LA CLAVE DE LA ESTRATEGIA



VOXPRESS.CL.- Aunque sólo en julio la propaganda será oficial, las campañas en favor del Rechazo y/o el Apruebo para el plebiscito de salida ya se encuentra en pleno desarrollo. Hace muy poco, el Partido Comunista, para retratar la extraordinaria importancia que el extremismo y la izquierda en su conjunto le otorgan a la elección obligatoria del 4 de septiembre, la definió como “la batalla de todas las batallas”.


La coalición oficialista, sus partidos afines y muy particularmente La Moneda, saben que una derrota electoral marcará no sólo el fracaso de una Constitución instrumentalizada para instalar el totalitarismo socialista, sino será, también, el prematuro fin de este Gobierno.


Ambos ‘fenómenos’ políticos, la Convención constitucional, y el arribo de Gabriel Boric a La Moneda, son hijos directos de la revuelta del 18/O y se combinaron, y comprometieron, a dar una lucha conjunta para materializar la refundación del país. De hecho, el Presidente lleva varias semanas en campaña no en favor de su gestión -porque la sabe una quimera-, sino empujando apasionadamente a la Convención y respaldándola, sin tapujos, con todo tipo de ayuda, siendo la financiera la más descarada, ello en medio de una descomunal crisis financiera fiscal.


El PC, quien lleva la voz cantante al interior del Gobierno, tiene claro que la izquierda, ni con la Unidad Popular de Salvador Allende, pudo lograr una conquista de fábula como le resultaría disponer de una Constitución totalitaria y socialista, obligatoria de cumplir. Sean cuales fueren los futuros Mandatarios y autoridades en general, tendrán que remitirse a una Carta Fundamental elaborada por la izquierda más desvergonzada, arbitraria y odiosa que se recuerde en el país.


La Moneda se halla tan jugada por el Apruebo que cerró la puerta a dialogar, como lo sugirió Boric, a cualquiera alternativa en caso de triunfar el Rechazo. Ello, es claro, al margen de que no era una buena señal dejar entrever la posibilidad de una derrota.


Es entendible que los comunistas la definan como la madre de todas las batallas, y, en consecuencia, si el extremismo se jugará la vida el 4 de septiembre, también será la fecha que marque el destino para los ciudadanos libertarios y democráticos.

Ésta vez, la amplia gama del anti-izquierdismo tiene una ventana de la cual nunca ha dispuesto en los enfrentamientos electorales ideológicos: cuenta de su lado con factores anti-ciudadanos plasmados en el borrador constitucional, como el despojo de la propiedad privada y la pérdida de libertades individuales. El abordaje para castrar los artículos totalitarios y segregacionistas, hay que asumirlo no con un tono panfletario, sino didáctico, ejemplificador y explicativo, con borrador de la Constitución en mano y con todas las arbitrariedades bien subrayadas, en un puerta a puerta que ya debería estar comenzando.


Esta batalla de todas las batallas tiene que darse, cueste lo que cueste, en dos frentes: en el despliegue territorial lo más recatado posible, en cuanto a no hacer ostentación de él, y en un bien elaborado libreto que incluya mucho más allá de la tradicional franja electoral, poniendo especial énfasis en la radiofonía, expresamente en la rural.


Apostar todas las fichas a las redes sociales -instagram y tik tok- es una apuesta de doble filo, porque si bien son las que hoy “la llevan”, tienen limitaciones que no se pueden ignorar: parte sustantiva del electorado de 60 años no las domina o no las tiene, y es en ese sector donde se halla el mayor número de indecisos porque jamás se han informado de la Convención, no leerán el borrador y son los más reacios a pérdidas de derechos que les costó una vida ganárselos.


Además, las aplicaciones actuales permiten seleccionar el material que la persona quiere recibir en su móvil, de tal modo que los ‘mensajes’ anti-izquierdistas no suelen ser recibidos y/o escuchados por los izquierdistas y viceversa.


Michelle Bachelet dejará en julio su cargo de Alta Comisionada para los DD.HH. en la ONU y viajará rauda a Santiago justo en el mes de campaña electoral oficial. Su discurso, dirigido a los antiguos adherentes de la Concertación y de la Nueva Mayoría, será netamente político y apuntará al consabido discurso del “fin de las desigualdades” tantas veces prometidas e imposibles de cumplir por realidades económicas. La izquierda fue la inventora de libertad de todos los derechos personales habidos y por haber, pero jamás, al menos en un Chile libre, ha podido dar respuesta a sus promesas de educación y salud iguales para todos, y menos a sus discursos respecto a viviendas para todos.


Ahora, la ciudadanía democrática tiene la oportunidad a la vista, porque la proyectada Constitución obliga a todos a atenderse a un sistema público sanitario en hospitales atochados y a la enseñanza municipal, porque se termina la particular subvencionada.


El texto del borrador, ya aprobado, establece el derecho a expropiación “de cualquier propiedad”, el que se pagará a “un precio justo” fijado por el Estado, y los comuneros comunistas, no así las familias mapuches, tendrán acceso a terrenos gratuitos, beneficio ignorado para el resto de los chilenos.


La presidenta de la Convención aseguró que ésta será “la primera Constitución hecha por la ciudadanía”. Falso. Una de las “propuestas populares” solicitadas por los convencionales, con un mínimo de 15 mil firmas, llegó a las 65 mil: la referente a que los ahorros previsionales son propiedades de los trabajadores, inmanejables por el Estado: fue dejada totalmente de lado, ignorada, porque el nuevo sistema de jubilaciones será exclusivamente público, de reparto y solidario. Ello es un despojo a millones de chilenos.


El que la Convención se haya farreado millones de recursos fiscales en pasarlo bien y perder el tiempo en vez de destinar esos fondos a ayudas sociales, casi es una anécdota al lado de las innumerables violaciones de sus derechos a una mayoría ciudadana y de beneficios exclusivos para una minoría extremista.


Es este mamarracho elaborado con mala fe, el que jugará un rol decisivo para esta batalla de todas las batallas. Su texto, exhibido, subrayado y mejor explicado a la población, es el que puede salvar a Chile de la peor de las tragedias a que se ha enfrentado en su historia.