HASTA QUE LOS TRENES CHOCARON


VOXPRESS.CL.- Seguramente, nadie lo quiso, aunque se lo imaginó, y, con certeza, nadie hubiera deseado ser testigo de este potente choque de trenes, uno, la pandemia que no cede, y el otro, la ruina socio/económica/emocional de parte importante de la población.


Hace más de un año, a comienzos de abril de 2020, con el virus instalado en el cuerpo y alma del país, se empezaron a trazar, o, al menos, a pensar estrategias conducentes a que la peste no llegase a causar el desplome en la economía y, específicamente, no impactara con demasiada fuerza en los bolsillos del ciudadano común y corriente.


Están grabadas las declaraciones del entonces ministro de Hacienda, Ignacio Briones, quien se paseó por los canales de TV, llamando a la tranquilidad, pues, a su juicio, se trataba de “un virus pasajero que, se estima, no durará más de tres meses, y, en consecuencia, la economía se recupera rápido, y le tomará poco tiempo en hacerlo”.


Fuera cual fuera la fuente informativa que, en esa oportunidad, utilizó el ministro, no caben dudas de que, en vista del escenario actual, se equivocó medio a medio. En estos momentos, a poco más de un año de aterrizado el virus en el país, son 2,3 millones de habitantes los que dejaron de pertenecer a la clase media y cayeron en la vulnerabilidad, esto es, en la línea de la pobreza.


Probablemente guiado por el pronóstico del ex ministro Briones, desde un principio del conflicto sanitario, el Gobierno puso énfasis casi exclusivamente en la salud y en el refuerzo hospitalario, ello hasta que la curva de contagios obligó a una larga cuarentena, de casi todo el invierno, de la cual millones de familias no sólo salieron alteradas emocionalmente, sino arruinadas financieramente y millones, sin trabajo para siempre.


De una sola vez se perdieron 2 millones de puestos formales de trabajo, de los cuales, oficialmente, se han recuperado algo más de 500 mil.

En medio de tamaña calamidad, el precio del cobre vino en auxilio del Estado, que, pese a las renuencias naturales de Hacienda y a las presiones del Congreso opositor, tuvo que echar mano impensadamente a la caja fiscal, endeudándose, a regañadientes, mucho más de lo previsto.


Antes de fin del año pasado, el escenario no parecía tan catastrófico, y los daños en ambos trenes parecían controlados, hasta que se desató la segunda ola, ello en gran medida por errores en el manejo de la crisis pero, también, por el idiotismo de cierta parte de la ciudadanía que rehusó respetar las medidas restrictivas.


Por estos días, la visión más simplista que prevalece es que la peste no puede ser controlada dado que una mayoría de chilenos viola las cuarentenas para salir a ganarse el alimento diario, situación que llevó al Gobierno a entregar una variedad de bonos, los que, por ser tan condicionados, no alcanzan a cubrir las urgencias de todos. Un tercio de la clase media no ha recibido ayuda alguna.


De un lado, un tren con su carga de virus, y del otro, un convoy con millones de habitantes sin obtener un solo peso. El choque, inevitablemente, tenía que producirse y ha terminado de la peor manera, con un controvertido tercer retiro desde las AFP’s tomándose el escenario político, como si de eso dependiese la reversión automática del 2,3 millones de nuevos pobres, increíblemente con una mayoría de ellos que ni siquiera cotizan.


Al igual que para el primero y para el segundo, el Presidente –en razón de sus intereses- defiende el patrimonio de las administradoras, y la oposición aspira a extinguirlas en breve.


Inauditamente, una situación muy grave de índole sanitario/económico fue transformada en un segundo intento de 18/O, al que convocó el PC con sus guerrillas urbanas, las que, como nunca antes, quisieron llegar hasta la residencia del Mandatario, y ello “en protesta” por haber recurrido al TC por un tercer retiro de fondos de pensiones. ¿Puede sólo eso atenuar definitivamente las demandas de millones de personas afectadas por el virus? Tal falaz argumento es comprobable con datos muy aclaratorios: de entre quienes sacaron sus ahorros en dos oportunidades, seis de cada diez lo hicieron para reasignar sus recursos en fondos de inversiones más rentables. Sólo cuatro de diez ocuparon esos dineros en gastos demandados por el hogar.


Jamás se debió llegar a esta instancia, y ello debió advertirlo el Presidente que quedó metido en una habitación sin puertas, porque cualquiera sea el desenlace, su imagen quedó más resentida de lo que ya estaba.


La suprema emergencia que vive Chile no es comparable con el peor de los desastres naturales que ha enfrentado en su historia, y frente a ello, La Moneda debió enfrentarla con la autoridad que la ocasión ameritaba. No obstante, casi todas las decisiones asumidas estuvieron antecedidas por un cálculo político, por ese estúpido afán de, siempre, “ir al empate” o de mirarle primero la cara al adversario ideológico, y ello tanto en el ámbito sanitario como en el económico.


Frente a la magnitud del problema, al Fisco no le quedaba otra que endeudarse sin pensar en los bajos niveles con que le dejará la caja fiscal a sus sucesores, una excusa poco creíble. Dicho déficit hubiese sido menor de haber asumido el Gobierno, oportuna y valientemente, las medidas respecto al control del virus.


No es fácil de entender que en menos de un año se hayan dado 400 millones de permisos temporales y 7 millones de salvoconductos por parte de la Comisaría Virtual, inexcusable permisividad que no es atribuible a Carabineros, sino a la autoridad civil.

Es difícil comprender que durante todo el 2020 se hayan registrado 1.270 detenciones por transgredir las restricciones sanitarias, cifra casi idéntica al número de arrestados en un solo mes en este 2021.


El que en una sola comuna, Lo Prado, la cuarentena haya logrado reducir apenas en un 11,1% la movilidad, es la expresión más brutal del fracaso del sistema de fiscalizaciones. Errores en las tomas de decisiones ha habido, y muchos, y ello ha profundizado la crisis emocional de la población y, obviamente, ha agitado las críticas. Nadie, con un dedo de frente, puede suponer que escolares básicos estarán de madrugada haciendo deportes en las calles antes de iniciar sus clases virtuales.

Es esa política de cedo y quito, de recojo y repongo, siempre ceñida a un cálculo de intereses no generales, la que inevitablemente obligará al Gobierno, más temprano que tarde, a engrosar su endeudamiento fiscal mucho más allá de su cuidadosa cautela.


Éste era, y es, el gran debate, y no el ‘pinganilleo’ originado por un tercer retiro desde los fondos de pensiones, porque ése es dinero propiedad de los ahorrantes, y son ellos los únicos que pueden decidir sobre su destino. No son éstos, tiempos apropiados para, piadosamente, atribuirse el rol protector de los ahorros de unos pocos, sino ir directamente a saciar el hambre de millones, cueste lo que cueste, duela lo que duela.


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