¿POR QUÉ NO TE CALLAS?



VOXPRESS.CL.- La expresión quedó grabada en la historia. El “¿por qué no te callas?” se lo gritó el entonces rey de España, Juan Carlos –hoy, autoexiliado en el mundo árabe- al, también entonces, dictadorcillo venezolano Hugo Chávez, en el marco de una Cumbre Iberoamericana. Cansado, y no sólo él, por las inconsistentes palabras del lenguaraz y fallecido fundador del ‘chavismo’, el renunciado monarca no se aguantó y lo instó a guardar silencio.


Lo mismo habría que decirle, pero por estos lados, al Fiscal Nacional, Jorge Abbott, quien ha hablado más de la cuenta, incluso acerca de temas que no son de su incumbencia. El jefe máximo del Ministerio Público detenta un puesto de especial sensibilidad, por estar a cargo de quienes persiguen a ciudadanos acusados de cometer delitos, y, por lo mismo, le son obligatorios el buen criterio y el tino.


Lamentablemente, desde su nombramiento, si de algo ha hecho gala Abbott es emitir juicios que dejan en evidencia su falta de objetividad, de neutralidad. Lo más peligroso de su particular ‘libertad de expresión’ es que sus temerarios e irresponsables juicios instan a sus dependientes a sentirse con el derecho a no ceñirse a la veracidad de los hechos investigados o, lo que es peor, a darles un enfoque parcial, y hasta malévolos, acaso los acusados no corresponden a sus intereses ideológicos.


Abbott, y no puede ni debe olvidarlo, inició su gestión cuestionado por su comprometida designación para sustituir a Sabas Chahuán: además de ser afín a la entonces Presidenta socialista Michelle Bachelet, tuvo una reunión privada con el senador Guido Girardi (PPD) y en la que estuvo presente un influyente lobista del Poder Judicial, conocido como “Pingüino”. Tras ser oficializado como titular de la Fiscalía Nacional, su primera declaración, más que decidora, fue que “mi primera labor será poner fin lo más breve posible a los juicios por financiamiento ilegal de la política”.


En esa misma fecha, un número considerable de políticos estaban enjuiciados por recibir asistencia económica irregular para sus campañas, entre ellos, varios ‘peces gordos’ de la izquierda oficialista, incluso ministros de Estado.


Acusado de persecutor pero no de los delincuentes, sino de algunos de sus fiscales que no coinciden con su posición, se dio a la tarea de acosarlos para sacarlos del ministerio. Particularmente dañino para él fue una larga pugna con el fiscal regional de O’Higgins, Emiliano Arias, quien tuvo el valor de llevar su caso a la Corte Suprema, la que falló en su favor. Otro que no fuera Abbott, hubiera renunciado inmediatamente, al serle declarados nulos todos sus argumentos ‘legales’ que presentó ante el máximo tribunal. Con una frivolidad asombrosa, declaró que la sentencia adversa no la consideraba una derrota y, es más, hasta trasladó a Santiago, cerca suyo, al fiscal rancagüino que discurrió el montaje en contra de Arias.


Como una forma de atenuar sus constantes exabruptos, cercanos suyos del Ministerio Público aseguran que sufre de las consecuencias naturales por una intervención quirúrgica a que fue sometido durante horas, en una clínica viñamarina, a raíz de un infarto consecuencia de diversas fallas cardíacas. Ello, sin embargo, no es un obstáculo para que, al menos, sea más cauto.


Jorge Abbot se ha contagiado del ambiente del ‘todo vale’ que impera por estos días en el escenario político local, donde desaparecieron el orden y la autoridad, con la pérdida total del respeto hacia la función presidencial. Así como nunca antes se había observado a un Contralor General de la República asumiendo un rol de poderío político, tampoco, desde que se creó el cargo, se había escuchado a un Fiscal Nacional pronunciarse sobre lo que se le dé gana, según él, “diciendo lo que pienso”, pero no pensando lo que dice.


Semanas atrás se unió al coro de la oposición de izquierda, al afirmar que “en la sociedad chilena no hay igualdad ni equidad” y más recientemente agregó que “Carabineros adolece de muchas fallas”, sellando su opinión con un comentario inaceptable: “a su gente le falta cultura”…


El Fiscal Nacional podría mirarse al espejo, ya que en su repartición, la mayoría de sus fiscales no aplican la igualdad ni menos la equidad.


Han llegado a ser escandalosos los roles jugados por persecutores en contra de políticos de derecha y, desde 2019, aliados con descaro con el INDH para acusar con discriminación y diligencia a funcionarios policiales.

Luego se cumplirá un año desde que sus fiscales iniciaron las indagaciones para descubrir a los extremistas autores del robo y difusión de la prueba de Historia en la última PSU, pero Ximena Chong demoró menos de 12 horas en relatar en el tribunal los horrores que vivió un joven vándalo que se fracturó un brazo, huyendo de un policía. El responsable de reprimir la violencia fue enviado en cuestión de minutos a prisión preventiva.


Dentro de poco, también se cumplirá un año desde que un fiscal suyo inició la investigación por el intento de quemar viva a una carabinera en Plaza Baquedano. No ha habido el menor progreso en dicho caso.


Si Abbott, dada sus inclinaciones ideológica, aspira a seguir influenciando a sus fiscales en contra de sectores específicos de la sociedad, nadie se lo puede impedir por muy anti ético que sea, pero lo menos que se le puede exigir es que, por lo delicado de su cargo, cuide su lenguaje y no le revele a la población que no es neutral, siendo parte determinante en la función de la justicia penal.

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