IMPERIO DE PINGANILLAS




VOXPRESS.CL.- El siguiente es un diálogo que, hace poco, se produjo en un aula de una universidad capitalina, entre el académico a cargo de la clase y uno de sus alumnos:


-Profe, usted sólo por la pinta demuestra que es una persona adinerada…

-No, me visto bien por respeto a mi profesión y a ustedes, los alumnos.

-Pero comparado con quienes no tienen qué comer, ¡claro que es rico!

-Nunca hagas comparaciones hacia abajo, sino mirando, siempre, a quienes están más arriba. Al lado de los ricos de verdad, yo también soy pobre.


Toda sociedad está compartimentada en muchas fracciones y cada cual tiene que ubicarse en la que le corresponde, y ésa es la única vía de pasar la vida sin odiar a los demás.


Quizás no sea aquél un ejemplo ideal acerca de la convivencia humana en toda sociedad, pero, por su sencillez, refleja la absoluta imposibilidad de, alguna vez, alcanzar la manoseada igualdad pregonada por el socialismo internacional y, en estos momentos, por cuanto candidatillo ha surgido, y surge, para la diversidad de elecciones en el país. Es tan barata la oferta de postulantes, que quien aparece como favorito del extremismo, es especialista en imitar la voz del pato Donald.


La ‘venta’ ideológica se salta, adrede, la diferencia de tener dentro del cráneo un cerebro o un zapato. Con perversidad se instala en el consciente colectivo la convicción de quien ahora tiene poco, llegará a tener mucho, “como los ricos”. Parte importante del ‘pueblo’ hace fe de ello: el Estado se lo dará todo, y gratis.


No la política, sino la ciencia ha sido categórica en demostrar que sobre el planeta no hay un ser igual a otro, y ésta, por cierto, es la piedra angular de las infinitas diversidades de todo tipo. No obstante, la izquierda se empeña en convencer al ‘pueblo’ de que, algún día, todos serán iguales –como en las dictaduras socialistas-, sin importar diferencias tan básicas y naturales como la genitalidad.


La única igualdad universalmente reconocida es la de oportunidades: todo individuo debe tener, al menos una vez en su vida, el derecho a que se le abra una puerta, ya sea a la educación, a la salud, al progreso, a la vivienda y al trabajo. Son millones los casos consignados en el mundo de individuos que partieron de cero y llegaron a sitios que jamás imaginaron, y ello gracias a su esfuerzo y a que estrujaron al máximo la o las oportunidades que la propia vida o alguien les presentó.


Chile es generoso en ejemplos de experiencias de ‘patipelaos’ que tuvieron la desdicha de nacer en la pobreza y que terminaron siendo empresarios con algún grado de poder. Igualmente, es también muy dadivoso en casos de individuos que habiendo tenido muchas oportunidades para surgir y subirse al carro de la evolución personal, prefirieron dejarlo pasar cuantas veces quisieron. Son decenas de miles los ‘facilistas’ que postergan cualquier tipo de esfuerzo en pos de la vagancia y del dinero fácil que no les signifique un desgaste físico y, menos, mental.


Ejemplos de este estereotipo son los miles de jóvenes que hoy no estudian ni trabajan porque hallan recompensas rápidas en las pandillas de narcotraficantes, en la delincuencia común o en el vandálico gremio de “luchadores sociales” que ubicó a varios de los suyos –una vergüenza para el país- en la supuestamente solemne e intelectual Convención Constitucional. Líder de los comuneros comunistas de La Araucanía, Francisca Linconao no sólo hace sus discursos en lengua mapudungún, que no es la oficial de Chile, sino exige que se dirijan na ella como “machi y pidió la salida de Jorge Arancibia, ex CEJ de la Armada, desde la Comisión de DD.HH. para la cual fue designado por la Asamblea.


En casa de Linconao se orquestó el asesinato del matrimonio Luchsinger/McKay en Vilcún.


Se ha llegado a tales niveles de degeneración de los cargos públicos, que uno de los colectivos arrogantemente dominantes en dicha Convención, la Vocería del Pueblo, eligió a su propio precandidato presidencial, el sindicalista, ex PC y ex FA, el homosexual Cristián Cuevas, desechando por falta de tiempo una primitiva idea de hacerlo mediante un concurso, como si se tratase de un programa de TV.


Muestra de esta trágica realidad es que la atípica presidencia de la Asamblea, Elisa Loncón, tuvo la frivolidad de compararse con Nelson Mandela, al manifestar que carecía de los medios para solicitar la deposición de las armas en La Araucanía, como si en dicha zona no existiese una desquiciadora imposición terrorista comunista, sino un enfrentamiento entre dos bandos. Como el pinganillismo no es veraz, tuvo la desfachatez de culpar de la violencia rural al Estado, “por haber militarizado” ese territorio, siendo que, hace meses, nadie ha visto a un solo uniformado allí.


En estos momentos se encuentra al rojo el debate por un eventual cuarto retiro de un 10% de los fondos de pensiones impulsado por la oposición izquierdista, a excepción de la precandidata PS, Paula Narváez. Como contrapartida, la centroderecha es partidaria de que en lugar de continuar vaciando los ahorros personales, el Estado debe ampliar los plazos de su bono fiscal IFE que llega a 15 millones de hogares.


Lo inaudito de este tipo de ayuda financiera directa a las familias, es que ha incrementado el apetito de aproximadamente 1,5 millones de trabajadores por no buscar empleos o recuperar los que tenía pre pandemia. La razón: recibir dinero a cambio de no moverse de su casa.


Como el Fisco no puede eternamente seguir financiándole la flojera a este contingente de flojos, al menos en el caso de los varones debería revertirse el objetivo del bono y entregárselo sólo a quien acepta una de las 500 mil ofertas de trabajo existentes en el mercado, porque ello sí reactiva la economía, y no al revés, como está ocurriendo.


La situación general del país es más que inquietante, porque más allá de los relativamente tranquilizadores signos de recuperación, éste es apenas un ‘veranito de San Juan’. Chile no se está salvando de nada, sino, por el contrario, se halla en el medio de un puente colgante que se mece peligrosamente, no sólo por la amenaza política de un socialismo totalitario –“que se preparen” amenazó Gabriel Boric a los empresarios forestales-, sino, y esto es lo fatalmente catastrófico, por el imperio de pinganillas que están rigiendo las vidas de la población, una población que, sin duda, más adelante no dudará en llorar, pero cuando, por su indiferencia, sea demasiado tarde.