MENTIRAS DE EXPORTACIÓN


VOXPRESS.CL.- Hace poco más de un año, prácticamente todo el resto del mundo fue profusamente informado acerca de que un supuesto “estallido social” estuvo a punto de provocar la renuncia del Presidente de la República y que, en un hecho histórico, Chile se había transformado en el primer país que, atacado por terroristas, resultó con su ferrocarril urbano quemado, dejando sin su transporte diario a 4 millones de trabajadores.


Poco después, el mundo también fue profusamente informado del triunfo político del dictador venezolano, al conseguir que una asamblea constituyente se instale en otro país para hacer una nueva Constitución popular.


Por último, también fueron profusamente difundidas en el resto del mundo las cotidianas y vandálicas acciones aniquiladoras de las hordas extremistas dirigidas por infiltrados paramilitares revolucionarios chavistas.

En el resto del mundo también se dio a conocer en su integridad el discurso del dictador socialista venezolano, quien hizo ostentación del triunfo del Foro de Sao Paulo, realizado en Caracas, anunciando que “al caer el neoliberalismo en Chile, caerá en el resto de Latinoamérica”.


Todos estos antecedentes enumerados, se hallan con gran amplitud en textos, fotos, documentales y entrevistas, de tal modo que nadie con su temperatura corporal en su nivel normal puede creer que narrando falsedades, el Gobierno trastocará su vulnerabilidad y sumisión política por un repentino amor por la ayuda social.


Hay que tener fuerzas para contenerse de no calificar como se merece el encargo del Presidente a la Cancillería de “aconsejar” a sus respectivas embajadas los contenidos para una insólita e impudorosa conmemoración de una feroz golpiza de la izquierda.


Mal habituado a acumular los perores record de que puede hacer gala un país, solemnemente el Gobierno celebró la fecha en que se marcó, precisamente, su final.

Para mayor trascendencia internacional de tan fatídico acontecimiento, se le pidió a la Cancillería que transmitiera a sus embajadas que “el país ha recuperado su plena autoridad”. Sin siquiera considerar el argumento más sostenible de todos, que ninguna nación se salva de alteraciones a causa de la peste, se envió al extranjero un vil engaño, que menosprecia y subestima a la población local, testigo privilegiada de todo lo peor que ha vivido en un año.


Es casi un infantilismo contarle al mundo que se ha “recuperado la normalidad”, siendo que el mayor clamor de la comunidad es la perpetuación de la violencia y la imposibilidad de vivir en paz. Vecinos y comercio de Plaza Baquedano debieron blindar sus propiedades y las estaciones del Metro fueron reforzadas con planchas antifuego y antibalas, y protegidas por 40 mil policías. ¿Quién puede llamarle normalidad a ello? Una horda, durante horas, atacó a balazos una comisaría en Peñalolén, mientras en Puente Alto, una patrulla militar debió huir en su camión por estarle prohibido el uso de sus armas para defenderse de un acoso violento. ¿Es normal que nadie proteja donde se hallan las cenizas del soldado desconocido de la Guerra del Pacífico y que se deje pintarrajear el monumento?


Nadie en el mundo entenderá como normalidad el saqueo, el asalto y el incendio de dos templos religiosos.

No se consigna estadísticamente el número de habitantes y, especialmente, comerciantes y mini empresarios que no han podido recuperar su “normalidad”, luego de que sus propiedades fuesen saqueadas. Tampoco parece algo habitual que innumerables hipermercados de populosos barrios continúen cerrados y sin abastecer a los vecinos.


De la sola lectura del falaz documento de exportación, el lector irá sacando sus conclusiones en cuanto a que se presentan como aciertos y éxitos políticos sumatorias de vivencias que no fueron tales y, casi siniestramente, se elude presentar los hechos ceñidos a la realidad. En ninguna parte del texto se revela la clave de lo ocurrido: el intento de derrocamiento presidencial, ni menos se identifica a sus autores, dentro y fuera del país. Eso, es pura cobardía.


Como si fuese una alegoría a una fiesta nacional, el documento fue titulado “A un año del 18-O: el camino democrático e institucional de Chile”. Comienza diciendo que “el estallido social (no el Golpe) evolucionó hacia una crisis política, que se encauzó a través de un acuerdo… (?), a requerimiento del Presidente de la República, Sebastián Piñera… (?), alcanzado por todas las fuerzas políticas -con la sola excepción del Partido Comunista- (y del Frente Amplio, ya que el solitario firmante fue Gabriel Boric) para convocar a un plebiscito y redactar una nueva Constitución”.


Al borde de golpearse el pecho, el autor del documento escribe que “no hay duda de que en el estallido social influyeron factores tales como la mala distribución del ingreso, las bajas pensiones y las deficiencias del sistema de salud pública”. Como excusa a la incapacidad de imponer la autoridad del Gobierno, el texto justifica que “incluso, los países de trayectoria exitosa no son inmunes a la protesta social. Sin ir más lejos, la ‘Primavera Árabe’ tuvo su origen en Túnez, el país de más alto desarrollo del Norte de África”.


Con un vocabulario probablemente copiado al añoso discurso de la izquierda, el instructivo termina aclarando que “el Gobierno de Chile está promoviendo una sociedad más integrada, con plena incorporación de sus sectores más vulnerables y pueblos originarios; impulsa una economía más inclusiva, con menores desigualdades y mayor equidad en las oportunidades”.


En el texto no pareció haber espacio para explicarle al mundo hechos tan veraces, como que el extremismo puso de rodillas al Presidente, quien, a su vez, también dejó sin facultades a Carabineros, la única institución habilitada constitucionalmente para combatirlo. Sobre un mal que afecta a todo el mundo, el terrorismo, cero alusión, con lo cual el Gobierno da por entendido que lo que ocurre en La Araucanía es absolutamente normal.


El primer gran desacierto presidencial fue ‘celebrar’ una tremenda golpiza de la izquierda y su respectiva lección política, y el segundo es haber instruido que la Cancillería fuese el conducto hacia el exterior de tanta falsedad. Este documento jamás debió escribirse y jamás debió enviarse.

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