo el comunista, sino uno de los políticos que se sienten con el derecho absoluto a hablar lo que se les viene en gana y expresar barbaridades como si se tratasen de verdades divinas. Involucrado en un gravísimo escándalo de sobreprecios en la adquisición y mantención de luminarias callejeras en su comuna de Recoleta, nadie se anima -o se atreve, más bien- a gritarle que se trata de un sospechoso investigado por la Justicia. Pero ésta, ni ningún fiscal y menos un juez, se urgen por dar luces respecto a una denuncia pública y relevante respecto a sus manos sucias.


Éste es el sello de, se dice, o lo dicen las encuestas, del político mejor evaluado de la izquierda…y de Chile, y al cual, hoy, se le atribuye tal cantidad de adhesión popular que, poco menos, se siente el próximo Presidente de la República. Aunque el propio PC tiene varias experiencias a cuestas que le invitan a cuidarse en esta materia, le saca cada vez más punta al lápiz en este sentido y sus dirigentes parecen enseñoreados ante estos aires de triunfalismo.


En medio de este estado de gracia, Daniel Jadue se atribuyó ser el heredero de Salvador Allende, esto es, reconstruir la parte faltante de su inconcluso Gobierno, lo que originó una inmediata reacción de su hija Isabel Allende Grossi, senadora PS, quien le aclaró que “estamos agradecidos de todos quienes colaboraron con mi padre, pero nadie puede atribuirse su herencia política”. Como si dicha respuesta le resbalase, insistió en el tema, anunciando que de ser electo en noviembre, “solicitaré un Estatuto de Garantías Democráticas a la democracia cristiana y a las Fuerzas Armadas”, ello en alusión a la experiencia, incumplida por lo demás, vivida por el fundador de la Unidad Popular.

Aunque más tarde aclaró que “no se los pediré por escrito” (¿?), su declaración originó una batahola en el ámbito político, indignación en la DC y silencio en las ramas castrenses.


El espanto originado por sus expresiones no se debió a la insolencia implícita en sus palabras, sino con relación a quién lo dice. ¿Cuál democracia es la que quiere proteger Jadue? ¿En la que hemos vivido y en la que aún vivimos o en la que proclama su partido?


Si en algunas de las ‘democracias’ comunistas que quedan en el mundo, un opositor, como él lo es hoy, plantease lo que él anunció acá, habría sido de inmediato detenido y, sin juicio, encarcelado. En los regímenes comunistas, y eso lo saben hasta los periodistas de la televisión, no existen libertades individuales, hay un solo partido -el rojo- y cualquier asomo de rebeldía es reprimido, incluso con la pérdida de la vida.


En las genuinas y auténticas democracias, se permite que cualquiera hable y que diga hasta lo más increíble, como lo hizo el alcalde de Recoleta. Aún más, su tamaña estupidez fue resaltada en todos los medios con grandes caracteres.

El punto de inflexión es que Jadue, cuando habla, se refiere a ‘su’ democracia, la que pone en práctica el comunismo cuando sienta sus dominios en un país. Ello, lo reafirmó horas después, al apoyar a una candidata de Comunes (FA) para la futura Gobernación Regional Metropolitana, una dura partidaria de la instauración de un modelo socialista totalitario.


Lo que Frei Montalva apoyó en septiembre de 1973 fue la defensa de una auténtica democracia frente a la amenaza marxista; ante la inexorable instalación de ella, después aplaudió la intervención militar. Al revés de aquella vez, ahora Jadue pide que no le vayan a amagar ‘su’ democracia, esto es, su régimen totalitario comunista. Para mayor gravedad de sus expresiones, hizo referencia a “la traición” de la democracia cristiana en aquella oportunidad.


Las Fuerzas Armadas, ya hace tiempo silenciadas definitivamente, no se hicieron eco de tan insólita advertencia, pero sí a quien tiene que hacerle sentido, y mucho, es a la DC, la que, gobernando con la Nueva Mayoría, fue el vagón de cola de un convoy tirado por el PC.


La democracia cristiana, infiltrada hace tiempo por el socialismo, tiene de una vez por todas que correr la cerca hacia certezas rotundas y perennes de que su identidad está muy lejos del comunismo. Dura le resultó la abstención de ayuda económica por parte de la Fundación Adenaduer por su alianza con el PC durante el segundo Gobierno de Bachelet. Su fundación acredita que la DC es un partido cristiano -sí, cristiano- y no ateo, como sus últimos acompañantes de ruta.


En este confuso juego de dejar en evidencia su complejo anti-derechista, la DC ha caído en responsabilidades graves en cuanto a lo que hoy está pasando en Chile, y de ahí que resultasen levemente esperanzadoras las palabras de su presidenta subrogante, Carme Frei, tras el triunfo de Claudio Orrego como gobernador regional capitalino: “no estamos por demoler lo que tanto nos ha costado construir”. Ojalá sea el primer paso de su término de romances y coqueteos con el comunismo, porque de mantenerse en ese círculo, por una conveniencia que no es tal, lo seguirá pasando mal.