FEMINISMO Y MUJERISMO


VOXPRESS.CL.- Así como el proverbio reza que “los árboles no dejan ver el bosque”, en el caso del primer gabinete ministerial de Gabriel Boric, habría que aplicar el dicho que “la chochería de abuela no deja ver la diferencia entre feminismo y mujerismo”.


El futuro Presidente había anunciado que su debutante equipo de Secretari@s de Estado iba a ser paritario, esto es, igual número de damas y varones, no obstante la balanza dejó a ellas con una superioridad de cuatro.

En la conformación del elenco ministerial, el Mandatario electo se rigió por su acendrado apego al sexismo, mezclando indiscriminadamente el feminismo con el mujerismo, conceptos muy disímiles.


El primero es sostenido por una gran e histórica reivindicación de igualdad y el segundo es una moda relacionada con los discutibles derechos de la mujer sobre su propio cuerpo.


Es tremendamente valedero que en aras de la igualdad, sea una mujer la que ocupe, en un hecho sin precedentes, la cartera de Interior, pero es tan lamentable como inentendible que una médico de profesión esté a cargo del ministerio de Minería, un gigantesco sector clave para la economía nacional.


Igualmente fuera de lógica parece el nombramiento de una lesbiana en Deporte, porque su realidad no obedece a los derechos de la mujer, sino a las demandas específicas inherentes al mundo homosexual, lo que corresponde a otro ámbito. Para peor, dicha ministra está denunciada por maltrato laboral.


La Real Academia Española de la Lengua es muy clara al definir el feminismo como “una dantes doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidades y derechos antes reservados exclusivamente a los hombres”. Tan certera descripción es, en definitiva, la meta que desde comienzos del siglo XX se propusieron las mujeres del mundo: en igualdad de cerebros, igualdad de oportunidades.


Si hay algo que la vertiginosa ciencia no ha podido descubrir es la existencia de un cerebro masculino y de otro femenino, de tal modo que en cualquier equipo mixto, como éste, sólo importan las capacidades individuales.


Desde esta perspectiva, no hay mayores reproches a la decisión presidencial sin precedentes, a excepción, es claro, de polémicos y arriesgados errores en las motivaciones de algunos nombramientos, en los cuales prevaleció, simple y puramente, el mujerismo.


Una de las fundadoras de la Asociación Internacional de Mujeres expresa que una de las miradas de este fenómeno dice relación con que las mujeres siempre tendrán menos poder: “al no poseer fuerza propia, siempre estamos necesitadas de ayuda”.


No es lo mismo ser feminista que ser mujerista, escribe Lydia Cacho, periodista y escritora mexicana, conocida por su activismo como crítica de los abusos en contra de las mujeres en el mundo. Distingue que "mientras las feministas entienden la paridad como la base de la igualdad, las mujeristas intentan homogeneizar a todas para exigir solidaridad".


Finalmente, coincide con muchos otros analistas en cuanto a que las definiciones de mujerismo no reivindican la lucha histórica del feminismo por la igualdad y contra la violencia.


Este enfoque permite concluir que la luchadora callejera Antonia Orellana no tendrá gran incidencia, ni importancia, en el Comité Político de La Moneda, al cual fue incorporado su ministerio, el de la Mujer, en reemplazo del de Desarrollo Social.

No corresponde a su ámbito la reforma judicial que permita, de una vez, garantizar la protección femenina frente a las agresiones y posteriores crímenes por parte de sus ex parejas. Como tampoco es de su injerencia el terminar con el no pago de pensiones alimenticias a los hijos abandonados.


Lo de Antonia Orellana, la más joven del gabinete, fue una consecuencia política para evitar que una PPD, a cargo de Desarrollo Social, estuviese en la exclusiva órbita del Comité Político. Hasta el menos informado es capaz de concluir que el desarrollo social es clave para cualquier gestión presidencial, y más aún en el marco de una administración que apunta directamente al corazón de la desigualdad.


En ese mismo carril de desubicación hay que situar a Maya Fernández (PS), ministra de Defensa. Siendo una reconocida bióloga y veterinaria, su nombramiento sólo encuentra explicación en motivaciones políticas, una la de no haber apoyado a su propia candidata socialista, sino a Boric, y la otra, ser la nieta de Salvador Allende, derrocado…por militares.


Muy distinto es el caso de Antonia Urrejola Noguera, la canciller, que fue escogida por su gran capacidad -fue presidenta de la CIDH- y por su gran honestidad, ya que pese a ser socialista, fue una líder en denunciar la fraudulenta elección presidencial en Nicaragua. El suyo es, quizás, el caso más específico de igualdad, aunque ello haya profundizado las grietas con el PC.


El PS tiene cuatro ministerios y el PC, eje del Apruebo/Dignidad, tres.

Además de los mujerismos de Antonia Orellana y de Maya Fernández, el de la doctora Marcela Hernando es otro típico ejemplo de ello, porque cuesta hacerse a la idea de que el Partido Radical, en el cuoteo de última hora, carecía, o carece, de alguna Ingeniero en Minas entre sus filas.


Son, todos, reflejos de la diferencia sustancial entre un feminismo muy válido y un mujerismo sin fondo ni contenidos. Ambos espectros, gusten o no, se dan en este inédito gabinete ministerial, cuyo alto número de mujeres no deja ver el bosque.