UN TERRORISTA FRENTE AL ESPEJO


VOXPRESS.CL.- Tan antigua como la mala política es la injuria, un mal recurso en que sus autores se apoyan demasiado seguido para atacar a un adversario. Hugo Gutiérrez, diputado comunista, al margen de su facilidad para dormir durante el desarrollo de las sesiones de la Cámara, le ha dado un sello muy particular al ejercicio de su rol parlamentario: es un paladín de la mala fe. Le hizo la vida imposible al senador por su mismo territorio, Fulvio Rossi, desacreditándolo hasta que a éste le costó la reelección. Le instruyó a niños iquiqueños a que dibujaran como muerto al Presidente de la República.


Hace poco violó las restricciones sanitarias, y personal de la Armada, que lo fiscalizó, no le cursó infracción ni a él ni al resto de su familia por no respetar la cuarentena y por el no uso de mascarillas. Pero su condición de odioso y vengativo fue más fuerte, y en uno de los videos propagandísticos que suele grabar, barrió con la historia y tradición de la Marina, calificándola de "terrorista" y "genocida". Parece sentirse muy fortalecido para ofender, luego de que el mismísimo Tribunal Constitucional no considerase como delito el que haya incitado a la muerte del Mandatario.


No muy consciente de lo que una injuria significa, porque lo estudió en la escuela de Derecho de la Universidad de Concepción, Gutiérrez dice estar amparado por el fuero parlamentario y en el muy peculiar concepto que él tiene de la libertad de expresión. Pero ésta, jamás, en ninguna de sus acepciones admite la calumnia y el insulto.

La injuria es “un insulto que ofende a otro porque atenta contra su dignidad y honor”. Según el escritor italiano Alessandro Manzoni, paradojalmente este tipo de ofensa “tiene una gran ventaja sobre el razonamiento: la de ser admitida, sin pruebas, por el pueblo”.


La Constitución de la República establece que "los diputados y senadores sólo son inviolables por las opiniones que manifiesten y los votos que emitan en el desempeño de sus cargos, en sesiones de sala o de comisión", lo que no ha ocurrido en todos los conflictos en que Gutiérrez se ha involucrado por su lengua venenosa. Sus expresiones las ha vertido sólo como militante comunista, y, cobardemente, escudándose en su condición de legislador. Luego de que el TC, testaferro de la constitucionalidad, lo exculpara por instar a la maldad a menores de edad, es muy incierto el éxito de una querella anunciada en su contra por la Armada. Lo más probable, y casi seguro, es que su caso llegue sólo hasta la Comisión de Ética de la Cámara, tras el anuncio de RN y la UDI que recurrieron a dicha instancia para que se pronuncie.

El diputado calificó a la Armada de “asociación ilícita terrorista y genocida”, tras referirse a la detención del cabo de esa institución que fue detenido en medio de una turba en las cercanías de la iglesia de Carabineros, poco antes que el templo fuera incendiado. El funcionario involucrado en las acciones vandálicas fue dado de baja por su ex institución.

En una transmisión del programa “Barba Roja”, de su equipo de Comunicaciones, el parlamentario expresó que “descubrieron a un agente de la Armada, así que imagínate qué más feliz soy yo. Yo siempre que digo las verdades sobre este grupo de genocidas que se llama a la Armada chilena, que de chilena no tiene nada. Debería ser la Armada de Vitacura, porque no tienen nada de chilenos. Ésos son, de verdad, unos antipatriotas, nos han vendido miserablemente a lo largo de la historia, siempre, y han matado al pueblo a punta de cañonazos”.

Para Gutiérrez, “esa Armada es una asociación ilícita terrorista que, en algún momento, habría que disolverlos porque de verdad, yo creo que esta Armada ha matado más chilenos y chilenas que en las guerras que les ha tocado enfrentar. Así que feliz, también, de que hayan descubierto a un agente encubierto de la Armada, ahí metido entre los supuestos activistas de los jóvenes que estaban luchando, ahí en la primera línea”.

El Ministerio de Defensa rechazó “en los términos más categóricos” las ofensivas expresiones vertidas por Gutiérrez, pero la cartera encabezada por Mario Desbordes, no realizó gesto alguno de solidaridad hacia la Armada, ya que el ministro estaba dedicado ciento por ciento al Apruebo; finalmente, se limitó a presentar “en conjunto” con la institución injuriada apenas una “denuncia” ante la Fiscalía Nacional.

Si algo de utilidad tuvo la salida de madre de Hugo Gutiérrez es que las Fuerzas Armadas y Carabineros, más que nunca, deben adoptar las precauciones más exigentes para impedir y limpiar a sus instituciones de las infiltraciones extremistas, tal como ocurrió durante la Unidad Popular. Hay cifras inquietantes de poquísimos interesados en ingresar a estas instituciones y es dramático el descenso por el servicio militar voluntario –un 50% menos que el 2019 -, de tal modo que los llenados de cupos constituyen un peligro para su propia seguridad interna y para la del país.


De todo lo ocurrido, la Armada puede estar tranquila, porque ella y Chile saben la función que desempeñan y el rigor profesional del que hace gala. Lo preocupante es la indecencia a que ha llegado el país, al tener como legisladores a individuos de tan baja calaña y atomizado cerebro, dándose el gusto de injuriar, escudándose en el amplio, pero perforado, paraguas del fuero parlamentario.


Ello, es claro, al margen de que el ofensor integra una banda terrorista y genocida que, históricamente, carga con millones de muertos en diferentes lugares del mundo.

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