LA APLANADORA CONVENCIONAL


VOXPRESS.CL.- A dos meses de su instalación, la Convención Constitucional ha dado innumerables muestras de que está yendo por el camino que se propuso, apenas la oposición le impuso al Presidente de la República una nueva Carta Fundamental: imponer, casi a la fuerza y a los gritos, lo que una minoría de extrema izquierda se propuso con la subversión del 18/O. Todas las señales y acuerdos dadas y conocidos hasta la fecha, dejan en claro que el proyecto revolucionario avanza rápido en favor del totalitarismo estatista y en contra de la democracia y sus valores.

Consecuencia de una de las elecciones más catastróficas y trágicas en la historia de Chile, la de los convencionales, una minoría resentida, odiosa y vengativa se tomó la Asamblea para imponer sus pautas ideológicas, ya sea por la razón o por el sometimiento a quienes se oponen. Decididamente, estos feroces dominantes omiten las opiniones divergentes, castigan a quienes las emiten y los califican de “boicoteadores”. No dudan en violar las normas que crearon la Convención y a 60 días de su funcionamiento resolvieron desconocer que todos los acuerdos deben ser tomados por un 2/3 de los delegados o, en caso contrario, la moción se rechaza, tal como ocurre en el Congreso Nacional: resolvieron que para las materias en que esta minoría no logre imponerse, se irá a plebiscitos dirimentes, para que sea la “ciudadanía”, esto es, los vandálicos “luchadores sociales”, los que determinen.


Todo este abuso se hace a vista y paciencia de la población, la que continúa más interesada en los pases de movilidad, los feriados y los viajes fuera de casa antes que en el futuro del país. Apenas un puñado de apoderados salió a protestar por la resolución, ya asumida, que los padres dejarán de tener influencia en la educación de sus hijos. En la actualidad, el 70% de los tutores elige el colegio en el cual quieren matricular a sus menores, desde un particular hasta un municipalizado, pasando por los subvencionados, pero la Convención decidió que “eso ya no correrá” y que ahora será sólo el Estado el que decida el futuro escolar del hijo.


Respecto a Carabineros de Chile –fundado en abril de 1927-, ya se selló su destino: no existirá más y será sustituido por una policía “ciudadana” que no porte armas y que por ningún motivo se le ocurra repeler los ataques callejeros de extremistas y anárquicos.


Es de imaginar la suerte que correrá un solitario proyecto UDI que pide permitir la destitución de los convencionales, al menos cuando se les compruebe alguna irregularidad o un vicio en su designación, Como ocurrió con la trampa de la Vocería del Pueblo para la inscripción de su candidato presidencial.


A menos de dos meses de su funcionamiento, el vicepresidente de la instancia, Jaime Bassa, anunció que “es un hecho” que solicitará la prórroga del ejercicio de la entidad, porque, “con absoluta certeza”, su trabajo no estará listo el 4 de abril del 2021, fecha tope para entregar lista la redacción de una eventual nueva Constitución.


Ese atraso es consecuencia lógica de las ‘prioridades’ que se auto impuso el puñado de delegados extremistas: antes que todo, hacer campaña por la liberación de “los prisioneros políticos de la revuelta”. Ellos alegan que son 805 y la Fiscalía los cifra en 53, y exclusivamente por delitos comunes.


Nunca en Chile se le había presentado a la extrema izquierda una oportunidad de imponer legalmente sus postulados, los que son la antítesis de los de un país forjado con los mayores esfuerzos desde su independencia.


Ciñéndose a prácticas no democráticas, esta minoría extremista, mediante su comisión de ética, estableció medidas de castigo con el silencio obligatorio para quien hable mal o critique las prepotentes iniciativas de los “luchadores sociales”. Ésa, la de callar a la fuerza a los demás, es una costumbre en los regímenes totalitarios comunistas, donde nadie puede referirse críticamente a las cúpulas gobernantes; ello, además, constituye un atentado a la norma reconocida mundialmente sobre la libertad de expresión. La presidenta de la Convención, Elisa Loncón, homenajeada por el propio rector de la Universidad Católica en su calidad de profesora de la Facultad de Letras, manifestó que “los convencionales de derecha sólo están aquí para boicotear”, esto es, en el alma de la izquierda se desconocen conceptos como el disentir u opinar distinto.


Ella y sus compinches aseguran que no representan al pueblo, sino, “somos el pueblo mismo tomando decisiones”, pero sus actividades las realizan de espalda a la gente que afirman defender, pues tienen prioridad en viajes aéreos, se han gastado hasta 6 millones por la permanencia de una sola persona durante una semana en un hotel cuatro estrellas y una de sus exigencias para que se les reajustasen sus ingresos fue mejorar sustancialmente la calidad de sus almuerzos.


Organizan “asambleas populares” en provincias –estuvieron en Arica- para conocer directamente lo que quiere y piensa la ciudadanía, pero obviamente la afín. Su último trabajo “en terreno” fue en la cárcel, Santiago 1 para conocer los derechos humanos de los presos. ..


Se ignora acaso han agendado reuniones en los campamentos de emergencia de extrema pobreza, con las mujeres agredidas y violadas o con madres que no pueden sustentar los fármacos para sus hijos moribundos. Este tipo de personas, que son chilenos comunes y corrientes que sufren, están fuera de sus objetivos y prioridades netamente ideológicas, destinadas a conquistar y refundar el Estado chileno.


Un grupo de parlamentarios democráticos (RN) intentó acceder al Tribunal Constitucional para poner en su conocimiento tanta arbitrariedad y el cúmulo de atropellos a las leyes en que han incurrido, pero casi fueron enviados a la hoguera. “Somos autónomos” gritaron los extremistas, pero olvidan que son fruto de una reforma constitucional votada en el Parlamento, y si quieren imponer los plebiscitos dirimentes y otras barbaridades más, tendrán que someterse, también, a la voluntad del Legislativo. La gran tragedia para el país, además de la indiferencia generalizada ante esta incesante aplanadora, es que el Congreso Nacional, un hipotético salvador, está también en manos de la oposición y dominado por los más duros de la izquierda.