LA CARTA MÁS CHICA


VOXPRESS.CL.- Con ese envalentonamiento y carácter típicos de los seres de poca estatura, Mario Desbordes se aprestaba a recibir a una avalancha de periodistas para “dirigirse al país” en su flamante calidad de candidato de RN a la primaria presidencial de Chile Vamos.


Alentado porque nadie compitió con él, y orgulloso por ser el segundo aspirante a internas oficialmente ungido por su respectiva colectividad, RN, -después de Daniel Jadue, por el PC—, su casa de la comuna de Colina era el escenario familiar perfecto para dar vida a esta puesta en escena.



Sin embargo, la naturaleza y la ONEMI dijeron otra cosa. Pocos minutos antes de su ‘aparición en escena’ por las pantallas de los canales de TV, los reporteros que se preparaban a entrevistarlo, debieron abandonar raudos Colina para dirigirse a la ONEMI o a otros sitios: dos sismos y una alarma errónea de tsunami llegada a millones de teléfonos móviles, habían trastocaron sus planes. Desbordes se quedó esperando y esa noche, la misma de su proclamación por parte de RN, nadie hablo de él ni nadie, tampoco, supo de su designación.


“Castigo de Dios” dijeron los delegados opositores que, en número de 90, se negaron a su proclamación en el Consejo General RN realizado, vía telemática, para elegir al competidor en la primaria presidencial de Chile Vamos.

Recibió el respaldo de 269 consejeros, esto es, el 72% de los votos, algo poco estimulante para él, considerando que compitió solo.


El otro que había anunciado su participación, el senador Francisco Chahuán -incluso, inscribió su nombre-, dos días antes de la asamblea virtual se retiró y congeló su militancia de 37 años en el partido “por falta de transparencia y democracia interna”.

En los años en que fue Secretario General y, después, presidente del partido, Desbordes montó una máquina realmente arrolladora, destinada a imponer su visión de “una nueva derecha”, proveniente de los tiempos de Rodrigo Hinzpeter y de su gran influencia sobre Sebastián Piñera en la primera candidatura y Presidencia de éste.


Antes de su designación como precandidato, Desbordes anunció una “gigantesca operación” en su contra de parte de “poderes fácticos” por su empeño de imponer en el partido una sensibilidad distinta a la derecha tradicional.

La “nueva derecha” fue la que llevó al fracaso al primer Gobierno de Piñera, y ese criterio lo está conduciendo, tristemente, a repetir la actuación, en ésta, su segunda administración.


Con un poder materializado mediante las redes internas que fue tejiendo como Secretario General y, luego, como presidente, Desbordes generó cuñas potentes e impenetrables en varios Consejos Regionales, llegando al punto de una férrea incondicionalidad. Su estiló para sumar militantes fieles lo basó en su condición de “un simple clase media”, nacido y criado en La Cisterna, que ingresó a la Escuela de Carabineros para llegar hasta subteniente, retirándose para hacer una rápida carrera funcionaria en Gendarmería en los Gobiernos de la (ex) Concertación. Debió retirarse con la llegada de la Nueva Mayoría, aprovechando ese tiempo para estudiar en forma vespertina la carrera de abogado.


Se hizo muy cercano a Piñera en el seno del partido, y éste lo escogió para que fuese su comando de prevención en el marco de su primera campaña presidencial. Fue el gran interlocutor que tuvo el Mandatario con la oposición el 15 y 16 de noviembre de 2018, cuando, para evitar su renuncia, accedió al plebiscito y a una nueva Constitución.


Como jefe de bancada de diputados RN fue conflictivo, al punto que varios de sus colegas renunciaron a participar en dicha instancia, y cuando Piñera lo integró al gabinete ministerial para superar su pugna con Andrés Allamand, dejó “amarrada” a la directiva partidista, quitándole toda neutralidad y dirigiéndola “a distancia”.


En momentos en que sus diputados más sobresalientes tomaron la bandera del Rechazo, él anunció que, al igual que su jefe en La Moneda, iba a ser un paladín del Apruebo.


En vísperas del Consejo General, 14 parlamentarios solicitaron a la mesa proclive a Desbordes, que decretase libertad de acción porque, así de simple, preferían que el precandidato que representase a RN fuese Sebastián Sichel, un independiente sin militancia.


RN es sólo una pata de la mesa de cuatro que compone la coalición de Chile Vamos. El apoyo del PRI a su nombre es irrelevante por su miniatura colectiva, de tal modo que, trazando una raya para la suma, la opción de Desbordes en la primaria interna se ve, desde ya, muy opacada por la potencia de los precandidatos que presentarán la UDI, Evelyn Matthei, y EVOPOLI, el ‘pintoso’ Ignacio Briones, uno de los ministros de mayor exposición pública del actual Gobierno.


Propio de sus sueños de grandeza se interpretó, en el seno de RN, la reacción de Desbordes, luego de ser proclamado como precandidato: “tengo tiempo para ordenar al partido”. Esa sola expresión refleja la causa de que por donde va, deja una estela de divisiones y desencuentros.


De todos los precandidatos de Chile Vamos, él es, lejos, el más chico, y no sólo de estatura, porque dado su pensamiento político parecer representar a un partido de centro/centro e incluso socialdemócrata, pero jamás a una colectividad históricamente de derecha fundada para frenar a la izquierda, y no, como él, para hacerle el juego.


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