LA CONSTITUCIÓN “EXCLUYENTE”


VOXPRESS.CL.- Fernando Atria Lemaitre (58), abogado y académico chileno, nacido en Queens, Nueva York, es un experto en derecho constitucional y, en esa condición, debiera ser uno de los más templados y técnicos entre los convencionales constituyentes. Sin embargo, su pasado socialista y su actual cercanía con el Frente Amplio le han hecho perder un necesario apego a la realidad, y, al igual que el resto de los delegados, se ha transformado en un revanchista más, ansioso y obsesivo por ‘pasarle la cuenta’ a la Carta Magna del 2005 que se halla en sus últimos estertores.


La distorsión histórica de la Convención la está conduciendo - como parte de la ciudadanía se ha percatado- a una gestión que puede resultar trágica para el país en todos los aspectos que abarca un documento de esta naturaleza. Probablemente sin darse cuenta de ello, con su afirmación Atria reveló un sentimiento arraigado entre los constituyentes que explica el porqué de tanto odio, resentimiento y venganza en lo que están haciendo. Dijo: “la derecha fue la que sostuvo una Constitución que excluía al resto”.


Su afirmación parece un anacronismo, hasta con aroma a ignorancia, ya que la vida institucional de Chile -excluida la última década del régimen militar- demuestra, y sin contrapesos, que esta Constitución agónica permitió el desarrollo normal de una democracia estrujada al máximo, incluso pasada a llevar y vulnerada por quienes hoy la mancillan por “excluyente”.


Siendo de su misma esfera ideológica, Atria, intencionalmente, omite que el 2005, el Presidente Ricardo Lagos le extirpó todos los “enclaves autoritarios” y la proclamó, oficial y categóricamente, como una “Constitución totalmente democrática”. El autor de dicha frase y de los cambios al texto “excluyente” no es de derecha. Por tanto, Atria peca de falaz en su sesgada afirmación. Además, y también quizás sin proponérselo, deja ver el por qué la Constitución a la cual él está contribuyendo a redactar, es tan brutalmente excluyente: se trata de una simple revancha política.


Calificar de “excluyente” a la Constitución en retirada es como el ciego que no quiere ver, porque fue ella la que sostuvo casi sola el Estado de Derecho, amagado dramáticamente por el vandalismo ideológico, por la subversión y el terrorismo. Parece inaudito, pero es así: teniendo en sus páginas claramente establecidas las normas para mantener el orden público, éste fue vulnerado casi a diario, y un régimen democrático, elegido libre e informadamente, estuvo a punto de ser derrocado y quienes más pagaron los platos rotos fueron los comisionados por esa misma Constitución para mantener e imponer la paz ciudadana.

Las “exclusiones” a que hace referencia Atria las originó la izquierda opositora, al negarse a que el Ejecutivo, aunque con su cobarde complicidad, pudiera hacer prevalecer lo que ordena la Constitución.


Es más, apabulló al presidencialismo establecido en la Carta Magna para transformarlo en Parlamentarismo de facto, lo que no figura en ninguna parte. ¿Excluyente?


La violencia callejera, la maquinada inmigración ilegal y el terrorismo rural en el sur superaron, y por mucho, lo que manda la Constitución para evitarlos y combatirlos, y ello refleja tajantemente que esta “egoísta elaboración de la derecha” terminó siendo tan permisiva y al límite, al puno de tolerar lo inaceptable.


El extremismo empujado por la izquierda en su conjunto, violó cuantas veces quiso la Constitución, y la oposición -aunque con el consentimiento gubernamental- vulneró hasta la saciedad las atribuciones exclusivas del Ejecutivo. En la revanchista Convención en vigencia, se aseguran garantías extraordinarias para sectores, según los delegados, “postergados” en la actual Constitución, sin embargo fue durante ésta cuando las mujeres y el mundo homosexual aseguraron más beneficios, derechos y ventajas que nunca, y también durante ésta, a los comuneros mapuches en pie de guerra no se les tocó un solo pelo.

¿Dónde está la exclusión? ¿Qué hizo la culpable derecha? Ni siquiera la defendió.


Desde el retorno de la democracia, un sistema de vida asegurado y garantizado en la actual Constitución, nunca se vivió un período de tanta virulencia y odiosidad como el que ha imperado en el país desde octubre de 2018. Este ambiente de permanente subversión, inestabilidad y revuelta fue planeado y liderado por quienes hoy vociferan estar haciendo una Constitución genuinamente democrática. No obstante, diabólicamente, denostan a la que están pisoteando y la que les permitió violar impunemente cuanto derecho se les puso por delante.