NEGROS AVISOS PARA EL APRUEBO





















VOXPRESS-CL.- Aunque están entre amarillas y rojas todas las alarmas de que podrían ascender bruscamente las curvas de la peste a raíz del desborde total de la movilidad social, al menos en los sectores de la politiquería casi no se habla del plebiscito, sino de la asamblea constituyente que lo seguirá.


Pese a que, perfectamente, para el 25 de octubre la situación sanitaria haga imposible la realización del referéndum, este posible obstáculo es obviado por quienes sólo apuntan, a como dé lugar, a una nueva Constitución, lo que implica que será clave la composición humana de la asamblea encargada de llenar las hojas en blanco que esperan.


Para dichos efectos se enfrentarán en las urnas el 2021 quienes siguen fieles a la actual institucionalidad y a su respectivo modelo socioeconómico contra los que aspiran a eliminarlo y sustituirlo por el típico estereotipo socialista del totalitarismo, con un Estado macizo y dominante a cargo de todo, incluso de la vida de los ciudadanos.


Será, entonces, ‘el pueblo’ el que decidirá quiénes redactaran el texto mayor que regirá los destinos del país. Al respecto, es oportuno recordar que fue ese mismo ‘pueblo’, pero venezolano, el que escogió a un puñado de asambleístas para reemplazar al Congreso Nacional de su país, quienes hoy cierran los ojos –y hasta aplauden, imaginamos- las violaciones a los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad cometidos por la cúpula chavista que encabeza el dictador socialista Nicolás Maduro.


Por primera vez desde que la oposición demócrata venezolana denuncia reiteradamente los ultrajes a quienes disienten del régimen socialista, los inspectores de la ONU se animaron a revelar la realidad tal cual es, anunciando que demandarán a la oprobiosa dictadura madurista ante la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad.

El chavismo acomodó una nueva Constitución con todas las trampas indispensables para hacer creer a los ciudadanos venezolanos que, primero, con Hugo Chávez y, luego, con sus sucesores, constituirían el pueblo más floreciente en lo social y económico: hace cuestión de días, la dictadura suspendió el suministro de combustible para uso de los hogares.

Venezuela es el país con mayor reserva de petróleo del mundo, pero sus autoridades reducen al mínimo su distribución, se la recortan o, simplemente, se la niegan a sus ciudadanos.


Esta brutal realidad que vive el otrora país más rutilante de Latinoamérica, derivará en que, una vez superada la peste en el mundo, sus habitantes huirán en masa desde las garras socialistas. Está previsto que uno de los destinos preferidos de esa oleada migratoria futura sea Chile.


Los venezolanos ven en nuestro país la democracia que conocieron y vivieron, y parecen ignorar el peligro tremendo que éste corre de ganar el Apruebo en el plebiscito. 18 compatriotas suyos, que llegaron clandestinamente a Chile para ‘combatir’ en el Golpe del 18/O están en trámite de deportación y la izquierda local los defiende, porque “aún no han sido condenados”: el solo hecho de su permanencia ilegal es suficiente para expulsarlos. Otros 33 aguardan igual destino para el próximo mes.


El capricho ideológico del plebiscito –facilitado y apoyado por un Presidente que, en su momento, fue electo por la centroderecha- y el consiguiente Apruebo, materializarán uno de los más asombrosos contrasentidos en la historia presidencial del país. Si todo se da como la izquierda impuso en el ficticio Acuerdo de Paz, recién una nueva Constitución entrará en vigencia dentro de dos años, ello por los tiempos fijados para elegir a los asambleístas y para su redacción; sin embargo, mucho antes de que ello se produzca ya habrá sido electo otro Jefe de Estado (noviembre de 2021), que asumirá en marzo del 2022, todo en el marco de la actual Constitución. Aún más, el Mandatario entrante tendrá que jurar ante ella.

El sucesor, ya en pleno ejercicio, deberá subirse a otro caballo que, quizás, no sea de su agrado, en el evento de que se mantenga la centroderecha en La Moneda. Mirado fríamente a la distancia, esto es, simplemente, una ridiculez sin límites, pero política y administrativamente para la nación podrá resultar un caos indescriptible.


El punto de inflexión es que quienes están detrás del Apruebo exclusivamente apuntan al objetivo y no reparan en las cojeras y en los nocivos efectos de una Carta Magna impuesta a la fuerza, instrumentalizando la ignorancia y la desinformación de la ciudadanía. La oposición y el extremismo se aferran al único carril que les puede reportar la recuperación del poder, porque saben, mejor que nadie, que por la vía de las elecciones, ello no lo conseguirán. La mismísima y dura senadora Isabel Allende (PS) aseguró categóricamente que “de seguir como estamos, cada uno por su lado, los resultados electorales de la izquierda serán desastrosos”. Ésa es la causa de apostar todas sus fichas al Apruebo, con la absoluta conciencia de que dicha opción es un atajo para mitigar ese temible desastre en las urnas el 2021.


El Consejo para los Derechos Humanos de la ONU, sus propios observadores, la emigración masiva de sus habitantes y la ratificación indesmentible de la lúgubre mano del dictador Maduro en el Golpe del 18/O, son avisos muy potentes acerca de lo que nos espera acaso llegamos a ser una segunda Venezuela, que es el paraíso ofrecido por el Apruebo.