JADUE EN AUXILIO DE BORIC


VOXPRESS.CL.- Mientras el Frente Amplio (FA), a quien pertenece formalmente el candidato presidencial del extremismo, Gabriel Boric, quema todos sus cartuchos al interior de la Convención Constitucional para, esta vez, tomarse el poder por una vía institucional, el comando de campaña del diputado sigue siendo abordado por militantes de peso del PC para llevar la voz cantante en su equipo.

En el área programática de la candidatura del extremismo se halla desde un comienzo la diputada Karol Cariola, “luchadora social”, ex activista de movimientos estudiantiles y líder de la bancada comunista en el Congreso. Días atrás, en un doble rol de vocera e integrante del área de programa, se incorporó Irací Hassler, economista y empresaria frutícola que está trastornando y llenando de ambulantes el centro de Santiago, de la cual es alcaldesa. Ella también fue una dinámica protagonistas de las movilizaciones universitarias, siendo dirigente de la FECh.

Pero, sin duda, la llegada de Daniel Jadue al comando boricista rompe todos los moldes de la ortodoxia comunista por su conducta individualista y no ceñida a la disciplinada verticalidad del partido. No hay que olvidar que, tras su derrota en la primaria legal del pacto extremista, el alcalde de Recoleta se quejó públicamente porque “empezamos tarde el trabajo territorial”, haciendo alusión a la tardanza de su colectiva en apostar todas sus fichas a él.

Después de un período de descanso luego de las electoral en República Dominicana, Jadue ha mantenido un bajo perfil, pero el PC lo quiere en un rol protagónico clave en la campaña, dado su importante atractivo personal, lo que redundó en una votación inédita para los comunistas en la primaria legal de la extrema izquierda.

Sabido es que esta sociedad FA/PC es exclusivamente “por el bien de la cusa”, ya que jamás la colectividad presidida por Guillermo Teillier ha perdonado ni olvidado que el frenteamplismo se armó sobre la base de jóvenes desencantados que iniciaron su vocación totalitaria en las JJ.CC. y en la anárquica proliferación de movimientos de “nueva izquierda” surgidos en el ámbito estudiantil y, todos, con una fuerte formación doctrinaria afín al comunismo.

De gran carácter y con una maciza vida académica a cuesta, Jadue posee mucho más peso que el candidato presidencial, sobre quien en el propio Frente, existen reparos por su poca jerarquía política y por su falta de experiencia para garantizar una gobernabilidad.

Es, precisamente, esta disparidad de aptitudes y competencias lo que dificultó el arribo de Jadue al comando boricista, ello por el muy fundado y explicable temor a las comparaciones. Pero, en rigor, el alcalde, más que un accionar público limitado por su calidad de jefe comunal, se abocará a afianzar los contenidos del “proyecto comunista” elaborado para su propia campaña para las primarias.

Una vez más habrá que recordar que el FA y el PC tienen un sello diferenciador que no hará fácil combinar ni amalgamar un programa realmente común. Los frenteamplistas carecen de un fondo político y nunca han participado en cuotas de poder o gobernado directamente, como aconteció con el PC en la Unidad Popular de Salvador Allende y en el segundo mandato de Michelle Bachelet. Es una montonera de ideas disparatadas de ejecución rápida, impulsadas por impacientes y gente ansiosa por imponer ya mismo sus criterios revolucionarios. Su corta trayectoria, que partió el 2016, ha estado salpicada de conflictos, divisiones, marginaciones y de pugnas internas, porque a ellos mismos les cuesta soportarse. Sus objetivos no están diseñados para una discusión política, sino para las revueltas callejeras.

En cambio, el PC aporta la clásica verticalidad del mando que caracteriza e identifica a todos los partidos comunistas en el mundo, y únicos en los casos de China, Corea del Norte y Cuba: al no existir democracia, no tienen cabida otras expresiones alternativas.

Con una doctrina casi invariable, con objetivos añejos pero perseverantes y con una disciplina casi militar, el comunismo garantiza organización y orden, precisamente dos factores que cojean en el frenteamplismo. La presencia de Jadue en el comando de Boric tiene sus riesgos: por tratarse de un tipo más atractivo y convocador que el magallánico, podría generar un roce interno de imágenes personales.

El desembarco de tan distinguidos tripulantes en el comando boricista, no dejará de originar urticaria en mucha de las pieles frenteamplistas, porque cualquiera con alguna pizca de información puede ignorar que, sea donde sea, la presencia muy visible del PC genera resquemores espontáneos, y estos aliados tienen muy presente que los votos exclusivamente del FA y del PC no son suficientes para llegar al poder, y van a requerir de otros flujos, vertientes y hasta de sus resentidos antiguos socios. Daniel Jadue, lejos el favorito de las encuestas y de los expertos electorales, no fue electo en la primaria legal extremista, y ello precisamente por ese acendrado reparo al comunismo, dadas todas sus sangrientas hazañas. Un antecedente cercano que refuerza esta tesis se dio el 2017 con la candidatura de Alejandro Guillier -un independiente con apoyo radical impuesto por el PC-, quien se cayó bruscamente en la segunda vuelta precisamente por el endurecimiento de su discurso.

No son tiempos aún de sacar cuentas alegres sobre la base de sondeos a menos de cien personas y todas de las mismas comunas populares, porque las encuestas, y a no olvidarlo, se cayeron, y feo, en las presidencial y parlamentaria de 2017.

En un escenario friccionado y revuelto como el actual, y azuzado por la Convención, Gabriel Boric, cara visible de la subversión del 18/O, debería ir subiendo como la espuma, pero se encuentra estancado, y de ahí la urgente necesidad de darle un empujoncito con activistas más avezados, fríos como el hielo y calculadores como los comunistas. Pero el pacto deberá tener presente que tan contundente ayuda no se vaya a transformar en el abrazo del oso.